Salimos al patio delantero y aislándonos de las personas, me apoyé en una pared para respirar hondo y estabilizar el alcohol en mi cuerpo, cerré mis ojos y todo me dio vueltas, pero me bastaron unos segundos para que la resaca se atrasara y me martirizara en la mañana.
— ¿Estás bien? —escuché su voz y volví a la realidad, asentí y despacio abrí los ojos para encontrarlo, notándose preocupado por mí.
—Sí, gracias… por eso.
—No fue nada, ¿pero te sentís bien?
—Sí, sólo estoy cansada, me quiero ir a casa.
— ¿Querés que te lleve?
—Estoy esperando a mi amiga, gracias. —le dije y él asintió pero se quedó a mi lado sin moverse, una vez que pude relajarme y no tuve necesidad de vomitar, volví a la normalidad y quise indagar. — ¿Sos frecuente acá?
—No tanto, pero suelo venir. —hizo una mueca metiendo sus manos en los bolsillos antes de apoyarse a mi lado en la pared. Suavizando su postura.
—No te preocupes que no voy a decir nada, aunque nadie del colegio viene para estos lugares.
— ¿Y por qué vos si?
—Porque este fin de semana me toca con mi mamá y ella vive por acá.
—Ah, ya me imaginaba que la gente de ese colegio no vendría para acá.
—No, son clases diferentes.
El silencio que ambos hicimos no se sintió incómodo, al contrario me dio la posibilidad de mirarlo de arriba hacia debajo de manera discreta, pero pude evitar morderme el labio porque me encantaba cómo le quedaban los pantalones ajustados negros con las remera de cuello en V, las cuales permitían que se viera un poco de su tatuaje por debajo de la manga, lo que me llevaba a fantasear querer chupar cada parte de la tinta en su brazo. Al llegar al final de mi recorrido, sus ojos me atraparon evidenciando que no le molestaba mi tour visual por la intensidad que remarcaba, y su declaración fue clave para responder a mi inspección.
—Si no fueras mi alumna…
— ¿Qué? —pregunté interesada, él negó con una mínima sonrisa ladeada en esos labios carnosos que solo provocaban ganas de morderlos.
—No me mires así, porque todavía lo sos.
—Dijiste que afuera del colegio no, y menos si estamos lejos ¿no? —redoblé, me miró con un rastro de diversión y yo levanté una ceja. —vos lo dijiste.
—Sí, es verdad, pero…
—También cuenta que tomé sólo un poco demás, y vos también.
—Pero todavía sigo consciente y lo voy a estar el lunes también. —dijo y me puse de costado para enfrentarlo, lo que nos permitió estar más cerca uno del otro.
—Yo no. —musité y él agachó la mirada para ocultar el brillo de diversión que le causaba mi provocación, sin dudar levantó su mano cerca de mi cuerpo y con su dedo marcó el tatuaje que tenía en las costillas, muy al ras del corpiño, era una pluma chiquita acostada con la frase independiente que había inventado. Tragué y sentí esas caricias enloquecer todas mis hormonas por dentro.
— ¿Por qué? —preguntó remarcándolo, lo miré aunque su concentración estaba fija en intentar marcarlo sin que la campera le obstruyera la vista.
—Porque no necesito de nadie más que de mí.
Levantó ambas cejas y no quise romper el clima que habíamos creado, pero tenía muchas ganas de besarlo y su cercanía me afectaba, internamente demasiado. Las pestañas negras y largas que enmarcaban sus ojos eran largas y hermosas, sus cejas perfectamente delineadas lo ayudaban en conjunto con sus pómulos afilados a dar ese aspecto de serio y malhumorado que tanto me provocaba, me generaba un desafío que estaba dispuesta a cumplir con tal de sentir el grosor de sus labios con los míos.
—Me gusta. —murmuró y tuve la necesidad de repetírselo a él, pero no dije nada y Franco tampoco, ambos nos permitimos que llevara su mano lentamente por detrás de mi campera hasta mi espalda, lo que me volvió loca al sentir el efecto de su toque sobre mi piel y fue peor cuando me acercó un poco más a su cuerpo y elevó la mirada lentamente hasta encontrar la mía con la respuesta más que evidente, porque me gustaba esa cercanía y me gustaba mucho lo que prometía.
El calor que subió por mis piernas encendió todo en mí, mi corazón latió fuerte y me di cuenta que me mordía el labio con intento de controlarme, sin embargo los suyos parecían tener un imán que querían atraer a los míos y ninguno se resistió. No quise pensarlo mucho, así que levanté mi mano por su pecho y puse mis dedos en su mejilla para hacer que me mirara, no podía ser más hermoso, sus ojos miel brillaban con excitación y fui la primera en acceder, acercarme y besarlo.
El roce fue mínimo al principio, pero fue suficiente para que los dos necesitáramos más y despacio nos fuéramos acoplando, abrí más mi boca cuando su lengua entró a jugar sin timidez con la mía y nos acariciamos los labios de una manera mutua. Pasó su otra mano por mis costillas con más decisión y las llevó a mi espalda para agarrarme y empujarme contra la pared, nos apoyamos contra ella y pude subir ambos brazos alrededor de su cuello atrayéndolo a mí para profundizar el beso y probarnos con intensidad como si conociéramos la boca del otro desde siempre.
Besaba tan bien que el calor corporal comenzó a debilitarme, mis hormonas hacían una fiesta por dentro y esa sensación de ansiedad se instaló en mi vientre. Ninguno cedió a alejarnos, de hecho estuvimos unos minutos siendo sólo bocas, lenguas y dientes hasta que la atrevimiento fue calmándose de su parte e intentó caer en la realidad, lo cual le permití pero no cesó hasta que se tuvo que alejar y salirse de encima de mi cuerpo para marcar una diferencia.
—Mia, está mal. —dijo con la respiración acelerada y pasándose la mano por el pelo para desordenarlo más de lo que ya lo tenía, yo sonreí con la misma falta de aire, buscando calmar a mi corazón que latía desenfrenado. —no deberíamos…
— ¿Por qué?
— ¿Cómo por qué? no podemos hacer esto, sos mi…
—No, acá afuera no soy nada tuyo y menos tan lejos del colegio.
—Sí… pero está mal, yo tengo que…—lo acerqué de nuevo agarrándolo de la remera y lo callé de un beso, no quise hacerlo o al menos mi sentido común también lo creía pero eran tantas las ganas que me atreví a forjarlo, y a él no pareció importarle lo que iba a decir porque me respondió, reclamando más y mordiéndome los labios tentativamente al mismo tiempo que me pasaba las manos por la cintura y me acariciaba emanándome el calor de sus dedos contra mi piel desnuda. Estaba segura que si me movía un poquito, podía sentir lo mucho que le gustaba nuestro beso, sin embargo no quise atreverme a ponerlo incómodo porque de repente se acordó nuevamente de lo que hacíamos. —no, en serio no…está mal Mia, ¿por qué mierda…? no tenía que haber pasado. —bufó alejándose unos metros más que la primera vez para refregarse la cara y obligarse a despertarse de lo que vivía, alertándose al caer como si fuese a entrar en crisis.
—Pero pasó.
—Encima estás borracha.
—Qué exagerado, no estoy borracha por un par de vasos de alcohol.
—Sí bueno pero está mal, no tendríamos que haberlo hecho y sabés que no estuvo bien…
— ¿Ah no? —pregunté divertida cuando se dio cuenta que no quería decir precisamente eso, los sabíamos que ese beso estuvo más que bien. Me miró con advertencia. —no pasa nada, en serio que no es para tanto, nadie se va a enterar de esto.
— ¿Y cómo sé qué no?
—Podés elegir no confiar o…—me alejé de la pared y me acerqué los pocos metros que estaba alejado para entrar nuevamente en su espacio personal y conseguir que me mirara la boca. —confiar y repetir.
Le rocé con suavidad los labios y cerró los ojos brevemente para mover apenas su boca con la intención de volver a reclamar un beso, pero le duró dos segundos porque se alejó otro poco negando con la cabeza y apretando los puños para retener la frustración, lo que me hacía sonreír.
—No, va a ser mejor que no… si fuesen otras circunstancias ni lo dudaría pero de verdad que no podemos.
—Si vos decís. —me encogí de hombros y me crucé de brazos al notar que solo estaba intentando convencerse, porque yo no le veía nada de malo a jugar un poco, y al contrario de querer inflar mi ego contándole a alguien que acababa de comer riquísimo de la boca de Franco Clark, solo me lo quería guardar para mí y probarlo de nuevo, lo cual solo lograría si era inteligente.
—Sí, lo digo, así que por favor andá a tu casa ¿te pido un auto?
—Nop. —dije y jugué con desinterés al pasar por su lado rozándolo apenas para irme, pero me agarró del brazo reteniéndome, lo miré desafiante y al contrario de sentirse cohibido me enfrentó.
— Sabés que no está bien, ¿no?
— ¿Qué cosa?
—No te hagas, esto… vos y yo, no podemos.
— ¿Vos y yo, o usted y yo, profe? —me burlé soltándome y le sonreí para tranquilizarlo, haciéndole creer que no tenía nada de qué preocuparse, lo cual era un poco cierto, tampoco yo tenía las ganas de preocuparme por la ilegalidad que representaba ser profesor y alumna.
— ¿Cómo te vas a ir? —preguntó cuando hice dos pasos lejos de él, me di la vuelta apenas y le hice un gesto despreocupado.
—No te preocupes por mí, ya me salvaste.
— ¿Vas a estar bien, viniste con alguien más?
—Chau profe. —le guiñé el ojo y volví a mirar hacia adelante para caminar de nuevo hacia la entrada. Cuando estuve lejos, suspiré y me refregué los ojos para tomar noción de la realidad, pasó y fue cierto, mi profesor de matemática me dio uno de los mejores besos de mi vida.