Tomé mi primer trago y automáticamente sentí el alcohol recorrer mi cuerpo en un escalofrío, Gala me pasó otro y lo tomé tan rápido que tuve que cerrar los ojos para estabilizarme. No me gustaba pasarme más de lo debido porque mi guarda nunca bajaba en un lugar donde los vulnerables eran presa fácil, con un poco para recargarme de valentía era suficiente para divertirme y estar consciente, por lo que negué cuando ofreció el tercero.
— ¡Fede viene a buscarnos, así que tomá todo lo que quieras!—me dijo ella por encima de la música, asentí y sacándola de la barra, la llevé a la pista para darle inicio a la diversión.
Nuestro objetivo principal era bailar y reírnos entre nosotras, pero cuando los chicos nos sacaban a bailar y nos dispersábamos, lo único que nos poníamos como regla básica era juntarnos en un determinado horario en la entrada. Un chico se acercó a bailar conmigo y compartimos el momento por casi toda la noche, pero cuando me pidió un beso, lo evadí fingiendo que mi canción favorita comenzó a sonar y le pedí que me ayudara a subirme al parlante, donde las personas bailaban y fui ayudada desde arriba para unirme a ellos.
Me gustaba ver a todos desde esa altura y bailar con compañía que no conocía, sólo pasándola bien y dejando de lado que aún el chico que esperaba por mí abajo, quería pasar a algo más. Antes de que finalizara la canción, idealicé salir de su círculo y bailar por otro lugar, mi vista fue a la barra como referencia, pero al ubicarla me crucé con unos ojos tan conocidos que mi cuerpo vibró por dentro cuando me di cuenta que Franco Clark me estaba mirando mientras tomaba una botella de cerveza.
Mi corazón latió tan fuerte y sentí tanta adrenalina que pretendí bailar mucho mejor, y de alguna manera lo hice para él. Lo ignoré lo más que pude, pero tenía su mirada viva en mí y eso me afectaba, así que bajé sin poder escapar y cuando mi pretendiente me invitó a tomar algo, le indiqué que me iba al sector de los reservados para no acompañarlo a la barra.
Gala se besaba con alguien en los sillones y me senté en la esquina para respirar hondo y estar cerca de mi as bajo la manga por cualquier cosa, no podía salir del asombro de haber visto a Franco en el boliche y que no se inmutara al verme como yo sí lo hice, al contrario de parecerle incómodo me siguió mirando y pude identificarlo sin necesidad de corresponderle. El colegio quedaba a una hora de diferencia y que Cobain estuviese en su radar, me hacía dudar de lo malo o conveniente que podía ser.
— ¿Siempre te gustó bailar? —me preguntó el chico al sentarse a mi lado, ofreciéndome una cerveza recién abierta, la acepté porque aún el deshielo se podía ver y no creí que le pudiera poner algo.
—Sí, perdón pero ¿cómo me dijiste que te llamabas?
—Máximo y ¿tenés novio?—preguntó gritándome en el oído para que lo escuchara, pero veía su intención y por eso, me alejé un poco.
—No.
No me interesaba él ni tenía ganas de empezar mínimo coqueteo, me negaba a aguantar a alguien más queriéndome cortejar como lo hacía Tomás, con quién sufría las consecuencias por no poder hacerle entender que no quería saber más nada. Sin embargo, el chico se olvidó de su pedido de beso y me invitó a bailar para descomprimir la tensión, accedí porque las ganas de seguir no se me iban y necesitaba ocupar mi mente, aunque no volví a cruzarme con Franco y pensé que al verme, se fue para no tener problemas de confianza por ser un joven normal que salía un viernes por la noche, además de ser profesor de matemática.
Tomé un poco más de alcohol cuando sentí que era muy liviano lo que había ingerido para divertirme, pero al volver a afectarme lo dejé y marqué mi propio límite de no tomar más, sino podía terminar mal para mí y tenía que encontrar a mi amiga, a quien busqué en los sillones y no estaba, así que salí al patio trasero para tomar aire fresco y pude relajarme mejor para concentrarme en Gala.
La noche se estaba poniendo ventosa y yo tenía mínima ropa puesta, sólo un top de encaje que apenas cubría mi estomago y un mini short, la campera que tenía por encima era larga pero no abrigada y tampoco podía cerrarse. Quería irme y me encaminé al centro del patio para buscar a mi amiga evitando algunos chicos que me retenían para bailar, los ignoré hasta que mi corazón dejó de palpitar cuando en un grupo de chicos apoyados en la pared, estaba mi profesor. Enseguida conectó mirada conmigo y yo intenté pasar desapercibida fingiendo que no lo había visto.
—Hola bombón. —me dijo un chico pasando su brazo por mis hombros, pero no lo miré, seguí caminando queriendo sacar su brazo de encima con dificultad. — ¿Estás perdida, o buscas a alguien?
—Busco a mi amiga.
— ¿Querés que te ayude a buscarla?
—No hace falta, gracias.
— ¿Y cómo te llamas? Yo me llamo Manu, después de que encuentres a tu amiga, ¿querés bailar?
—No, gracias. —le dije y él sonrió reteniendo su mano sin importarle que quería sacársela de encima, me desesperé un poco y busqué a Gala con la mirada pero no la veía, así que saqué mi celular para intentar llamarla y la luz en tanta oscuridad me cegó, lo único que me iluminaba era una tenue luz en la pared de frente.
—Qué linda estás. —me dijo el chico corriendo mi pelo para atrás y poniéndose delante de mí, lo miré por un segundo y me apresuré a escribir en mi celular. — ¿no tenés frío?
—No.
— ¿Querés calor… corporal? —preguntó acercándome de las presillas de mi short, apreté mis labios y me sentí muy incómoda cuando me quise apartar, y él no me dejó.
—No… —quise sacar sus manos pero levantó ambas cejas cuando puse mis manos en su pecho para apartarlo. — ¿Me podés soltar?
—Un beso y te suelto.
Negué y corrí la mirada, la crucé nuevamente con Franco que miraba atento desde la pared con el cigarrillo en la boca e intenté zafarme del chico, dándole señal de ayuda antes de gritar si no la captaba.
—Dale… un beso solamente.
—No, soltame, por favor. —le pedí lo más paciente que logré para mantenerme calmada, pero internamente no lo estaba y su fuerza era mucho más que la mía al persuadir un tentativa de beso.
—Dale uno solo.
— ¡No, ¿no entendés que no quiero?! —me quejé y me intenté zafar cuando se aproximó a mí. — ¡Soltame o grito!
—Ay dale…
—Soltala amigo, dale. —le dijo Franco poniendo su mano en el hombro de él, para sacármelo de encima con brusquedad y lograr que se apartara tanto como yo lo hice cuando lo tuve lejos.
—Puta. —me dijo, levanté una ceja y antes de poder retrucar, Franco lo agarró de la remera haciéndolo volver y cerrando el puño se lo pegó en medio de la cara, logrando que el chico se cayera al suelo. Abrí los ojos de par en par y escuché cómo la gente se acercaba para rodearlos y así ver una pelea, sin embargo él se dio la vuelta y me empujó en dirección contraria para que caminara, sentí su mano en mi espalda baja y dirigiéndome de vuelta al club, se acercó a mi oído para hablarme.
—A la entrada. —me dijo y todo mi cuerpo vibró de un escalofrío, pero caminé siendo guiada por él desde mi espalda.