Eres fuerte Lia, me decía una y otra vez. No dejaré que este día me afecte, menos cuando hoy es mi cumpleaños, se supone que es un día feliz para mí no uno en el que desee desaparecer.
Acabó el día y cuatro niños fueron adoptados, entre ellos, una niña. Me dirigía a la cocina para saber que harían para cenar está noche, pero al parecer no había nada de comer en la habitación.
Me dispuse a sacar algo de la nevera para luego irme a mi habitación a dormir, ya que ni siquiera mi mejor amiga me felicitó por ya tener mi mayoría de edad, supongo que no es muy importante. Cada vez que espero algo bueno de alguien, me falla.
_ ¡Sorpresa! – escuché varios gritos que venían de la habitación cuando la abrí. - ¡Felicidades! – está vez escuché a mi amiga, mientras se acercaba a abrazarme.
Estaban todos los más cercanos a mí, Epril, mis compañeras de cuarto y hasta las hermanas que cuidaban de nosotros, mis ojos comenzaron a llenarse con lágrimas, pero esta vez no eran de tristeza, si no de felicidad.
_ Que seas muy bendecida, Liana. – dijo la hermana superiora dándome un abrazo. – Nunca dejes de ser la mujer en la que te has transformado. – agregó ella sonriendo con algo de tristeza en su mirada. Los siguientes meses fueron iguales a los anteriores, seguíamos teniendo contacto con la hermana Lucía y eso de algún modo, me hacía sentir bien.
Ya estábamos a marzo y la primera estaba a la vuelta de la esquina, ya no hacía tanto frío, aunque este nunca fue un problema, es más, siempre lo he disfrutado. Los días lluviosos los pasaba encerrada en la biblioteca, anhelando poder salir y dejar que las gotas de lluvia se colaran por mis ropas.
Cada noche leía las cartas que mandaba la hermana Lucía, me llegaban cada semana, pero al leerlas era cómo si estuviera aquí conmigo, diciéndome si la vida la está tratando bien y por el contenido de sus cartas era así. Me alegraba por ella y porque al fin estuviera cumpliendo sus sueños y fuera feliz, pero también sentía un vacío por dentro, era algo indescifrable.
¿Podré cumplir mis sueños? ¿Tengo sueños? Nunca lo sabré, si tan sólo tuviera algo en la vida, bueno… que de verdad fuera mío. ¿Tan mal agradecida soy? Pensé, después de todo las hermanas del orfanato me lo han dado todo lo necesario en la vida, gracias a ellas estoy viva y tengo un techo que me protege.
_ ¿En qué piensas? – preguntó Epril entrando en mi campo de visión. - ¿Te sientes mal? – preguntó nuevamente, supongo que piensa que olvidé su cumpleaños número diecinueve, pero no es así, la verdad es que la hermana superiora le prepara una fiesta sorpresa.
_ Sto bene, grazie. (Estoy bien, gracias). – respondí cuando alejé los pensamientos de la sorpresa. Digamos que mi mejor amiga es muy persuasiva cuando se lo propone. - Non preoccuparti. (No te preocupes) – agregué, mientras que ella buscaba algún tipo de información en mis ojos, rápidamente alejé la mirada.
_Va bene, qualunque cosa tu dica. (Esta bien, lo que tu digas) – comentó mi amiga dándose por vencida, sabía que le ocultaba alguna información, pero no tiene idea de qué se trata.
Se sentó a mi lado y apreciamos ver el sol caer en el mar, no me había dado cuenta que tan rápido había pasado la hora, la escena que tenía frente a mí era magnifica, lamentablemente solo dura unos cuantos minutos.
Estos son recuerdos que hay que atesorar. Ver el atardecer con tu mejor amiga, casi hermana, es algo que va a quedar marcado en tu corazón para siempre.
_ ¿Qué haré de mi vida? – escuché a mi amiga y luego de sus palabras un fuerte y largo suspiro. – Los años pasan y aún no sé que haré de mi vida cuando me tenga que ir del orfanato. – agregó mientras se quejaba de la situación. – Soy una inútil.
_ Primero que nada, no eres una inútil. – suspiré. – Solo eres algo… rebelde. – hice gestos con mis manos y boca. – Y no tienes aún que preocuparte tanto por eso, estarás aquí hasta cumplir veintiún años. - agregué tratando de sonar lo más tranquila posible.
_Tal vez tengas razón. Pero no puedes olvidar que tu me ayudaste a convencer a la hermana superiora de que me dejara quedarme más tiempo. – comentó ella, sonaba triste, cómo si algo dentro de ella estuviera quebrándose, y lo peor de todo esto es que sé exactamente como se siente.
No sabía que responder porque siempre es ella la que me ayuda a mí, así que hice un gesto para que se acercara y la abracé para que pudiera liberar todo eso que llevaba guardado. Al poco tiempo comenzó a llorar, le acariciaba su pelo mientras la seguía abrazando.
_Siempre estaré contigo. – susurré cuando ella levantó su cabeza. - ¿Por qué me ves así? – agregué cuando ella se me quedo viendo como a un bicho raro.
_Se supone que me digas que todo va a estar bien. – dijo ella con una sonrisa totalmente verdadera en su rostro.
_Sé lo jodido que se siente estar así y también sé que si estuviera en tu lugar no quisiera escuchar un “Todo va a estar bien”. – hice comillas con mis dedos en la última frase y ella siguió sonriendo.
La noche nos sorprendió y decidimos ir a la habitación antes de dirigirnos a la cocina a cenar con las demás chicas y nuestras cuidadoras. Íbamos por un par de abrigos, aún la temperatura durante la noche es muy fría, creo que Epril pensaba que le teníamos alguna sorpresa en la habitación porque pude notar su cara de decepción cuando entramos en esta.
Bajamos a cenar y segundos antes de que mi amiga ingresara, se escuchó un grito y eco “sorpresa” era lo que decía. Todos se habían escondido en el comedor para que no fuera igual que la vez pasada.
Epril abrió los ojos de par en par y lágrimas de felicidad comenzaron a recorrer sus mejillas que estaban sonrojadas de la emoción y tal vez de la vergüenza, las hermanas se acercaron a mi amiga para abrazarla y darle los mejores deseos y bendiciones.
_Otro año más. – mencionó la hermana Gertrudis y Epril la miró con recelo. – Felicidades. – volvió a mencionar para luego abrazarla, bueno sí es que eso podía llamarse abrazo.
_Gracias. – dijo mi amiga mirando raro a la hermana y dirigiéndose a mí. – Creo que tuvo un buen día. – susurró en mi oído y yo sonreí con su comentario. – No te rías que nos descubrirán. – agregó nuevamente.
_Va bene. (Está bien) – respondí alzando un poco las manos en gesto de paz. – No me digas esas cosas entonces. – agregué.
_Va bene. (Está bien). – dijo ella mientras hacía el mismo gesto que yo. Ambas sonreímos y nos abrazamos. – Te quiero. – mencionó abrazándome, sentía cómo el aire se escapaba de mi cuerpo por su fuerte apretón.
_Me asfixias. – respondí mientras que ella me soltaba lentamente y me pedía disculpas.
Ya un mes había pasado, no había tenido más noticias de la hermana Lucía y eso me hizo sentir mal, sé que dije que nada me volvería a dañar, pero no podía evitar el hecho de que esa mujer se había convertido en una persona muy importante para mí.
Los días pasaban y no había señales de la hermana Lucía, incluso la hermana superiora se preguntaba donde podría estar, lo sé porque la escuchaba en su oficina, no debería hacer estas cosas, pero a veces sentía desconfianza de estas mujeres.
Lentamente me fui alejando de todos, los días que no tenía clases me las pasaba en la biblioteca, leyendo, pensando y tratando de olvidar todos los sentimientos que invadían mi cuerpo, aunque esto era imposible. Cada libro que leía estaba lleno de emociones, de amor, de aventura, cuando será el día en el que yo también pueda vivir mi historia, encontrando monstruos, amor, problemas que solo yo pueda resolver.
Comencé a odiarme, físicamente y psicológicamente, por ser débil, por no poder superar las perdidas, por todo. Me odiaba, enserio lo hacía y no podía cambiarlo, hasta ahora la única persona que seguía a mi lado era Epril y lo agradecía, aunque en el fondo ya esperaba a que un día, también se fuera y me abandonara.
_Miren, aquí está Liana. – escuché a Sophie mientras se acercaba a mí. – Te encontré inadaptada. – dijo nuevamente, esta vez aún más cerca, Sophie era una de las chicas que al igual que yo, las abandonaron al nacer, pero a diferencia de mí, su corazón está lleno de odio y molesta a todos los que no piensan igual que ella, antes me defendía de sus palabras, pero ahora ya no me importaba lo que me dijera.
_No quiero problemas. – susurré esperando a que se marchara y me dejara tranquila, pero no fue así, sólo comenzó a empujarme, a silbar y todo para interrumpir mí lectura.