Al llegar el fin de semana, el profe Clark había cumplido su objetivo de gustarle a la menor cantidad de chicas posibles, se comportaba de manera indiferente, malhumorado y desabrido, ni siquiera dejaba hablar en clase a menos que fuera de matemáticas, y durante los recreos evadía a cualquiera que se le acercara, si le decían algo inapropiado enviaba más ejercicios y si molestaban en clase, muchos más. En definitiva, en la primera semana perdió ese encanto que tenía sobre todas, aunque pocas se dieron por vencido.
El viernes a la mañana me levanté exhausta por haber estado hasta tarde intentando hacer los ejercicios, junto a Vicky en el teléfono intentamos deducir cómo proceder con los más difíciles pero a ella se le hacía igual de tedioso, por lo que quedamos en dividirlos y hacer la mitad cada una, así a la mañana temprano encontrarnos en el colegio y pasárnoslos antes del horario de entrada.
Olga, nuestra empleada, nos preparó el desayuno y cuando bajé para compartir el momento con papá, él estaba con sus papeles y anotadores como siempre, quise darle conversación para saber cómo iba, pero apenas si me notaba y comencé a frustrarme.
— ¿Papá podés dejarlo por un segundo? —le pedí, pareció no escucharme así que elevé la voz. — ¡Papá! —bufé y me miró alerta. —Dejalo por un segundo, desayunemos por favor.
—Bueno amor, un segundo más. —me dijo y volvió la vista a sus papeles, suspiré frustrada y tomé mi café aguantándome las ganas de reprochar por su trabajo, entendía que le correspondía pero me gustaba desayunar y hablar con él, al menos un momento en el día quería que nos lo dedicáramos.
—Cuando salgo del colegio me voy a la casa de mamá, vuelvo el domingo a la tarde. —le dije en voz alta para que me escuchara. Me miró y agarró su tasa sin dejar la lapicera para sus anotaciones de palabras raras en su agenda.
—Pero este fin de semana no te toca con tu mamá.
—Sí, este sí.
—Ah, bueno, ¿y cuándo volvés?
—El domingo a la tarde te dije. —rodé los ojos, él asintió y anotó algo más. —voy a intentar que me traigan los chicos, ¿si no, podés ir a buscarme? No quiero tomar colectivo.
—Sí, hacemelo saber. —dijo para seguir con sus ediciones.
Franco llegó al colegio en su moto igual de temprano que todos los días, antes que comenzaran las clases, Vicky llegó a mi par y no pude acercarme ni a ver si volvía a salir a fumar porque nos pusimos a pasarnos los ejercicios que nos faltaban a cada una.
— ¿Quién hizo los ejercicios?, no me hagan perder el tiempo. —dijo apenas entró haciendo que todos se callaran. Me causaba gracia que lo lograra tan pronto, la mayoría de las chicas aguantaban su malhumor y su imagen de indiferencia sólo porque era lindo, pero a nadie le agradaba realmente su exigencia. Levanté mi mano entre algunas personas, y él captó mi atención de inmediato. —Hacé el primero en la pizarrón, Mia.
Asentí y me levanté con mi hoja para escribirlo. Por primera vez estuve cerca de su cuerpo como quería, estaba apoyado en el escritorio mientras yo intentaba escribir en el primer espacio del pizarrón más cerca de él, sabía que me miraba, al menos lo que hacía y asumía que cualquier chica estaría odiando no haber hecho los ejercicios. Sonreí para mí y cuando terminé se acercó para revisarlo, en dos segundos lo corrigió.
—Muy bien. —dijo y me fui a sentar orgullosa de tener su aprobación en lo que nos respectaba, matemática.
El resto de la clase se basó en algunas correcciones y en un sermón que dio después que, de los treinta y dos alumnos que éramos, sólo doce hicieran los ejercicios, eso fue un punto menos para que las chicas lo miraran de otra manera y a él parecía sentarle mejor. Mis amigas estaban insoportables con Franco, tenían un amor/odio porque no dejaban de comentar sobre su mala onda, aunque nada afectaba que lo consideraran hermoso y siguieran excitadas por él.
Antes de que tocara el timbre pasó por los bancos de las personas que lo habían hecho para escribir sus hojas y cuando llegó a mí, me escarchó un diez firmándolo, lo que me hizo sentir orgullosa de llevarle el primero a papá.
Mi mamá vivía en la ciudad siguiente de donde yo vivía con mi papá, me gustaba tener esa distancia porque era como otro mundo, desde la clase social hasta los boliches para bailar, estos eran mucho mejores y podía hacer cualquier cosa que a mamá no le iba a importar, incluso llegar borracha y que ella me sostuviera el pelo para vomitar, completamente diferente a cómo eran las cosas con papá.
Ella estaba durmiendo cuando llegué a su casa, así que dejé mi bolso en mi pieza y salí a la casa de al lado, donde vivía Gala, una de mis mejores amigas de la infancia.
—Hoy vamos a Cobain. —me dijo, yo asentí pensando en ese club. Su nombre era en conmemoración a Kurt Cobain y no sólo pasaban su música, si no que variaban los estilos toda la noche, además estaba cerca y Fede, el hermano de ella, nos podía llevar y buscar en auto. — ¿cómo fue la semana?
—Bien, ah no te conté. —me puse de costado para hacerlo más interesante al mirarla. —Tengo un profesor nuevo, de veintidós años y es hermoso, están todas locas con él pero yo no quiero arruinarlo, aparte hablamos y es buena onda conmigo, me defendió de Tomás y explicó un tema sólo para mí, yo le había dicho que no entendía Pitágoras y tomó quince minutos de la clase sólo para explicármelo ¡A mí!
— ¿Pero vale la pena?
—Sí, mucho. —me mordí el labio y ella se rió. —pero no voy a hacer nada, es un profesor y aunque esté más bueno que comer helado es re mala onda e indiferente, lo hace a propósito, pero eso ya dice todo.
—Bueno entonces podés presentármelo a mí.
—Ni loca, olvidate.
— ¿Y Tom? —preguntó y yo suspiré frustrada enseguida lo recordé, encendí el teléfono y busqué su chat en w******p. — ¿Ya te acostaste con él?
—No y no quiero…
— ¡Ay Mia tenés que acostarte con alguien!
—Pero no quiero ya, es insoportable, mirá. —le pasé mi celular y ella leyó, empezó a reírse de todas las cosas que me había enviado y yo no contesté. Era demasiado lo que molestaba para vernos y no lo aguantaba más, me hartó.
—Qué pesado, ¿y cómo te defendió tu profe?
—Lo mandó a detención, pero ya lo tiene de punto. —me mordí el labio al recordar ese momento y el exacto cuando me pidió que no me dejara tratar de esa forma por él. —es tan lindo.
—No creo que te convenga accionar con el profesor, no ahora con Tom así.
—Igual no voy a hacer nada, quiero aprobar este año porque es el último y papá quiere si o si que vaya para allá, y él no está para nada interesado en ninguna alumna, es lo más amargado y malhumorado que pueda existir, en serio.
—Uh…
—Sí uh. —bufé.