Nunca me habían culpado por algo que no hice, se siente muy extraño ¿han tenido esa sensación alguna vez? es tan difícil de explicar. Solo quiero llorar y no sé si hacerlo porque tenga rabia, tristeza o miedo. Aparte, sentir la fuerza de mi jefe tomando mi brazo, mas su expresión y su tono de voz tan alto, provocaron nudos en mi garganta que me impedían defenderme y lo peor de todo, nunca recibí una disculpa de su parte.
- Nicolás, ¿Qué haces?- Ben aparece de la nada.
- ¿Qué? Ah, estoy organizando las mesas – El chico se para a mi lado y parece algo incómodo.
- Oye, yo quiero pedirte disculpas. Nuestro jefe te regañó por mi culpa, ¿estás bien?
- Sí, estoy bien. No pasa nada, sólo fue una confusión – le sonrío para brindarle tranquilidad.
- ¿Seguro?
- Sí, hombre, todo está bien – sonrío nuevamente y toco su hombro con palmaditas.
- Te daré algo de comer por el mal rato que pasaste por mi culpa, ¿te parece?
- ¿Por qué no empezaste por la comida? Te hubieras ahorrado el discurso que me diste – Ben ríe por el comentario y sacude mi cabello para luego retirarse.
Durante el día Christopher pasa de un lado a otro y me mira de reojo, ¿qué le pasa, porqué actúa así? lo observo hasta que lo pierdo de vista pero me encuentro con la mirada de Sebastián.
- ¿Puedes venir aquí un momento?
Le afirmo con mi cabeza y camino hasta él – Dígame, señor.
- Sígueme – el hombre camina con pasos largos hasta su oficina y me pide sentarme.
- ¿Pasa algo? – pregunto dudosa
- Creo que no deberías estar aquí – expresa con mucha seriedad.
- Pero, ¿por qué? Señor, el incidente ocurrido no volverá a pasar, le prometo que no habrán quejas de mi trabajo, lo estoy haciendo bien, tengo buena relación con mis compañeros y los clien…
- Nicolle, este no es el lugar para ti, ¿viste lo que pasó hoy? pensé por un segundo que Christopher te golpearía, lo conozco y el no controla su rabia, estuviste en una riña y afortunadamente saliste ilesa, tuviste suerte pero no sé hasta cuando esa suerte te pueda acompañar.
- ¿A qué se refiere?
- Christopher me pidió habilitar una de las habitaciones como cambiadores para ustedes, no quiere que estén por fuera del Club portando los uniformes.
Mierda y más mierda, ¡eso no puede ser verdad! ¿Cómo se supone que me voy a cambiar de ropa enfrente de todos mis compañeros? Ya tengo suficiente con compartir el baño con ellos.
- Creo que es hora de que te vayas Nicolle
- ¡No! Lo puedo solucionar, de verdad. Veré que hago para cambiarme en otro lugar, no te preocupes enserio. Si ese es el inconveniente no te preocupes, soy buena para escabullirme por ratos.
- ¿Lo puedes manejar?
- Sí, lo puedo hacer. No se preocupe.
- ¿qué puedes hacer? – Dice alguien atrás de mí, esa voz… me giro y encuentro a Christopher cruzado de brazos en la entrada de la oficina.
- ¿Que puedes hacer Nicolás? ¿De qué hablan?
Sebastián parece nervioso y es el primero en responder - Vaya Christopher, no te vi llegar, pues le decía a Nicolás que él podría ser un buen líder, sé que es muy joven pero parece ser mucho más maduro que sus compañeros, ya sabes por lo que pasó en aquel bar, es bueno tener a alguien dentro del grupo que ayude a mediar, aconsejar e instruir a los demás ¿Qué piensas de eso?
- ¿Un líder? pues sí, me parece bien ¿tú estás de acuerdo Nicolás?
- Por supuesto señor, yo puedo ser el líder – veo de reojo al hombre que acaba de mentir y solo puedo pensar en lo bueno que es, hasta yo me lo creí.
- Bueno, no los interrumpiré más, por favor continúen con su conversación – Mi jefe se da la vuelta pero se detiene de golpe, parece no estar seguro de querer hablar – Nicolás, yo… bueno, quería decirte que cuando termines tu trabajo te quedes unos minutos, necesito hablarte de algo.
- Como usted diga.
Esta noche el club se llenó muchísimo, cada vez se hace más popular y vemos caras distintas, así de distintas como las mujeres que acompañan a Christopher cada noche, nuevamente esta con una mujer rubia ¿por qué todas sus "amigas" parecen hermanas? Quizás van con el mismo cirujano. Deben ser tontas, no creo que pueda entablar una conversación interesante con una mujer así, además no son tan bonitas que digamos, solo tienen un bonito cuerpo y una bonita cara, ¡aish! a quién engaño, son muy bonitas. Sacudo mi cabeza para alejar esas tonterías de mi mente y me auto regaño por hacer una escena de celos en mi cabeza.
Unas horas más tarde estamos cerrando el club, algunos organizan las mesas, otros limpian y yo aprovecho que todos están ocupados para cambiar mi uniforme. Voy hasta el vestidor y rápidamente me cambio, al salir me doy cuenta que Christopher está despidiendo a la mujer rubia, le extiende su mano y le da una pequeña caja, debe ser un obsequio. Al verme camina hasta mí y pide que me siente en una de las mesas del club.
- Nicolás, no sé por dónde iniciar...
- Con una disculpa, señor – le digo sin pensar
- Perdón ¿qué?
- Pues señor, me refiero a que hoy hubo una confusión y bueno usted me...
- Discúlpame, Nicolás - el mira mi brazo y la marca roja que había ahí estaba con rasgos violetas – no fue mi intensión, pero este lugar simboliza mucho para y mi familia, este es el resultado del arduo trabajo de mi padre y su apellido es lo que nos representa. Eso que sucedió en el bar fue vergonzoso, no sabes lo que tuve que hacer para que no pasara a mayores.
- Lo entiendo señor, disculpas aceptadas - le sonreí con mucha espontaneidad y él hace lo mismo, ¡Por Dios! que bonita sonrisa, sus dientes son tan blancos y que alineación tan perfecta entre cada uno de ellos; el color rosa de esos labios carnosos y su... ¡REACCIONA NICOLLE! debes parecer estúpida. Llevo mi mirada a otro punto y me aterrizo en mi realidad.
- Te confesare algo, Nicolás. Soy un hombre de carácter fuerte pero a pesar de todo soy muy consciente de cuando cometo un error. Te invito un trago, pues para enmendar ese brazo morado.
Un ligero cosquilleo en mi estómago hace que me estremezca un poco.
- Está bien señor.
El hombre se pone de pie y va hasta su oficina, al volver trae consigo una botella de whisky. Gracias a Dios todos mis compañeros se han ido porque sería incómodo que vean esto, me refiero al gesto que está teniendo Christopher conmigo. Al servir el primer trago este intenta buscar un tema de conversación.
- ¿Desde cuándo empezaste a conocer a cerca de vinos?
- De toda mi vida señor, crecí en un viñedo, mi abuelo me enseñó todo lo que sé.
- ¿Sabes algo Nicolás? veo potencial en ti, me haces recordar cuando yo era joven, por eso te contraté.
- ¿De verdad ve potencial en mí?
- Claro que sí, al igual que en el resto de tus compañeros, en cada uno de ustedes encontré algo que necesitaba para formar este club.
- Ah, en todos ve potencial - no sé por qué me desilusiona que diga eso.
- Sí, selecciono de manera cautelosa todos mis empleados. En cada uno encontré algo especial, para así formar el mejor equipo.
Durante un par de horas hablamos de vinos y otras cosas triviales. Cabe decir, que yo no acostumbro a tomar pero tolero el alcohol, recuerdo que algunas veces le robaba vino a mi abuelo y lo tomaba en mi habitación, quería desarrollar un buen paladar para degustar cada esencia y aroma de ellos. Lástima que no pueda decir lo mismo de mi jefe, cada vez que habla se escuchan sus palabras arrastradas, como si su lengua le pesara.
- Jefe, ¿quiere que llame un taxi para usted?
- Pues, los taxis son buenos, recuerdo que hace unos meses subí a un taxi porque mi auto estaba averiado y yo…
Qué demonios dice – Jefe, quería saber si usted desea que yo llame un taxi para que lo lleven a su casa.
- ¡Oh! Yo pensaba que estábamos hablando de otra cosa. No, no te preocupes pequeño amigo, estoy bien, puedo conducir.
- Señor, en ese estado sería muy peligroso. Espéreme aquí un segundo, iré hasta la barra y pediré un taxi, no tardaré.
- Está bien
Voy a la barra y marco a un taxi, al volver encuentro a mi jefe apoyando la cabeza en la mesa, parece que esta ¿dormido? ¡Ash! no puede ser, ¿Cómo puede dormirse tan rápido?
- Señor, señor Christopher ya pedí su taxi - Muevo un poco su cabeza con mi dedo índice y no despierta - Jefe, el taxi vendrá en cualquier momento, despierte por favor - El hombre parece muerto, así que lo muevo con más fuerza.
- ¡Señor! El taxi ya está aquí, quiere despertar por favor.
El hombre abre sus ojos como dos faros de camión y parece desorientado - ¡Estoy despierto! ¿Qué pasa?
- Señor, su taxi está aquí.
El hombre se pone de pie con algo de torpeza y se enreda con sus pies, en un acto de reflejo lo intento sostener - déjeme ayudarlo señor, pase su brazo alrededor de mi cuello y apóyese.
- Soy un hombre muy pesado.
- No tiene que mencionarlo jefe, ya mis brazos delgados notaron lo pesado que está - Lo subo al taxi con mucho cuidado, la verdad para estar tan tomado es muy obediente, no protestó porque ya se iría a casa, buen chico.
- ¿Pueden decirme los caballeros hacia donde nos dirigimos? – dice el taxista mientras nos observa por su espejo.
Cierto, la dirección, que tonta – Jefe, ¿cuál es la dirección de su casa?
- ¿Cu… cual casa?
- ¿Cómo que cual casa menso? pues la suya, ¿dónde vive?
- Pues, yo vivo en una casa muy grande, mi linda casa es… es muy linda - Christopher espabila de forma pausada y cada vez que pronuncia una estupidez cierra sus ojos y a los dos segundos los abre, entro en pánico nuevamente y quiero abofetearle la cara con fuerza para que reaccione, pero lo pensé muy tarde.
- No se duerma señor, señor Christopher, por favor no me haga esto – estoy a punto de llorar pero mi escena de drama se ve interrumpida por el conductor.
- Joven, le cobraré por el tiempo que estoy perdiendo.
- Aguarde un poco, lo voy a solucionar, el pago no es problema.
Doy palmadas en su rostro y está vez creo que no despertará, no tengo más opción, lo llevaré al apartamento de Carla.