NORA
Por mas que intenté mantenerme en pie no pude, me estaba durmiendo poco a poco, mire el reloj en el celular y ya habían pasado media hora. ¡No puedo creer que tan rápido pasa el tiempo cuando uno se queda durmiendo! Pero lo que me despertó fue un suave golpe en la ventana.
Me asusté, cogí el teléfono y empecé a salir de puntillas de mi habitación hacia la de mi hermana cuando apareció un mensaje en mi teléfono:
—Abre la ventana, soy yo.
—¿Qué haces aquí?—, susurré.
—¿Puedo entrar?
—Es tarde.
—Lo sé, pero no creo que pueda sobrevivir esta noche sin ti.
—¿Qué quieres decir?
—Hace frío aquí fuera—, dijo él, esquivando mi pregunta.
—Vale, entra.
Le hice sitio y observé cómo trepaba por la ventana con facilidad.
—¿Entonces es verdad?—, le indiqué que bajara la voz.
—¿A qué te refieres?
—¿De verdad duermes desnuda?
—Claro, ¿crees que te estaba mintiendo?
—No. Tu mensaje fue el golpe de gracia y confirmarlo con mis propios ojos es uno de mis mayores logros.
—¿Qué quieres decir?—, pregunté y seguí su mirada. ¡Rayos! Me había olvidado de envolverme en la sabana cuando fui de puntillas a la habitación de mi hermana.
—Estás muy guapa.
—Gracias—, respondí tímidamente.
—Pero necesito sentir lo rico que es tu coño estrecho—, dijo y me empujó hacia la cama.
—Mi hermana no está lejos—, le dije en voz baja.
—Vale, voy a tener cuidado—, dijo antes de meterme la lengua en la boca y detenerse poco después. —Te voy a cuidar más tarde—, dijo, se levantó, se quitó la ropa, volvió a la cama, se colocó en la entrada de mi c0ño y me penetró con toda su fuerza.
—Si… que rico—, murmuró antes de sacar la p0lla y volver a meterla una y otra vez.
Abrí más las piernas, levanté el c0ño para meterlo más dentro, mientras él empujaba dentro de mi c0ño jugoso y puse las manos en su culo para empujarlo hacia mí con más fuerza.
—Vas a despertar a tu hermana.
—No me importa en este momento—, dije mientras él empujaba su pepino más profundamente dentro de mi c0ño.
—Tenemos que hacerlo—, dijo, y redujo el ritmo. —Pero quiero esa velocidad.
—Más vale poco que nada. ¡Si! Date la vuelta. Quiero f0llarte por detrás.
Hice lo que me ordenó y levanté el cul0 como se hace en los vídeos p0rno, porque era la primera vez que probaba esa postura.
—Bonito cul0—, dijo, me dio una palmada suave en ambas nalgas y me penetró cuando menos lo esperaba. Creo que le encantaba sorprenderme.
—Oh…—, susurré en voz alta contra la almohada y me corrí poco después.
—Casi me exprimes la p0lla—, dijo mientras se apresuraba por c******e, lo que no tardó mucho en suceder.
Cuando recuperó fuerzas, rodó hacia el otro lado de la cama y echó un vistazo a mi habitación por primera vez.
—¡Vaya! Tu habitación es pequeña, o debería decir minúscula.
—Yo no te he invitado a venir.
—Tomo nota, pero tampoco me has impedido entrar.
—No te he impedido entrar porque...
—¿Porque? ¿Porque? Porque querías mi p0lla.
—¿Quién lo dice?
—Lo dices tú. Las acciones hablan más que las palabras. La forma en que se te pusieron los pezones cuando me viste lo dice todo. La próxima vez será en mi casa. Mi cama es más grande y la habitación es mejor. Ademas parece un poco infantil.
—Es por el color rosa.
—¿Por qué has pintado tu habitación de rosa si tu color favorito es el gris?
—Mi color favorito no es el gris, es el rosa.
—Espera, ¿qué? Pero nunca te he visto con nada rosa, ni siquiera algo parecido.
—No tengo nada. Es mi color favorito, pero no me queda bien.
—¿Por qué no? Te queda bien. Estoy seguro.
—No me queda bien. Recuerdo que me lo probé en el baile de fin de curso de secundaria. Todavía no lo he superado.
—¿Qué pasó?
—Ni siquiera se lo conté a mi hermana. En realidad quería hacerlo, pero al día siguiente perdimos a nuestros padres.
—Lo siento mucho.
—Ya lo he superado, gracias a mi hermana.
—Entonces, ¿han sido tú y tu hermana todo este tiempo?
—Sí. Solo nosotras y Valeria y…
—¿Y quién?
—No importa.
—Vale. Acuéstate boca abajo.
Hice lo que me dijo al instante y me pregunté qué estaba pasando.
Se arrodilló entre mis piernas y empezó a apretarme las nalgas.
—Tienes un bonito cul0.
—¿Te gusta?
—Claro, es duro.
Dejó de apretarme las nalgas y empezó a meterme los dedos en el c0ño. Dentro, fuera, dentro, fuera, dentro, fuera.
—No sé qué te gusta más. ¿Mi p0lla o mis dedos?
—Los dos.
—Solo uno.
—La poll4.
—¿Por qué?
—Porque es muy grande y larga.
—¡Eres una completa zorra!—, dijo mientras empujaba dentro de mi c0ño la polla que yo no sabía que tenía cerca. —Sabía que ibas a elegir eso.
Lo estaba disfrutando mientras él me lo daba y no era realmente consciente de lo que estaba pasando hasta que sentí uno de sus dedos en mi an0.
—¿Qué estás haciendo?—, le pregunté al instante.
—Relájate y disfruta. Algún día te voy a f0llar este cul0 tan estrecho—, dijo mientras empujaba su dedo más profundamente.
Tu c0ño está muy estrecho y tu cul0 va a estar aún más estrecho—, añadió y empezó a mover su dedo dentro y fuera de mi cul0.
El placer de tener ambos agujeros llenos me hizo correrme con un grito gutural y, unos segundos después, se abrió la puerta de la habitación de mi hermana.
—Igh…—, dijo Marco, sacándola de mí. —Sabía que esto iba a pasar.
—Cállate, pronto llamará a mi puerta.
Toc, toc.
—Nora, ¿estás bien?
—Estoy bien, hermana.
—¿Qué ha sido ese grito?
—Iba al baño y me he dado contra la pared. No es nada, no te preocupes.
—Pero la próxima vez ten cuidado. Casi me da un infarto.
—Vale. Te quiero, hermana.
—Yo también te quiero.
Nos aseguramos de oír el sonido de su puerta al cerrarse antes de relajarnos.
—Tu hermana te quiere mucho.
—Sí, porque es mi madre. Ha sido mi madre desde que perdimos a nuestros padres.
—Es genial.
—Gracias.
—Voy a empezar de nuevo—, dijo mientras se tumbaba boca arriba y me hacía señas para que me acercara. —Y este va a ser tu castigo.
—Por mí no hay problema—, respondí, sentándome sobre él y colocando su pepino en la entrada de mi v4gin4.
—OH… OH… —, dije, y observé cómo cerraba los ojos y se lamía los labios mientras yo empezaba a moverme arriba y abajo sobre su p0lla.
Él colocó las manos en mis nalgas y me empujó con más fuerza hacia su p0lla. No pude aguantar más, así que empecé a gemir.
—Cállate o te castigaré más duro.
—Pero es demasiado.
—Lo sé. Intenta aguantar en silencio.
Empecé a morderme el labio inferior para no gemir y seguí moviéndome arriba y abajo sobre su p0lla hasta que me empujó con más fuerza y se puso rígido.
Me levanté de la cama, me metí bajo la sabana y miré la hora antes de apagar la lámpara.
—¿Qué hora es?—, preguntó.
—Las tres.
—¿Las tres?
—Sí, las tres.
—¿Cómo voy a llegar a tiempo al trabajo si ya es de día?
—Te doy tres horas extra, lo que significa que tienes que estar en la oficina antes de las doce. Sabes que aún tienes que terminar esos archivos.
—Pero que considerado el jefe que tengo y cuanto me estima después de darme la follad4 de mi vida.— le dije con sarcasmo, cosa que seguro lo entendió a la perfección.
—Para que veas…