Por toda la semana siguiente, el profesor Clark usó el armario de las aulas como nunca antes y no precisamente para guardar cosas. Era el primero en buscarme y pedirme encontrarnos en la soledad de los lugares ocultos que proveía el colegio, lo que no me molestaba porque me divertía hacerle ver la igualdad de desesperación que tenía conmigo, además sacaba un beneficio extra y era que no sólo teníamos continuidad en la intimidad, seguía siendo él quien jugaba a negar lo que se le dificultaba a dos centímetros de mi boca. —Mia. —llamó Franco y me di la vuelta para verlo acercarse en la moto con el ceño fruncido por verme en la calle en horario escolar. — ¿qué pasó, no tenés clases? —Ah hola, nos dejaron salir antes porque no vino Cortez ¿vos, ya salís? —Sí, ¿llamaron a tu papá para autori

