Por las siguientes semanas, la mirada de Clark fue una tortura, la sentía todo el tiempo y en todos lados dentro del colegio, como si me buscara a propósito solo para mirarme con la indiferencia que era obvia que debía darme. Nada mejoraba para mí, cada vez que le correspondía mirándolo, me moría de ganas por revertir mis palabras y aceptar lo que sea que pudiera darme con tal de tenerlo cerca, pero al mismo tiempo sabía que eso no sería justo para ninguno, él podía continuar con su vida y yo con la mía, el capricho se suponía que ya estaba saciado. Sin embargo, por más que quisiera creerme que no era para tanto lo que había pasado entre nosotros, era una estúpida mentira porque ni siquiera podía hablar con otro chico sin sentirme culpable, a Esteban lo descarté sin darle mucha trascenden

