Capítulo 4: Marido y mujer

3434 Palabras
El carruaje, entre quejas y discusiones, por fin llegó hasta la mansión con la futura pareja Scanlan. Andrew le ofreció la mano a Kate para ayudarla a bajar, sin embargo ella saltó hacia el suelo con la intención de no utilizar nada de lo que le diera él. ―Ve a probarte el vestido ―ordenó y le entregó el enorme bulto de tela que se encontraba dentro de una bolsa de más tela. Katherine quería contestar tan altiva como siempre, sin embargo él no le pidió su opinión y se negaba a responder para que le propinara un golpe más. Tomó con mala gana el vestido y se introdujo a la mansión para recostarse un momento y descansar para la boda que le esperaba mañana. Una vez que estuvo dentro de la habitación botó el bulto de tela en el suelo y se dejó caer en la cama. Ella estaba harta de haber pasado el día fuera, a pesar de que la habían llevado a un lugar desconocido y curioso a su parecer. ―Señorita Katherine, ¿sigue usted despierta? ―dijo alguien de la servidumbre. Kate dudó si contestar o no, pero finalmente accedió para no meter en aprietos a la pobre empleada de Andrew. ―Sí, pasa ―ella se enderezó y puso los pies en el suelo para impulsarse hacia la esquina de la cama. ―¿Qué es lo que sucede? ―Me han mandado a avisarle que mañana vendrán por usted temprano para la boda. Por lo que mañana, cuando recién salga el sol, subiremos para arreglarla ―se inclinó a modo de reverencia y salió rápidamente de la habitación. Por si no fuera suficiente la angustia de tener una boda, ahora tendría que levantarse temprano a pesar de ser tan tarde para dormir. Y todo por culpa de Andrew,  quien tuvo la maravillosa idea de ir de compras. Katherine se recostó sobre la cama por tercera vez desde la interrupción de la señorita, sin embargo el sueño la había abandonado por completo. No paraba de pensar en lo que le había pasado en el poco tiempo que pasó después de la subasta. ―Tendré que levantarme a hacer algo ―comentó a sabiendas de que estaba sola en su habitación. Se preguntaba si le impedirían salir de ahí. Cogió un abrigo que encontró cercano a su cama y se lo puso, se calzó unos zapatos cómodos y bajó a la cocina para comer algo que la ayudara a controlar sus nervios. Estuvo buscando alimento, pero lo único que encontró fue la pila de trastes sucios. Agarró la fibra que estaba dentro de un cuenco de madera y comenzó a tallar los platos para distraer su cabeza de los pensamientos acerca de la boda. Cuando volvió a concentrarse en su labor de lavado se dio cuenta de que ya le había ahorrado el trabajo a la servidumbre que se encargaba de eso. Bueno, después de todo ella sería la futura señora de la casa y tendría que encargarse de ese tipo de labores domésticas. ―Señor, no encontramos a la señorita en su habitación ―entró gritando una sirvienta mientras su cara enrojecía por el esfuerzo de bajar las escaleras corriendo sin parar. ―Estoy aquí señorita. ¿Necesitan arreglarme ahora? ―preguntó Kate mientras ayudaba a la criada a sentarse en un banquillo para que recuperara el aire perdido en la carrera que pegó por culpa suya. ―La esperan en el aseo de su recámara, ahí la bañarán para que se vea excelente. Katherine siguió las instrucciones y regresó a su habitación con la esperanza de que el proceso de su cambio de imagen tardara el menor tiempo posible. Abrió la puerta del cuarto de baño y la tina de mármol estaba llena de agua humeante con flores de lavanda que le daban un aroma delicioso. ―Dese prisa señorita Katherine porque vamos retrasadas. Sin previo aviso comenzaron a tallar la piel de Kate para dejarla reluciente a pesar de que ella protestara por el fuerte trato que estaba recibiendo por parte de esas mujeres. Ellas solamente tallaban y tallaban sobre su piel sin importar que Katherine sintiera que se la estaban arrancando a trozos. ―Ya basta, sé hacer esto sola ―protestó con dificultad, pues en ese momento le estaban vaciando un balde de agua sobre la cabeza. ―Sabemos eso muy bien, pero el joven amo ha ordenado esto y debemos de cumplir con sus órdenes ―se limitaron a contestar y siguieron con su labor designada. Después de su baño, Kate fue dirigida a una de las habitaciones vacías para que le pusieran un poco de polvo y maquillaje para la ocasión. En sus párpados untaron un polvo de minerales color rosa pálido combinado con un rosa más obscuro para darle profundidad; además, rizaron sus pestañas y limaron sus uñas. ―Sus manos están maltratadas ―comentó una de ellas ―¿Acaso no las humecta? ―No suelo hacerlo porque generalmente yo cocino para mi familia además, acabo de lavar los trastes sucios y creo que eso las maltrata más ―soltó una risa y entonces las sirvientas se sorprendieron. Ellas creían que su forma de actuar ante la presencia de la hermana del señor Scanlan era algo natural, pero al parecer ella era toda un ama de casa. ―Disculpe que lo pregunte señorita, ¿pero cuántos años tiene? ―No se tu nombre y creo que eso es importante para decirte algo tan personal como eso, además de que las buenas formas dicen que no debería estar preguntándole eso a una dama ―respondió Kate a modo de broma, sin embargo la sirvienta lo tomó enserio. ―Discúlpeme por favor, me llamo Norma y no era mi intención cometer semejante ofensa ―terminó y entonces Katherine volvió a reír. ― Muy bien señorita Norma, tengo diecisiete años. ―¿Sabe usted cuántos años tiene el joven amo? ―¿Con ‘joven amo’ te refieres a Andrew?, si es así entonces no tengo ni la menor idea. ―Él tiene veinticinco años, lo que quiere decir que va a casarse con alguien mucho mayor a usted. La indignación de la sirvienta por el hecho de que una menor se casara con Andrew era demasiado evidente para todas las mujeres que estaban dentro de la habitación. Pero Kate no quiso darle más importancia de la que ya todas  le daban. ―Ya veo, pero no puedo cambiar las cosas y, por lo que me ha dicho Andrew el día de ayer, supongo que ya es hora de que baje al carruaje. Deséenme suerte ―sonrió falsamente y salió de la habitación pensando en las palabras que la joven Norma le había dirigido acerca de la edad de Andrew. Ella no quería casarse con alguien como él, no cuando ni siquiera había amor de por medio. Era consciente de que el único motivo del que ella estuviera a punto de casarse con Andrew  era por simple y llana conveniencia. El carruaje ya la estaba esperando y, a juzgar por el rostro del chofer, había estado ahí esperando demasiado tiempo. ―Perdóneme por favor, no era mi intención tardar tanto ―se disculpó Katherine, causando así la sorpresa de su acompañante. ―No tiene por qué disculparse  y usted, debe perdonarme si la he hecho entender que tuve que esperar demasiado. No era mi intención ser descortés con usted ―repuso el cochero antes de que todo se prestara a un malentendido. ―El error ha sido mío y no quiero que se excuse, será mejor que partamos de una vez a la boda o And...el señor Scanlan se enojará con ambos. ―Como usted ordene ―tiró de las riendas de los corceles y éstos galoparon rápida y cuidadosamente hacia la capilla donde se llevaría a cabo la ceremonia matrimonial de Katherine y Andrew. El camino fue demasiado fascinante para Kate, quien aun no conocía esas zonas de la región ya que nunca había salido de la comunidad de los pobres por temor a que le pudiera pasar algo a su familia. Sin embargo ellos seguramente ya estaban bien con todo el dinero que recibieron. El carruaje se detuvo de golpe y la cabeza de Kate impactó contra el techo del carruaje haciendo que su perfecto peinado se estropeara. ―¿Se encuentra bien señorita? ―preguntó Dante al ayudarla a bajar y verla con el cabello desarreglado. ―Sí, ¿a qué hora comenzará la ceremonia?, debo hablar con Andrew urgentemente porque hay algo importante que debe saber. Inevitablemente Katherine giró a todas partes en busca del rostro familiar de Andrew, sin embargo él ya se encontraba parado en el altar ―Disculpe señorita, pero la ceremonia ya está en marcha y es mi deber entregarla ya que no tiene ningún familiar que la lleve junto a su futuro esposo ―murmuró Dante y le ofreció su brazo a Katherine, quien lo aceptó nerviosa. ―Dante, tengo diecisiete años ―confesó ella a mitad del recorrido. ―No lo menciones frente a él Katherine, no se te ocurra hacerlo. Ambos llegaron al altar y entonces Dante se la entregó a Andrew, quien de inmediato tomó las manos enguantadas de su casi esposa y sintió lo ásperas y maltratadas que éstas se encontraban a pesar de estar enfundadas en aquella tela. No pudo evitar el quedarse observando las marcas en las manos de Kate, sin embargo decidió pasar por alto ese detalle y continuar con la boda. ―Andrew ―susurró quedamente Katherine tratando de llamar la atención de su pareja. ―¿Qué quieres?, estamos en medio de nuestra boda. ¿Ni siquiera ahora puedes comportarte de forma decente? Eso a Kate no podía importarle menos. ―Tengo di... ―Acepto ―interrumpió Andrew para responderle al padre. ―Y usted señorita Katherine, ¿acepta al joven Andrew Scanlan para acompañarlo el resto de su vida? ―Acpeto...Andrew tengo... Cuando reaccionó, Andrew ya tenía sus labios sobre los de ella, sellando así su matrimonio. Todos aplaudieron y eso obligó a Kate a reaccionar y a actuar precipitadamente dándole una bofetada a Andrew enfrente de todas las personas. ―Discúlpenla, no le gusta mucho mostrar afecto en público ―excusó Andrew y la llevó con el brazo apretado en su mano rumbo al carruaje. ―Ahora si dime qué te urgía comentarme ahí dentro. Soltó el brazo de Kate y ella gimió por el dolor punzante que le causo el que él apretara con tanta fuerza. Ella era una mujer, Andrew no estaba tratando con un animal. ―Tengo diecisiete años Andrew Scanlan. Cuando Katherine hizo mención de su edad Andrew palideció. Se acababa de casar con una niña, con alguien que ni siquiera tiene la edad suficiente para contraer matrimonio. Veinte años era el mínimo que necesitaba para una mujer poder casarse, sin embargo ahora debía de cuidar de una niña con pechos desarrollados. Ocultó su rostro con ambas manos y escupió una maldición por lo bajo para que Kate no lo escuchara, sin embargo ella no pudo dejar pasar su decepción y le brindó unas palmadas en la espalda para darle consuelo. ―¿Sabes cuántos años tengo niña?, tengo veinticinco malditos años Katherine, ocho años más que tú ―reprochó y golpeó con el puño cerrado uno de los laterales del interior del carruaje. ―No es mi problema que me creyeras más grande y que ni te tomaras la molestia de conocer mi edad antes de casarte con alguien como yo ―repeló Kate con esa voz chillona que revelaba el hecho de que seguía siendo una niña. ―¿No pudiste decirme antes que no eras mayor de edad? ―Nunca me diste la oportunidad cuando lo intenté. ―Te odio ―murmuró Andrew con desprecio. ―El sentimiento es mutuo. ―¿Qué se supone que haga en mi noche de bodas?, ¿sabes lo que se espera que hagamos? ―Soy consciente de ello, pero descuida,  yo no lo quiero hacer nada más allá de dormir plácidamente y a mis anchas en esa enorme cama ―declaró Kate y se movió de su lugar junto a su ahora esposo. ―Yo jamás tocaría a alguien como tú ―refunfuñó de forma despectiva. En lo profundo de su ser Andrew sabía que existía el deseo de averiguar qué era lo que ocultaba debajo de ese vestido de novia tan elegante.  A pesar de ser una niña él no podía ignorar el par de bultos que amenazaban con asomarse del corsé de aquel vestido. Katherine suspiró e intentó quedarse dormida para no seguir discutiendo con su esposo, la última cosa que quería era ser golpeada por él nuevamente. Sin embargo el traqueteo del carruaje le impedía conciliar el sueño. ―Hemos llegado señores ―anunció el chofer de inmediato. ―Tardaré un poco más en bajar, ustedes adelántense ―comentó Kate con parsimonia mientras alisaba su vestido. ―Como ordene señora Scanlan. ―Solo dígame señorita, no es necesario agregar el apellido. Andrew descendió hecho una furia y cruzó las puertas de su residencia sin siquiera esperar a que Dante le ayudara con su traje de bodas. Esta vez él solo subió a su despacho y se encerró ahí dentro; en parte para sacar su ira haciendo los registros de su empresa, y también para escuchar el momento en el que su nueva esposa pasara caminando hacia su habitación. Estaba llenando unos registros cuando Dante irrumpió en su despacho. ―Estoy buscando a su mujer, ¿la ha visto? ―No, y no me apetece hacerlo. ―¿Ha ocurrido algo malo entre ustedes? ―Sí, me he casado con una niña. Andrew arrojó los papeles que tenía sobre el escritorio al suelo y tiró de su cabello en un vano intento de desprenderse de su ira irracional. ―No lo comprendo señor ―se vio obligado a contestar el mayordomo a pesar de que él ya sabía la noticia que aquella chica le habían dado a su joven amo. ―Ella tiene diecisiete años Dante, es una estúpida niña. ¿Cómo crees que me siento? Esta vez el librero que descansaba contra una de las paredes del despacho fue quien pagó las consecuencias de las malas decisiones y la ira acumulada de Andrew. ―Por lo que veo está sexualmente frustrado ―Dante rió y Andrew le puso mala cara. El mayordomo tenía razón después de todo. Desde que la compró había visto su físico, sin embargo jamás creyó que le perteneciese a una niña, aunque esos atributos ya no fuesen precisamente los de una infante. ―No juegues con eso Dante, estoy esperando a que suba... ―¿Para regañarla como lo haría un padre con su hija?, discúlpeme señor pero creo que debería pasar la noche en su recámara y lejos de ella ahora que se encuentra así. Dante abrió la puerta del despacho para que su joven amo saliera, pero así como la abrió tuvo que cerrarla por la amenaza que se encontraba transitando en el pasillo. ―Deja de jugar Dante y abre de una buena vez ―ordenó Andrew, quien al ver que era ignorado tuvo que ir a abrir él mismo. La realidad lo impactó de golpe y esta vez fue él quien tuvo que cerrar la puerta totalmente avergonzado, a tal grado llegaba la situación que Andrew tuvo que arrodillarse para ocultar su rostro al rojo vivo. ―Por eso no quería abrir la puerta joven amo, disculpe por no advertirle ―el mayordomo apenas y abrió la puerta para verificar que ella ya no se encontrara de camino a su habitación. ―El camino está libre joven amo, lo escoltaré hasta su habitación. ―Creo que mejor dormiré aquí ―susurró Andrew como si tuviera la garganta seca. ―Eso no es algo sensato, le sugiero que se recueste en su colchón. Bajaré a despertarlo por la mañana antes de que ella se levante. ―Está bien ―abrieron juntos la puerta y Andrew salió corriendo como si unos matones lo estuvieran siguiendo. Llegó a la cocina y se encerró ahí en lo que se calmaba después de correr tanto. Espió por la ventana que daba al comedor y vio la pelirroja figura de su mujer deambulando por ahí. Tanto esfuerzo tirado a la basura. ―¿De quién se esconde señor? ―preguntó Katherine al ver el rostro de Andrew salir del borde de la ventana. ―No me escondo, nunca tiendo a esconderme ―se levantó y la afrontó en ese momento rogando a todos los santos para que su rostro no se pusiera rojo como sucedió cuando estaba con Dante. ―Bueno, que descanse bien señor. El blanquecino camisón ondeó alrededor de Katherine cuando ella se dio la vuelta para regresar de donde vino, con el movimiento las tenues transparencias que la vestimenta tenía revelaron el claro color de su piel desnuda. Andrew quería morir ahí mismo, incluso eso sería menos doloroso que ver el cuerpo que le pertenecía a una niña ocho años menor que él. Katherine subió con su vela hacia su habitación, pero una de las criadas la detuvo a medida que ella iba ascendiendo. ―Ahora que ya eres la esposa de mi amo te andas paseando con esas ropas, pero todos aquí sabemos de donde vienes. ―Eso no me interesa en lo más mínimo y tampoco me avergüenza ―Kate se apresuró a responder. ―Eso es bueno, porque el joven amo jamás mantendría relaciones con una niña como tú. ―Eso me alegra. La criada abrió los ojos perpleja por el comentario tan honesto de Katherine. Ella era consiente de que estaba ahí por dinero, no porque realmente amara a ese hombre, por lo tanto no sentía ninguna intención siquiera de acercarse a él en búsqueda de apoyo. Apagó la luz de la vela y dejó a la criada con todos sus reclamos en el pasillo, estaba demasiado somnolienta como para ponerse a discutir en plena media noche. Katherine tuvo otra vez ese sueño del momento justo en el que la casa se incendió, odiaba ese sueño pero no podía parar de preguntarse qué fue lo que sucedió después de lo que ella recuerda. Extrañamente cada vez que soñaba con eso una nueva parte se anexaba a la historia de su gran pérdida. Ella se levantó llorando y decidió bajar a preparar el desayuno para cuando los criados se despertaran y así podrían disfrutar de algo hecho especialmente para ellos. Se puso el primer vestido que cogió del armario y bajó para hervir vegetales. Les prepararía una ensalada de verduras al vapor con mantequilla y un poco de carne de pollo asada en cubos. Comenzó a amanecer y el sol se coló por todas partes de la casa, ya que contaban con demasiadas ventanas en el inmueble. ―Buenos días señorita ―saludó Norma, quien era la encargada de fregar los platos todo el día. ―Buenos días, creo que nuevamente he realizado tu trabajo y de paso el de la cocinera, ¿quieres un poco? ―le tendió el plato con las verduras dentro. ―No debería señorita ―Pero lo preparé para ti y los demás que hacen la limpieza, reúnelos en el comedor y ya serviré los platos. Dicho lo anterior, Norma salió corriendo para reunir a toda la servidumbre. Estaba alegre de poder comer algo hecho por la nueva ama, que jamás pensó en las consecuencias que esto le traería. Todos se sentaron listos para comer, habían dado la primer cucharada cuando de la nada entró Andrew en busca de su ahora esposa. ―¿Qué hacen todos ustedes en mi comedor?, dejen de haraganear y vayan a hacer sus deberes ―ordenó Andrew y todos comenzaron a salir despavoridos de ahí. ―No les hables así, ellos tienen hambre y ni siquiera es la hora de que inicien con las labores diarias. Incluso yo misma les he dicho que coman conmigo ―defendió Katherine una vez que ambos se encontraron a solas. ―Tú solo puedes comer conmigo, hacerlo con los lacayos es un crimen para una mujer que debería tratar con la alta alcurnia. ―Yo no pertenezco a ese mundo, la servidumbre es más apropiada para mi. Inclusive hay alguien que podría llevar a cabo ese papel justo en tu casa y no te has dado cuenta. Ella me enfrentó en las escaleras en la noche, y también fue por ella que quise darles de comer como disculpa a los malos tratos de los que fueron víctimas. ―Tú no tienes que disculparte de nada ―alzó la mano para volverla a abofetear, pero fue ella la que se adelantó y cerró ambas manos al rededor del brazo alzado de Andrew. Ella no quería volver a ser sometida a las decisiones de ese hombre tan tirano. ―Si buscabas someterme estas muy equivocado Andrew, para tu mala suerte te has casado con una persona que ha mantenido a toda su familia por mucho tiempo. Si crees que es fácil que me doblegue estás muy mal . Inútilmente Andrew trató de abofetearla del otro lado, pero ella retrocedió justo a tiempo para evitarlo. ―Vuelve a ponerme una mano encima y te vas a dar cuenta de lo que muchos aprendemos las personas estando en las calles. Se levantó un poco el vestido y caminó tranquilamente hacia el exterior de la casa para disculparse con la servidumbre y para darles una explicación por lo sucedido. Cuando puso un pie afuera de la casa la interceptó nuevamente aquella cruel mujer que la interrumpió en las escaleras. ―No vuelvas a hablarle así a mi amo, Aquella criada sinvergüenza no dudó ni dos segundos en golpear a Katherine con el puño cerrado justo en la mejilla. Tal y como los salvajes suelen hacer. Inevitablemente Katherine se llevó la mano al sitio dañado y por fin sintió el metálico sabor de su sangre en el interior de la boca. ―Si piensas ser la futura señora de esta casa te recomiendo que no le pongas ni un dedo encima al joven amo o te las verás personalmente conmigo ― la criada escupió sobre el vestido de Kate y se retiró como si nada hubiese pasado.
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