Cuando escuché lo que Epril me dijo, fue cómo si sus palabras hicieran eco en mi cabeza, no puedo creer todo lo que me estaba pasando, ¿Por qué a ella? No se lo merecía para nada, porque no llegué para tratar de impedirlo, si yo hubiera estado allí nada hubiera pasado, seguramente Filippo hubiera aparecido y hubiera acabado con aquel maldito enfermo. _ Yo… Epril, no-no puede s-ser, estás mintiendo. – dije sonriendo, no era capaz de creer algo de esa magnitud, mas bien, me negaba a creerlo. – No pudieron hacerte eso, Epril. No a ti. – mencioné cayendo de rodillas al piso, ¿No pudo pasarme a mí? ¿Por qué siempre a las personas que amo? Ella se acercó hasta mí, me encontraba derrotada, no sabía cómo sacar a mi amiga de ese pozo en que la habían metido. _ Liana, no te preocupes, ya todo es

