Creo que estoy a punto de vomitar mi corazón. Sebastián está actuando extraño, sólo está ahí parado frente a mi observándome de pies a cabeza.
- ¿Tienes algo que decirme?
- Señor, lamento todo lo que ocurrió. De verdad fue un accidente, ya nos íbamos del lugar cuando de repente todo se salió de control.
- Sabes que no me refiero a eso Nicolás o creo que debería llamarte… ¿Nicolle?
Abro mis ojos como platos y siento como me ahogo con mi propia lengua
- Dime quien eres, que quieres y hasta cuando pensabas ocultarlo.
- S-soy Nicolle Fiore y no quiero nada señor; solo trabajar, necesito este empleo de verdad.
- ¿Crees que soy tonto? yo sé cuántas empresas y otras industrias rivales contratan espías para..
- No soy una espía, de verdad yo no pretendo dañar a nadie, sólo llegó la oportunidad a mí y la aproveché, lo siento.
- Sabes que podrías ir a la cárcel por falsificar un documento de identidad y por fingir ser alguien que no eres, ¿estás consciente de todo eso?
- ¿A la cárcel? Por favor no lo haga, si quiere puedo irme pero por favor no me denuncie, tampoco le diga al señor Christopher – paso las manos por mi cara y tomo mucho aire - fue un error y está mal, pero realmente necesito el empleo, por favor créame.
- ¿Por qué aceptaste el trabajo?
- Por mi familia, mis abuelos están a punto de perder su viñedo y yo intento ayudarles, de verdad no quiero dañar a nadie.
Sebastián frota sus ojos con algo de desespero y parece confundido - ¿estás bien? – me pregunta entre dientes.
- ¿Qué?
- Que si estás bien, me refiero a lo que pasó antes, ¿no estás lastimada?
- Si, yo estoy bien.
- Te llevaré a tu casa, vamos - el sale de la inspección de Policía y yo lo sigo sin pronunciar una palabra, llegamos hasta su auto y le indico la dirección. El camino fue silencioso e incómodo, una vez frente al edificio le señalo el segundo piso que es donde está el apartamento de Carla.
- ¿Quién más sabe esto?
- Nadie más, sólo mi amiga Carla, ella comparte su apartamento conmigo.
- ¿Crees que puedo entrar? tal vez pueda ayudarte y para eso necesito saber todo
¡¿Ayudarme?! Oh, gracias Dios. Eso quiere decir que tal vez no pase el resto de mi triste vida en una prisión.
- Claro que puede entrar, le contaré lo que necesite saber - nos dirigimos al edificio y tras tocar la puerta un par de veces Carla abre.
- Santo Dios, Nicolle ¿dónde carajos estabas? no sabes lo angustiada que estaba por ti.
- Estoy bien, lamento que te preocuparas. Mira, él es Sebastián, amigo de mi jefe.
Carla se sorprende e intenta remediar la situación
- Pues digo, Nicolás ¿Dónde estabas? Estaba angustiada por ti mucha…
- Ya lo sé todo – comenta Sebastián con un tono serio.
El hombre entra como perro por su casa y se sienta en un pequeño sillón
- Quiero saber todo
Observo a Carla quien quedó petrificada por la situación. Le hago una seña para que me siga hasta donde esta Sebastián, me acerco a él y me siento justo enfrente.
- Muy bien, señor. Soy de un pueblo cercano a la ciudad, he vivido allí casi toda mi vida con mis abuelos, me crié en un pequeño viñedo rodeada de personas maravillosas, por eso sé un poco de vinos, todo lo aprendí de mi abuelo, de su experiencia y su buen paladar, es simplemente el mejor de todos.
Hace un tiempo las cosas en el viñedo no andaban bien, los últimos cultivos han sido un desastre y mi abuelo cerró el lugar por el cual muchas generaciones han trabajado, por eso estoy aquí porque quiero ayudarles y devolverles todo lo que han hecho por mí, no quiero que vendan ese lugar, significa mucho para mí, no sabe cuánto - mis ojos se nublan y aparto la mirada para que no me vea llorar.
- Lamento lo que estás pasando y no me imagino como te debes sentir pero no está bien lo que hicieron, digo hicieron porque tú eres cómplice - lo dice señalando a Carla.
- Pues fue mi idea, yo debí decirle al señor Christopher que soy una chica desde el principio y no dejar que las cosas se salieran de control, Carla fue involucrada prácticamente en contra de su voluntad.
- Sí, debiste hacerlo, pero ya que sucedió de otra manera puedo decirte que mi forma de ayudarte es hacer como si nunca me hubiera enterado de todo, esto nunca pasó - el hombre me observa nuevamente escaneado todo mi cuerpo y continua hablando – encuentra el momento para aclarar todo, porque no sabes lo difícil que puede ser para Christopher saber que lo intentaste engañar, es mi amigo y lo conozco mejor que cualquier otra persona - se pone de pie y sale sin decir más.
Ahora mi corazón vuelve a su estado normal, me alivia saber que Sebastián no dirá nada. Aunque me aterra saber lo que dirá el jefe por lo sucedido en el bar, debe estar enojado por lo que pasó.
- Como ese bombón se dio cuenta, por favor cuéntame todo lo que pasó.
- Mañana te contaré mi pesadilla, ahora sólo quiero dormir y en mi sueño golpear la pared con la cabeza por ser una estúpida.
Voy hasta la habitación y me tiro en la cama hundiendo la cara en la almohada, mañana será un día largo, muy largo.
Narra Christopher
Llegué a New York la mañana siguiente, aún estaba muy enojado porque una situación así tan vergonzosa nunca se me había presentado, mis empleados se han destacado por su buen comportamiento y por su forma tan amable de servir a los demás. Al llegar a mi apartamento busco entre mis cosas mi celular para llamar a Sebastián.
- ¿Sebastián, podrías reunir a todos en el club en una hora?
- ¿Una hora? está bien, ya me encargo de eso.
- listo.
Me doy una ducha rápida y me visto con mi respectivo traje, salgo del lugar y conduzco hasta el club. Repito en mi cabeza una y otra vez que no puedo perder el control, respiro hondo y evito que mi mal carácter se apodere de mí, algunas veces mi rabia es más grande que yo y pierdo los estribos. Llego al club y al abrir las puertas de cristal me encuentro con caras nerviosas.
- Buenos días
- Buenos días jefe
Los miro uno a uno y todos están vuelto nada - entonces, ¿ustedes son los niños que tuvieron una riña el día de ayer?
- Señor lo lamentamos mucho, no queríamos que las cosas pasaran así el sujeto del bar estaba ebrio y todo pasó tan rápido, fue un accidente – Dice Mauricio apenado.
- Silencio
- Pero señor, no fue nuestra culp...
- ¡Dije que cierres la boca! - Mauricio se calla de golpe y me mira sorprendido, respiro hondo para controlar mis demonios.
- Aún no sé cómo ustedes se atreven a protagonizar tan vergonzoso y ridículo espectáculo portando el uniforme de mi empresa, haciendo resonar mi apellido en un bar de mala muerte, nadie los conoce a ustedes, todos hablan de los empleados de Christopher Golden, ¡todos me mencionan a mí! - froto mis ojos y controlo mi respiración – solo díganme una cosa ¿de quién fue la idea, a quien se le concurrió ir hasta ese sitio? - nadie responde a mi pregunta lo que hace que enoje aún más - ¿no dirán nada? Está bien, descontaré de sus pagos todo lo que tuve que pagar para remediar los daños causados.
- ¡No jefe, no lo haga! - dice Nicolás algo exaltado
- ¿Fue tu idea verdad?
- ¿Qué? No señor yo...
Me acerco a él y lo tomo de un brazo - ¡debiste pensar en las consecuencias! reacciona por el amor de Dios, ya no eres un niño así que deja de arruinar todo lo que haces.
Sebastián se acerca a mí rápidamente - tranquilo Christopher, no es para tanto.
- Señor no fue idea de Nicolás, fue mía - dice Ben con algo de pena por todo lo que le dije a Nicolás, observo al muchacho frente a mí y suelto mi agarre, noto que una marca roja queda en su brazo y me avergüenza mi reacción.