_ Escucharon chicas. – gritó Sophie, vi cómo las demás chicas también se acercaban. – La tierna Liana no quiere problemas. – agregó cuando ya las demás estaban a mis espaldas.
_No, no quiere. – dijo una de las nuevas que llegaron la semana pasada. - ¿Por qué no quiere? – agregó la misma mujer nuevamente.
_Déjala en paz Analía. – escuché que decía alguien desde atrás, creo que era Epril. Alcé la mirada para poder averiguar de quién se trataba y sí, era mi amiga.
_Perché non rimani in silenzio? (¿Por qué no te quedas en silencio?) – dijo Analía mirándola y luego posó su mirada en la mía. – Vedi, lei non dice niente. (Ves, ella no dice nada). – agregó al ver cómo me quedé en silencio.
_Non mi interessa, smettila di disturbare il mio amico. (No me interesa, solo deja de molestar a mi amiga). – agregó ella mientras me tomaba del brazo para sacarme de ese lugar. – No puedes dejar que te sigan haciendo esto Lia. – mencionó dirigiéndose a mí y yo me solté para tomar el libro que estaba leyendo. – ¡Lia! – exclamó ella nuevamente.
_Lo sé Epril, créeme que lo sé. – respondí cabizbaja, no quería que me pasara esto, pero no podía evitarlo, soy débil e inútil
_Disculpa, es que me duele que te esté pasando esto. – respondió mi amiga. – No me gusta que te hagan daño y me da rabia que tú lo estés permitiendo. – agregó. – Esa no es la Liana que conozco.
_Creo que es a la que debes de acostumbrarte. – respondí alejándome de ella, pude ver su silueta y como levantaba los brazos cómo sinónimo de derrota, creo que era lo mejor.
Salí del orfanato en dirección a la playa, nadie me molestará en ese lugar, hace tiempo que no voy de noche, desde aquel accidente con el hombre ese. Sólo con recordarlo se me erizaba la piel y sentía repulsión, de igual forma, decidí ir a pensar y a disfrutar del sonido de las olas golpeando la arena de la playa.
Cuando llegué a la orilla del mar, paseé por la playa con las aguas en mis pies, todo estaba en calma y deseaba que toda mi vida fuera así.
Comencé a recordar cómo había sido mi infancia e imaginé cómo me hubiera gustado que fuera… Cuando caí nadie me ayudó a levantar, cuando quería escuchar alguna palabra de aliento, cuando tenía miedo, nunca escuché un “tranquila, todo estará bien, aprendí yo sola a cuidarme, a seguir siempre adelante, sin miedo, después de todo las hermanas sólo nos dieron el techo y comida, nos ayudaron hasta que fuimos capaces de hacerlo por nuestra propia cuenta.
Cuando llegó la hermana Lucía, bajé la barrera y la sentí parte de mí, sentía que era todo lo que algún día quise, era lo más similar a una madre, y al igual que ella, terminó abandonarme. Todos lo hacen, no le importo a nadie en esta miserable vida, no tengo idea de que será de mí una vez salga de aquí, pero no me importa, es más, sé que me las arreglaré de algún modo.
Algunas lágrimas cayeron por mis mejillas y luego de eso analicé mi situación, no podía seguir atormentándome con cada cosa que me pasara, no podía permitirme seguir así, soy mejor que esto.
_Eres mejor que esto Liana. – susurré mientras sentía que una lágrima recorría mi mejilla. – No puedes dejar que todo esto te afecte, no debes ser débil. – volví a decirme a mi misma.
Esperé varios minutos para poder calmarme y poder irme a mi habitación sin despertar las sospechas de Epril, está muy atenta a mis cambios de humor, se preocupa demasiado por mí y en parte lo agradecía, es una buena amiga.
_ ¿Otra vez por aquí, pequeña? – escuché esa maldita voz, ¿Por qué me pasaba esto a mí? – Anda, responde. – dijo mientras tomaba mi brazo bruscamente. – Eres muy hermosa. – dijo con su horrible voz, este hombre está dispuesto a todo.
_ Lasciami andare, per favore. (Suélteme, por favor). – agregué tratando de quitarme de su agarre, pero era imposible. – Basta, déjeme, por favor. – seguía suplicando, estaba segura de que sus intenciones eran las más asquerosas.
_ Questa volta non sei salvato, piccola. (Esta vez no te salvas, pequeña). – respondió este hombre tirándome al suelo para luego tomarme del pelo y arrastrarme por este.
Escuché cómo un auto se detenía a las afueras de la playa, definitivamente no volvería a ver a nadie, me despedí mentalmente de todos los del orfanato. Volví a escuchar otro auto acercándose, seguramente es amigo del hombre que me sigue arrastrando, mis ojos estaban llenos de lágrimas.
_ Veo que no sabes cómo se trata una dama. – escucho una voz totalmente desconocida para mí, sólo espero que sea algo bueno y no algo peor. – Te dejé claro que este es mi territorio y no puedes estar haciendo esto aquí. – volvió a mencionar.
_ Señ… señor – dice el hombre que antes sujetaba mi cabello, pero apenas con escucharlo me había soltado. – No volverá a suceder, sólo es una niña. No creí que fuera importante. – agregó él.
_Claro que no volverá a suceder. – respondió el hombre que acababa de llegar, luego escuché un fuerte estruendo, parecido a… ¿Un disparo? – Acércate muchacha. – dijo mi posible salvador, lo digo así porque no sé si me hará algo peor.
_Él… ¿Él está muerto? – pregunté incrédulo al ver a mi atacante en el piso.
_No te causará más problemas niña. – dijo él hombre, mientras que otros que salían del auto se encargaban de subirlo, ¿Quién sabe que harán con él? Aunque no me atrevo a preguntar. – Tranquila, no te haré daño, no soy cómo ese bastardo. – ahora no resulta ser un hombre mayor, sólo tiene una voz demasiado varonil.
_ Necesito volver al orfanato. – dije para luego empezar a caminar hacia atrás. – Adiós.
_Espera, yo te llevaré. - ¡Oh! Definitivamente no dejaré que eso pase.
_No es necesario, me quedaré un rato más en la playa. – dije esperando a que el se fuera y me dejara tranquila. Al parecer no lo va a hacer, se lleva las manos a su cabeza y escucho unas carcajadas.
Me alejé a la playa para irme por ahí a mi hogar, ¿Por qué me fui tan lejos del maldito orfanato? Cuando al fin pude llegar, me di cuenta de que había tres autos parados afuera, ingresé cómo si fuera una ladrona, pero no quería que notaran mi presencia en el lugar.
Me fui directo a la habitación, no quería saber de nada más por hoy. Al llegar, Epril me estaba esperando, tenía una mirada algo rara, pero no quería saber de que se trataba. Me metí dentro de mi cama, me arropé y cerré mis ojos lo mejor que pude, pero sentía su mirada fija en mí.
_ ¿Dónde estabas? – preguntó ella, no tenía deseos de responderle y la ignoré. – Sé que no estás dormida, Liana. – agregó nuevamente, ¿Por qué tengo una amiga tan insistente? – Lia. – dijo de nuevo, esta vez más fuerte.
_ ¿Qué quieres? – dije levantándome bruscamente de la cama, quedando sentada. – No me dejas dormir, ¿No te das cuenta? – ella sonrió y luego asintió con su cabeza, me miró desde mi cabeza hasta los pies.
_ Estabas en la playa. – comentó ella y negué con la cabeza. – No mientas, tienes arena los pies, ¿Quiénes son esos hombres? – preguntó nuevamente, su cara era de total preocupación. Sólo esquivé su pregunta y me dispuse a acostarme nuevamente y dejarme llevar por el sueño qué, en todo caso, no se hacía presente.
_ No sé de que hablas. – respondí mientras me arropaba nuevamente. Sentí como se levantó de su cama e iba en mi dirección, sentí cómo las sábanas se levantaban.
_ Dime la verdad Lia. – dijo ella. - ¿Estás en problemas? – preguntó nuevamente. – Puedes contarme lo que sea. Puedo ayudarte de cualquier forma. – agregó, otra vez. - ¡Liana! – gritó cuando me dispuse a salir de la habitación.
_Sólo déjame en paz. – susurré. – Quiero estar sola. Y no, no conozco a esos señores, no tengo problemas, sólo quiero dejar de sentir este dolor que tengo en el pecho y que me consume día con día, solo quiero dejar de sentirme miserable. – descargué toda mi rabia con ella. – ¿Contenta? Obtuviste tu respuesta, ¿No? – agregué.
_No eres la misma Liana que conocí. – se limita a decir, pude notar algunas lágrimas en sus ojos. Esto me duele más a mí que a ti Epril, pero no puedo hacer nada, no quiero hacer nada. – Cuando quieras hablar estaré para ti, no lo olvides. – agregó ella dirigiéndose nuevamente a la habitación.
_Está bien. – susurré con un nudo en la garganta, no quiero seguir siendo la misma niña de siempre, no quiero ser débil. – Esto es lo mejor. – me dije para mi misma. Me dirigía a la cocina, todo se ha vuelto tan extraño que mi cabeza quiere explotar de tantas cosas que me han sucedido hoy.