Una vez Luther entró en la sala de reuniones pequeña que estaba en el mismo piso de la oficina de su jefe, se sorprendió al ver que eran los únicos que estaban ahí realmente. —Creí que llamarías a todo el mundo considerando todos los mensajes que me enviaste —comentó, cerrando la puerta. —Fueron tres en los que te pregunte en qué parte venías —aclaró Caden. —Sí, lo que es lo sorprendente, ya que por lo general no te tomas ese tipo de molestias. Corriendo una silla al lado del lobo alfa, Luther tomó asiento. —Tengo a mi mocoso solo en casa esperando por mí y no está feliz porque aún no haya llegado. —No es mi culpa que quisieras reunirte conmigo hoy, podríamos haber hablado de lo que sea que quieras por teléfono y así ambos estaríamos felices con nuestras parejas. —Lo habría consider

