NORA
Me retoqué los labios con ese labial sabor fresa que me hace sentir más p3rra, justo antes de tocar la puerta de Bryan. No pasaron ni dos segundos y ya me la estaba abriendo. Me jaló directo al sillón, sonriendo con esa cara de niño bueno.
—Gracias por venir —me dijo abrazándome fuerte—. Pensé que había hecho algo mal.
—Ni al caso, para nada —le contesté, y se fue a su lugarcito de siempre, echado en el sofá.
—El de la comida ya casi llega, diez minutos máximo.
—¿Qué pediste?
—Lo que más te gusta.
Comimos tranquilos, sin mucho que decir. La lucha libre sonaba de fondo, y por un rato todo estuvo normal... hasta que el aire empezó a ponerse raro.
Esa noche, mientras iba de regreso a mi casa, algo en mí dijo: “va de nuevo”. Pensé que quizá, si le hablaba claro sobre lo que realmente quiero en una relación, podría cambiar. Tal vez, si se lo explicaba bien, dejaría de lado sus reglas.
Ya en el sofá, se me acercó y empezó con esa manía suya de jugar con mi pelo. Sentí su respiración subir y, cuando pensé que iba a besarme, se paró de la nada.
Fue hacia la tele, la apagó, y justo cuando iba a dejar la sala en penumbras, le dije:
—Para.
Me volteó a ver, con cara de desconcertado.
—¿Por qué?
—Porque detesto coger a oscuras.
—Llevamos cuatro años así.
—Sí, y no me gusta.
—¿Otra vez con ese tema?
—Tal vez sí.
—Nora, deberías entenderme…
—No, tú deberías entenderme a mí. No tiene nada de malo hacerlo con la luz prendida, y tampoco hay problema con estar desnudos.
—Nora…
—Dame una razón real para quererlo todo en oscuridad.
—Simplemente no me gusta.
—Pues que a ti no te gusta no significa que yo también tenga que odiarlo —le dije, mientras me le acercaba con intenciones bien claras.
—Quiero besarte. Quiero verte a los ojos mientras te hago gemir. Quiero sentir tu piel, no tu ropa. Quiero agarrarte, chuparte, saborearte. Quiero sentir tu v3rga hasta el fondo de mi garganta. Quiero que me llenes la boca con tu s3men, que me sepa a ti...
—Ya basta, Nora. ¡Ya! ¿Quién carajos te enseña esas cosas? ¿Con quién te estás juntando?
—Con nadie. Te estoy diciendo lo que quiero en una relación, así tal cual.
—Eso no está bien. Vas por mal camino.
—¿Y quién decide qué está bien o mal? ¿Tú? ¿Y desde cuándo coger con ropa y en lo oscuro es lo correcto?
—¡Nora!
—¡No me grites! Solo estoy tratando de abrirme contigo. De decirte lo que necesito.
—Pero no es lo correcto…
—Según tú. Pero ya veo que no soy para ti. Nos gustan cosas muy distintas —le dije, y me levanté para irme. Apenas llegaba a la puerta cuando se paró enfrente, impidiéndome el paso. Me clavó la mirada.
—Déjame pasar, Bryan. No quiero seguir oyendo tus excusas.
—¿Estás viendo a alguien más? —me preguntó. Me sorprendió, pero no dejé que se me notara.
—Te amo, Bryan. Te entregué mi virginidad, y ¿así me sales? ¿Con esa pregunta tan insultante? —le respondí de frente—. Ya te dije lo que quiero. Si no puedes dármelo, déjame ir.
—No era mi intención ofenderte. Sabes que nunca lo haría. Solo estoy intentando entender qué pasa. Y tú podrías bajarle un poco al drama. ¿Cuántos años llevamos?
—No tengo tiempo para contarte historia.
—Por favor.
—Cinco.
—Y en todo ese tiempo nunca te levanté la voz. Empezamos a tener sexo hace cuatro, y solo te quejaste un par de veces. Todo estaba bien hasta la semana pasada. Te amo, Nora. No me dejes así.
Yo sabía que me amaba, pero el amor por sí solo no me saciaba. Yo quería más, necesitaba más.
—Si aceptas mis deseos, las cosas van a estar bien. Con permiso.
—Déjame llevarte.
—No hace falta.
—Quiero hacerlo.
—Bueno, pues está bien.
*
El viernes me levanté como cualquier otro día. Le di de comer a mi perra, me tiré una pizza congelada al microondas y me serví una Coca Light bien fría. Me dejé caer en el sillón a seguir viendo la pelicula que tenía pendiente, cuando el celular vibró con una notificación.
Era un correo.
Galindo Enterprises
Nora Delgado:
Nos complace ofrecerle el cargo de secretaria tiempo completo en Galindo Enterprises, empezando en tres dias despues, sujeto a entrevista, verificación de antecedentes, etc.
Su jefe directo será el Señor Marco Galindo en la sede principal.
Consideramos que su perfil encaja perfectamente con nuestra empresa.
A continuación, se detallan sus funciones…
Lo leí una vez. Dos veces. Tres. Y nada. Mi cerebro no lograba procesarlo. ¿Qué carajos era eso? ¿Por qué una compañía como Galindo Enterprises me ofrecía un puesto si yo ni había mandado currículum? Ni soñando había pisado ese lugar para una entrevista. ¿Y ahora me querían de secretaria?
Galindo Enterprises era una de las empresas más pesadas del rubro de alimentos. De esas que todo el mundo quiere entrar, pero casi nadie puede. Y eso hacía que todo esto me oliera aún más raro.
Firmé el contrato con la sensación de que en cualquier momento iba a sonar el teléfono para decirme que fue un error. Que se habían equivocado de persona.
No pasó.
Y como no me aguantaba las ganas de contarlo, antes de que termine el día ya se lo había dicho a Sofía... y cómo no, a Valeria también. Tan así, que Valeria vino a tocarme la puerta por segunda vez esa semana, con esa cara de chismosa.
—¿Qué decías? —me preguntó apenas entró.
—Fíjate tu misma —le dije, dándole el celular para que lea.
—¿Y estás cien por ciento segura de que no fuiste a una entrevista?
—¿Desde cuándo te miento, Vale? Sabes que no tengo secretos contigo. Y también sabes que mis calificaciones no dan ni para que me miren en un lugar así.
—¿Y te vas a presentar ante ese tal Marco Galindo?
—Parece que sí.
Ese tal Marco no era cualquier hijo de vecino. Era el heredero de Esteban Galindo, el fundador de toda esa maquinaria empresarial, que quedó al mando cuando al viejo le dio un infarto fulminante.
—Te tengo una envidia sana, mi amor —dijo Valeria.
—No te adelantes. ¿Y si el lunes llego y resulta que todo fue una broma?
—Uy, ni se me había cruzado por la cabeza que pudiera ser una broma…
—No importa. Si es real o no, igual me planto en la puerta y lo averiguo con mis propios ojos.
—Eso sí. Mejor ir y sacarte la duda.