_ No lo entiendes, ¿verdad? – pregunté alterada. – ¿Qué parte de que las paredes tienen oídos no entiendes? – volví a preguntar después de algunos segundos. Lleve una de mis manos a mi frente en señal de frustración. – Esté no es un buen lugar para que hablemos. – volví a decir. – No te puedes esperar a que lleguemos al patio. – terminé de decir ya exhausta de tanta preguntadera y malas intenciones. _ Va bene. – respondió ella después de algunos segundos, de verdad no me importaba cómo se estuviera sintiendo ella ahora, sólo quería contarle lo que pasaba y que, además, me dejara de una maldita vez en paz. – Estás muy cambiada, Lia. – agregó ella mientras me miraba desde atrás, lo sabía porque había echado una ojeada para cerciorarme de que siguiera detrás de mí. Seguimos caminando hast

