NORA Me despertó el teléfono de Marco, sonaba y sonaba. Le di un codazo para que reaccionara. Me tenía cansada. —Ya sé quién es… mi papá —murmuró con esa cara de fastidio. —Pues contesta. —Ni ganas tengo. Ya sé qué quiere decirme —dijo, con un tono molesto. —¿Tiene que ver conmigo? —¿Cómo va a querer hablar de mi reina? —dijo con una sonrisa, y me plantó un beso suave en la mejilla justo cuando el celular dejó de sonar—. Buenos días, princesa. —Buenos días... No habían pasado ni dos minutos y el teléfono volvió a chillar. Marco puso cara de pervertido, como si se le hubiera ocurrido algo brillante. —Ya sé qué podemos hacer —dijo con tono travieso. —¿Qué? —Vas a agarrar el teléfono y le vas a decir a mi padre que sigo roncando. —Ni de broma voy a hacer eso. —Claro que sí vas a

