PARTE SEGUNDA-41

2008 Palabras

«¡Vaya, que si yo me fiara de usted para guardar la casa!... A ver, atención... ¿No siente usted un ruidito como si alguien estuviera tentando la cerradura?... ¿Ve usted?, ahora empujan... ¿qué es esto?». —Señorita... ¿sabe?, es el viento que rebulle en la escalera. No sea usted tan medrosica... Lo más particular era que la misma Fortunata, al correr el cerrojo con tanto cuidado, había sentido, allá en el más apartado escondrijo de su alma, un travieso anhelo de volverlo a descorrer. Podría ser ilusión suya; pero creía ver, cual si la puerta fuera de cristal, a la persona que tras esta, a su parecer, estaba... Le conocía, ¡cosa más rara!, en la manera de empujar, en la manera de rasguñar la fechadura en la manera de probar una llave que no servía. Durante un rato, señora y criada no se m

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