Estuvimos un rato más conversando entre los tres, luego cruzamos a la empresa y subimos directamente al piso correspondiente. Antes de dividirnos, su papá me dio las gracias y un apretón de mano. No supe qué responderle, pues en realidad, quien ha hecho todo esto posible ha sido Tom. Se veía tan sonriente y emocionado. Estoy seguro de que le ha hecho el día. Fue un momento muy conmovedor y grato el que tuvimos con su padre. Todavía me cuesta creer cómo se dieron las cosas. Cuando Tom y yo entramos a su oficina, cerré la puerta detrás de él. Aunque tomó el pulverizador pequeño que guarda en la gaveta del escritorio, se quedó mirándolo por varios segundos, hasta que optó por volverlo a guardar. —No me cansaré de decirte lo increíble que eres— crucé mis brazos alrededor de su cuello, depo

