A pesar que los días escolares pudimos concretar encuentros, aprovechamos que el fin de semana estaba con mi mamá y no salimos de la cama ni un minuto. Ella entendía el tipo de relación que teníamos y no molestó para nada, se la pasó con su novio, a quien me había cruzado pocas veces y esperaba que siguiera así porque no quería establecer confianza tan pronto, diferente a cómo mamá se confió de Franco, a tal punto que se fuera de la casa en los momentos que bajábamos, para tener la soledad de hacerlo hasta en la cocina. Era divertido estar con él también, nos reíamos, jugábamos, no era el profesor Franco Clark y ni siquiera era el Franco que me había acostumbrado ver en el colegio, el que tenía en la intimidad era el Franco rebelde, inmaduro y relajado que tenía veintidós años y los disfr

