IV

1450 Palabras
La atención de todos los hombres estaban en su figura, él era un hombre alto pero demasiado delgado para su rango, sin embargo lo que ocasionaba más confusión entre los soldados era aquella frase que escuchó susurrar por quinta vez en el día: — ¿Porqué el trierarca permanece siempre con el krános? —Déjate de imprudencias y sigue caminando. Los hombre estaban comenzando a sospechar sobre ella. Era bastante raro que un Trierarca tuviese todo el día con el krános colocado, empezando porque hacía mucho calor con el, y terminamos porque Olimpia era un lugar muy caluroso y tenía un solo implacable. También, los trierarcas eran muy presuntuosos y les gustaba mostrar sus rostros para presumir sus actos.No sabía cuanto iba a durar su farsa pero ella esperaba que fuera lo suficiente como para luchar, no había llegado hasta Olimpia para rendirse simplemente esa palabra no era conocida para Xanthe. — ¿Cuánto falta para llegar a Esparta? —pregunto uno de los hombre. —Falta poco, dejad de quejadse y andad —rugió la voz de Miltiades. El transcurso fue silencioso, pronto Xanthe se dio cuenta de que los peltastas se le quedaban mirando siempre, tratando de descubrir el rostro detrás el krános, aquello la hacía encogerse temerosa de ser descubierta, no obstante nadie aún la descubría. La noche cayó ante los pies de los guerreros justo en frente de Esparta, los peltastas ya muy ansiosos preguntaron las indicaciones a Miltiades y uno que otro al misterioso hombre del krános, pero sin responder miraba a Miltiades. Jamás había llegado tan lejos, bien era verdad que siempre escapaba de su padre en misiones de la infantería ligera, pero nunca de este calibre. Xanthe frunció el ceño al darme cuenta de algo inusual, no le dio importancia al escuchar a Miltiades hablar. —Amaneceremos aquí, y mañana os daré las ubicaciones. Algo que había visto del grupo de peltastas era que a pesar de ser tantos, todos se entendían tan bien y eso le gustaba a la princesa. Nicolaus y Pancratius hicieron la fogata, mientras los demás estaban en busca de ramas mientras tanto ella yacía sentada sobre un tronco viendo como el fuego consumía las ramas con Miltiades a su lado. — ¿Crees que puedes hacer esto Xanthe? Un nudo se hizo en su garganta al descubrir que el hombre a su lado no confiaba en ella, entonces levantó la barbilla y miró a sus ojos retándolo. — ¡Pues claro! —No es un juego princesa, los espartanos son los que menos juegan. Y ella lo sabía. —Estoy lista para esto, confía en mi. Miltiades asintió pero Xanthe supo que sin embargo estaba reacio, no podía hacer nada más, nadie nunca había confiado en ella ni en su destreza. Suspiró con cansancio mientras que volvía su vista al fuego. Media hora después todos estaban sentados al rededor de la fogata, los peltastas reían y conversaban, Miltiades se habían alejado un poco para inspeccionar el lugar, y me sentía realmente incómoda. — ¿Por qué se mantiene con el krános? Esta pregunta que había tomado por sorpresa a Xanthe la había hecho Aeschylus. Todos quedaron en total silencio observando la reacción del trierarca y pronto se sintió temerosa, no sabía que hacer ante las insistentes miradas. —Es realmente un asco por debajo de ella, agradeced que no os deje ver su rostro. Xanthe se sintió muy aliviada de que Miltiades hubiese intervenido, porque estaba congelada en el lugar. —Phoibos es realmente feo ¿Por qué no usas el krános siempre? Los peltastas comenzaron a reír por el comentario de Hesiod, y ella se sintó tentada a hacerlo también. —Lo que sucede es que Phoibos es feo por naturaleza en cambio el trierarca Hilarion tuvo un combate con el dios Apolo quien destruyó su rostro. Todos quedaron sorprendidos ante lo que añadió Miltiades, incluso Xanthe, que ahora se llamaba ''Hilarion'', adoraba a Miltiades, pues era como su padre pero siempre inventaba más de la cuenta, tenía una imaginación muy grande. — ¿Podéis contarnos más del combate con el dios Apolo? — ¡Claro! por lo que veis, vuestro trierarca es muy fuerte pues a pesar de que Apolo le destrozase la cara logró salir con vida de aquella terrible batalla. No podía creer cuantas mentiras podía formular el cerebro de Miltiades, de cierta forma era algo gracioso. Aún más graciosa era la cara de admiración por parte de los peltastas con cada mentira de su tierarca. Sin embargo se dio cuenta de que uno de los peltastas en especial, le observaba desconfiado, a lo mejor no se creía nada de lo que Miltiades decía. Finalmente, uno con sentido común... Pensó Xanthe antes de desviar la mirada de Aeschylus, ese rubio era más inteligente de lo que pensaba. Había sentido una intensa mirada en ella y la tensión la estaba volviendo loca, sin contenerse se giró hasta aquel hombre que le hacía poner los pelos de punta. Al encontrarse con su mirada contuvo un jadeo, Aeschylus la miraba como si quisiera descubrir su rostro, como si la pudiera ver por encima de su krános. Ante aquel pensamiento Xanthe se sintió cohibida entonces se levantó poniendo a todos en alerta, pero solo una mirada lograba quemarla y ella sabía a quien le pertenecía. —¿Te vas ya? —preguntó Miltiades rompiendo el silencio. Xanthe no quería hablar. Sentía su garganta rasposa siempre que hablaba como Hilarión y odiaba ese dolor así que se limitó a asentir.Caminó hasta encontrar resguardo. Entre pensamientos absurdos esperó hasta las 2 de la madrugada, había esperado lo suficiente para que los peltastas durmieran y pudiese escapar a un lugar cercano mientras pudiese quitarse el krános, era muy molesto llevarlo todo el día, sería difícil quitarlo pues habían peltastas rodeando por si se acercaba un espartano así que tendría que tener mucho cuidado. Caminó al rededor del río para después sumergirse tratando de olvidar el peso que caería en sus hombros y después de lavarse salió de este presa del frío. — ¡Oh, diosa Artemisa, ayúdame! —gimió agobiada—. Conocía el destino que le esperaba y no lo quería en absoluto. Las noches eran las horas de su reflexión, tiempo para su nostalgia y agonía. Después de todo las chicas guerreras también se ponen tristes y nostálgicas. Madre, te extraño tanto, mándanos alguna ayuda en esta batalla. —Xanthe... La brisa susurró mi nombre, como siempre que le pedía a su madre, sabía que era ella, lo que no entendía era el por qué nunca se presentaba ante ella. —Clío, muéstrate ante mi en carne y hueso. Entonces esperó... Su propia madre le ignoraba, aunque ya no podía esperar nada si su padre era de la misma calaña, nunca había sido querida por nadie en especial por sus padres. Se echó al suelo entristecida y queriendo reventar en llanto. Así lo hizo soltando toda su amargura por aquellas lágrimas que resbalaban por su nívea piel. Una mano cálida envolvió su hombro desnudo sobresaltándola, había olvidado por completo que cuando se había bañado en el río se había vestido con un peplo olvidándose de su identidad secreta. Miró hacía donde estaba el hombre con largos cabellos rubios mirándole con compasión y lástima. Xanthe apartó sus lágrimas con rabia para después dejar caer sus manos a su lado, lo miró profundamente asustada. — ¿Qué es lo que hace usted, Tóso ómorfes, tan solitaria y con tanta tristeza encima? El piropo me hizo sonrojar tenuemente, llevó sus manos hacía su cara quitando el resto de lágrimas que le quedaban en el. —¿No preguntarás qué hago aquí? Él negó con la cabeza y se agachó a su altura. —Me interesa más saber la causa de las lágrimas. Sonrió un poco, si le hubiese descubierto otro quizás Cleitus ya hubiese corrido a contarles a todos que la princesa Xanthe se había colado en el grupo y de seguro su padre arrancaría la cabeza de Miltiades y bebería de su sangre deleitándose, y después el postre sería ella. —Es una larga historia —cortó—. La intensidad de la mirada de Aeschylus casi la dejó sin aliento, tuvo que desviar su mirada hacia otro lado para poder concentrarse en algo más que no fuera el hermoso brillo que tenían sus ojos. —Rogaré a Eos y Apolo porque no hagan su aparición. Xanthe rió ligeramente, había descubierto repentinamente que Aeschylus le gustaba, lo toleraría. Estaba agradecida que fuera él quien la había descubierto, de lo contrario estaría en problemas. Peplo: es una túnica femenina de la antigua Grecia. Tóso Ómorfo: En griego su significado es ''Tan hermosa''.
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