Minutos después de sus palabras fui a la cama con él, esta vez no me estaba abrazando, creo que no se atrevía a hacerlo, me sentía cansada, mi mente no era capaz de pensar en absolutamente nada, así que solo me dormí, el sol alumbró la habitación, seguramente ya era tarde, recordé que esta era la pieza de Santino y que él había dormido conmigo. Miré a mi lado, pero no estaba allí. Me di una ducha en el baño y luego me vestí, ordené la habitación y me dispuse a bajar a investigar dónde estaba la cocina. _ Buenos días, señorita. – mencionó una mujer desde mi espalda. _ Buenos días. – respondí de una manera indiferente, no sabía quien era o si era buena idea dirigirme a ella. _ Seré la encargada de satisfacer sus necesidades. – mencionó nuevamente, no podía creer lo que estaba escucha

