Quería probar hasta dónde llegaría, si había perdido por completo sus miedos e iba a ser capaz de responderme. Honestamente, no era por subestimarlo, pero temía que no le agradara haber cambiado de rol tan de repente. Pero me sorprendió cuando menos lo esperé. Sus besos en mi espalda fueron tan dulces, suaves y con tanta pasión que me traía suspirando. Por un momento me convertí en un helado en pleno sol de verano. Me derretía tener toda su atención para mí y que pusiera en práctica todo lo que le hice. Alguien como él, que era tan apático y no podía siquiera tocarme las manos, era el mismo que tenía su boca y sus dedos en esa zona. Si esto no es una demostración de amor verdadero, no sé qué mierda podría ser. —Tom… — gemí su nombre cuando se hundió en mis adentros, moviéndose pausadam

