Capítulo 3: Señora Scanlan

2683 Palabras
Las sirvientas aplicaron crema y otros productos cosméticos sobre la piel blanca de Katherine, inclusive pusieron un poco de labial en ella. ―¿Les he mencionado cuánto odio esto? ―dijo Kate, harta de todo lo que le estaba pasando. ―Tres veces antes de que terminemos ― respondió una de las sirvientas mientras le aplicaba una loción en las muñecas. ―Listo, hemos terminado. Todas se apiñaron en un rincón de la recámara para observarla de arriba hacia abajo y darle el visto bueno. Y vaya que se veía bien. Pronto todos corrieron a arreglar las mesas y preparar el salón de eventos. Si Andrew llevaba compañía debían preparar lo mejor de lo mejor para recibir al invitado. ―Pronto llegaremos Citlaly, sin embargo debo advertirte que los modales de mi prometida puede que no sean refinados ―advirtió el joven al recordar el estado tan defectuoso en el que había recibido a la mercancía en cuestión. Andrew comenzaba a pensar que haber mantenido en secreto su compromiso salido de la nada habría sido una mejor opción para todos. ―No me interesa, sólo quiero verla y ya...bueno, tal vez una comida a cambio de la que me acabo de perder no estaría mal ―dijo Citlaly en un vano intento de quitarle la tensión a su hermano. ―Está bien porque ya hemos llegado ―bajaron del carruaje y los escoltaron hacia el interior de la mansión. ―Lady Katherine, han llegado el señor Scanlan y Lady Scanlan ―presentó Dante ante Kate, quien se encontraba bajando las escaleras de una forma delicada, como su madre le había enseñado cuando aún tenían una casa propia…y a su padre. ―Gusto en conocerla señorita Scanlan, Andrew me ha hablado un poco sobre usted y sus negocios en la industria textil ―murmuró y terminó de bajar las escaleras. Andrew había escuchado que el maquillaje hacía maravillas con las mujeres, sin embargo Katherine era la prueba fehaciente de que eso era verdad. Su blanca y delicada piel se notaba bien ahora que no tenía las manchas de mugre encima, incluso su busto se veía un poco más prominente de lo que lo hacía ver el vestido verde que cargaba desde que la compró. Por un momento sus cinco sentidos fueron atrapados por la belleza física de Katherine, hasta que una de las sirvientas le lanzó un corcho desde detrás de una de las enormes cortinas para que reaccionara. ―Que lindo cabello, ¿tardas mucho en cepillarlo? ―fue lo primero que dijo Citlaly, incluso antes de devolverle el saludo. ―No, las sirvientas son las que se han encargado de ello todo este tiempo, pero cuando yo lo llego a hacer, me resulta muy rápido el ejercicio. ―Que mujer más linda ha conocido mi hermano...¿pero dónde fue exactamente? ―una sonrisa satánica se asomó en la boca de Citlaly, lo que logró que Kate diera un respingo y que su mente se pusiera a trabajar en un momento romántico para el encuentro de lo que sería una pareja amorosa. ―Fue casualmente en una reunión con los empleados de una constructora, él asistió a supervisar la obra y en ese momento yo iba llegando con mi padre. Al parecer, como era la única mujer ahí, se vio obligado a hablarme y voilá, así fue como ambos terminamos juntos ―el relato era demasiado convincente. Andrew aún no tenía ni la menor idea de cómo podía saber Kate algo acerca de su familia, si ni siquiera habían hablado al respecto. Probablemente en la noche se lo preguntaría. ―Pasen, justo las empleadas estaban preparando la comida ―agregó la bella anfitriona que al fin había logrado acercarse a la invitada de Andrew. No, definitivamente Andrew creía que ella debió haber pertenecido a la clase alta como para saberse comportar de esa manera. Los hermanos caminaron charlando de negocios hacia el comedor para invitados que se encontraba del lado contrario al de la familia. ―Esto es extraño, creí que me recibirías en el comedor familiar Andrew. ―No...por supuesto que no. Katherine es mi esposa y por lo tanto mi nueva familia ―aseguró mientras se alisaba unas arrugas inexistentes en la camisa, ―pero como aún es mi prometida, podrías pasar al comedor familiar si es lo que deseas. ―Me es indiferente el lugar ―la mujer en cuestión se sentó frente a Kate en un vano intento de intimidarla. ―Dime cariño, ¿de dónde vienes? ―De una casa hecha añicos por un incendio ―habló esta vez con honestidad, pero al ver la reacción de la hermana de Andrew ésta se vio en la necesidad de mentir nuevamente. ―Mi casa se incendió, sin embargo mi familia se encuentra bien, nosotros debemos enfrentar estas cosas con la cara en alto. Después de todo lo que hemos pasado sería como pintarle una raya más al tigre. Para evitar otra pregunta de ese estilo, se llevó el vaso con agua hacia sus la labios hasta que no le vio el fin. ―Vaya que tienes hambre ―murmuró Andrew, era lo único que le había dicho a Kate desde que había llegado con su hermana. ―Llevaba días sin comer... ―al ver los ojos tan abiertos de su invitada y la mirada de reprobación de su amo, dejó inconclusa la frase para agregar después…―sin comer algo tradicional de esta región, mi familia y yo éramos más devotos hacia los mariscos. El silencio llenó todo el comedor hasta que todos terminaron lo que estaba en sus respectivos platos, entonces ese fue el momento de que la señorita Citlaly se retirara de la mansión. ―Hasta luego, les diré a los abuelos que vengan a visitarlos ―sacudió el abanico en el aire como gesto de despedida mientras el carruaje se alejaba cada vez más y más de la casa de los Scanlan. Entonces ella por fin pudo relajarse ahí dentro sin que nadie la viera. El carruaje ya iba muy alejado de la mansión como para que alguien cercano a su hermano pudiera escucharla. ―Maximiliano, sigue observando lo que pasa ahí dentro, necesito saber de dónde ha salido esa mujer y de paso iremos a visitar a una vieja amiga ―ordenó Citlaly. ―Como usted ordene, señora. El carruaje salió disparado hacia una de las zonas más adineradas de todo el país. Incluso ahí eran más poderosos que su familia. Mientras Dante recogía todos los trastes que se ocuparon al momento de la comida, Katherine estaba cabizbaja apoyada contra la pared recibiendo los gritos de Andrew. ― ¡¿Crees que un poco de maquillaje y un vocabulario maduro ayudarán a disimular las cosas?! ―estalló iracundo mientras caminaba de un lado a otro. ―Pero esa fue idea suya señor ―repeló Kate sin intimidarse en lo más mínimo. ―Creo que hace falta un poco de disciplina para que aprendas a callar hasta que alguien pida tu opinión. ―Pero usted preguntó... ―el fuerte golpe que Andrew le propinó en la mejilla la hizo callar y caer al suelo mientras sobaba el lugar que recibió el impacto. ―¡Te dije que callaras!, es una maldita orden y debes obedecerla ―esta vez su voz no fue tan dura, pero a Katherine le transmitía el mismo sentimiento. Dante se vio tentado a intervenir para evitar el golpe que le dieron a Kate, pero entonces eso significaría que su devoción era para con la señorita y no para Andrew, quien le había pagado por sus servicios hasta entonces. ―Levántate, que aún no he terminado contigo. Camina a mi despacho ―ordenó mientras observaba a Kate permanecer inmóvil en el suelo. ―No ―susurró Katherine con todo el valor y la dignidad de la que fue capaz de hacerse, ―no iré con usted a ningún lugar, no hasta que se tranquilice. ―¿Acaso necesitas de golpes para entender cuál es tu posición en este sitio? Déjame recordarte que prácticamente te saqué del basurero junto con tu familia, supongo que eso me hace dueño de todo tu ser y debes obedecerme. Incluso si digo que te desnudes aquí frente a todos debes de hacerlo ―esta vez su tono de voz era más serio y cargado de arrogancia. ―No pretendo sentirme más o mejor que usted señor, pero el simple hecho de ser un ser humano me hace igual a usted, con más o menos dinero pero somos iguales. ―¿Iguales dice?  Yo jamás me vendería por dinero. ―¿Ni aunque su madre y su hermana se estuvieran muriendo y su paga fuera casi de cinco zyitas por día? Por favor, sería capaz hasta de vender su dignidad si eso le asegurara el bienestar de los suyos ―respondió Katherine dignamente mientras levantaba el rostro para verlo directamente a los ojos. ―¿Tú vivías así? ―la respuesta de ella lo dejó perplejo. ―Peor, pero gracias por su falta de interés ―retiró la mano que cubría la rojez del golpe sobre su mejilla y se puso de pie aunque las piernas le temblaban. ―Realmente lo siento... ―Sé que no lo siente y me alegro por usted. Si quiere sentir lástima por mí, será mejor que se de un buen golpe para hacerse reaccionar ―dio unos pasos hacia el costado para retirarse de su camino y empezó a caminar en dirección a las escaleras que la llevaban a su habitación. ―Perdona ―dijo en un susurro que obviamente fue inaudible para los que se encontraban ahí. La imagen de una señorita delicada como ella trabajando por una miseria mientras su familia moría de hambre le ponía los pelos de punta, sin embargo él la había ayudado, gracias a su dinero esa familia fue capaz de salir adelante. ―Dante, tú que también fuiste pobre, dime qué es lo que más se te antojaba hacer antes de trabajar para mi ―interrogó de la nada con cierta esperanza en su rostro. ―Bueno... si lo dice por la señorita Katherine supongo que a ella le gustaría que le compraran ropa nueva y femenina ―respondió mientras secaba una copa con la franela que siempre utilizaba. ―Muchas gracias, esta noche la llevaré con el sastre ―mostró una sonrisa y fue directo a su despacho a hacer sus cuentas para la empresa, después iría a la habitación de Kate con un ramo de flores cortadas de su jardín. El libro de cuentas estaba a punto de llenarse después de las cifras de pérdidas que tuvo que establecer desde que su padre cayó en coma. Ahora la empresa estaba en tratos con personas de Inglaterra para poder ampliar su mercado y hacer incrementar los ingresos de las industrias Scanlan. Cuando dio por finalizado su registro, bajó a los jardines para cortar personalmente las flores que le entregaría como parte de su disculpa. ―Anne, ¿cree usted que estas flores le gustarán?, son las más caras que crecen en nuestro jardín ―preguntó mientras observaba detenidamente todas las flores para asegurarse de darle alguna del color de su preferencia. ―Por supuesto señor, si me permite le recomiendo unos crisantemos pequeños anaranjados y las orquídeas amarillas ―la joven criada se acercó y le dio las flores para que las oliera. ―Son hermosas. Mientras preparo un par de cosas necesito que arreglen a Katherine por favor. Anne levantó una ceja y dejó que una sonrisa burlona se asomara en su rostro. Su jefe estaba actuando de una forma extraña debido a la señorita recién llegada. Entre todos era bien sabido que estaban comprometidos, pero no esperaban ese tipo de actitud por parte de su amo tan pronto. ―¿Qué es lo que estás esperando para subir a arreglarla? ―No es nada, enseguida subo señor ―agachó la cabeza y salió corriendo para que su amo no viera ni escuchara la risa que estaba a punto de soltar Andrew continuó cortando las flores hasta que tuvo una cantidad considerable de ellas en ambas manos. No era una docena de ellas, eran más de veinte de cada tipo de flor que se le ocurrió agregar, en caso de que alguna no fuera de su agrado. ―¿Necesita que la señorita baje? ―preguntó Dante tendiéndole un empaque para las plantas. ―No, subiré a su habitación ―rechazó el empaque de tela que sostenía su mayordomo y se introdujo en la casa. Fue a la sala por sus guantes y se los colocó, después cogió el ramo de flores y subió hasta la habitación de Katherine; a pesar de que aún no le daban la orden de que pasara porque ella se estaba arreglando, tocó la puerta hasta que por fin la abrieron. ―Espere un momento, aún no está lista ―la criada le cerró la puerta en la cara. Andrew posó su oreja contra la puerta para escuchar algo, sin embargo lo único que parecía audible eran las risas de todas las mujeres que se encontraban ahí dentro. ―¿Puedo pasar ahora? ―pregunto con un poco de fastidio. ―Adelante, ella está lista señor ―la tropa de mujeres salieron de la habitación soltando risitas y haciendo comentarios tontos al respecto de lo que había pasado ahí dentro. ―¿Qué es lo que quieres ahora? ―preguntó Kate con hostilidad. ―Quiero pedirte perdón...toma, son tuyas ―tendió el ramo de flores. Katherine intentó tomarlo todo completo, sin embargo una espina se le enterró y rasgó un poco de la piel de su dedo meñique. ―Normalmente se le quitan las espinas a las flores antes de entregarlas ―murmuró y depositó el enorme ramo sobre su tocador. ―Además de que suelen darlas en menor cantidad. ―¿Podrías dejar pasar esos detalles por favor? Creo que ha quedado claro que no tengo dotes para la jardinería ―Kate sonrió tras su comentario. ―Como diga señor. ¿Quería que me arreglara sólo para recibir sus flores? ―No, quiero que vayamos a un lugar muy importante ―le ofreció su brazo pero ella no lo tomó, solo caminó a su lado como una extraña lo haría. ―¿A dónde vamos exactamente? ―No te lo puedo decir, pero te aseguro que va a gustarte ―comentó antes de ayudarla a subir al carruaje. El camino fue demasiado largo para Katherine. Por un tiempo sintió que sus ojos se cerraban por si solos y se vio tentada a recargares en el hombro de Andrew para poder conciliar el sueño, pero prefirió pasarse al asiento de enfrente con tal de mantenerse despierta. ―¡Hemos llegado señor! ―gritó el chofer y le ayudó a Kate a bajar del carruaje. ―Muchas gracias, ¿cuál es su nombre? ―Camina Katherine ―ordenó Andrew y evitó que el chofer contestara a su pregunta. ―Es lo que hago ―dio un par de zancadas largas para posarse al lado de su futuro esposo. Porque eso era, aunque le doliera admitirlo. Caminaron uno al lado del otro sumergidos en sus pensamientos. Ninguno dijo algo al otro para hacerlo hablar. ―Hemos llegado. Andrew se detuvo frente a una casa que parecía vieja por fuera, sin embargo estaba llena de lujos vieras por donde la vieras. ―¿Me vas a volver a vender?, te ruego que no lo hagas mira, incluso me arrodillaré ante ti y callaré si es lo que deseas ―se hincó ante él y agachó su cabeza hasta posarla cerca de los pies de Andrew. ―Levántate ahora mismo. No voy a venderte ―regaño Andrew y la puso de pie nuevamente. ―Gracias señor... ―Te he dicho que me llames por mi nombre Katherine, ahora pasa a que te tomen las medidas. ―¿Para qué? ―Tú entra ahí ―la empujó hacia el interior de la casa y los recibió el sastre de su familia. ―Necesito un vestido para la señorita. Los ojos de Kate se iluminaron en cuanto se fijaron en un vestido dorado que se encontraba sobre una especie de maniquí de madera. Se aproximó a él para sentir su textura, sin embargo el sastre la golpeó en la mano para que no tocara ningún objeto. ―Venga aquí señorita ―pidió con amabilidad el sastre y llevo a Kate a subirse sobre un banquillo para que pudiera trabajar mejor. Le tomó algunas medidas para basarse en el diseño del vestido y le dio a elegir la tela, sin embargo la del vestido dorado no se encontraba ahí. ―Quiero que mi vestido sea igual a ese ―musitó señalando directamente hacia el vestido dorado. ―No puedo hacerlo, este es exclusivo para la heredera de la corona británica, pero puedo hacer uno similar. ―Gracias, pero en ese caso quiero algo sencillo, por favor ―hizo una reverencia y salió de la casa para subirse al carruaje. Estuvo esperando dentro de su transporte bajo la mirada pesada del cochero. Ella quería conversar con él pero temía que Andrew la viera y la regañara, fue por eso que prefirió permanecer sentada hasta que su futuro esposo regresara a su lado. Estaba cabeceando de sueño cuando la puerta se abrió y entró Andrew cargando un enorme vestido. ―Mañana nos casaremos y pasarás a ser la señora Scanlan. Por eso creí pertinente comprarlo ―dejó el vestido blanco sobre el asiento del frente y ésto obligó a que Kate se pegara a Andrew para entrar en el carruaje.
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