Su pecho subía y bajaba con rapidez a la vez que aceleraba su paso hacia el castillo. Ahora si estaría en problemas pero poco le importaba, tomó otra bocanada de aire y lo soltó, casi pudo sentir sus pulmones ardiendo por el esfuerzo. Suspiró aliviada al ver a Miltiades frente a ella quien la observaba con la reprobación que se había ganado a pulso entonces se contuvo para no reírse de su cara molesta.
—Xanthe, te están buscando.
—Ya lo he oído, por favor, cúbreme.
El hombre frente a ella gruñó y pese a esto Xanthe ya sabía cual sería su respuesta.
—Trataré.
La sonrisa en su cara se amplió y con efusividad besó la rústica mejilla del hombre.
—Me cambié tan rápido como pude —rió antes de apartarse.
Miltiades le sonrió antes de ir en dirección del castillo.
Xanthe era una jovencita encantadora y por más que quisiera siempre terminaba cediendo ante sus peticiones, no podía hacer otra cosa, ella era como la hija que tenía lejos la cual siempre echaba de menos.
Al darse la vuelta se encontró con la mirada furiosa de Aeschylus, carraspeó para no soltar una risa burlona y dejar al rubio en evidencia, hacía ya tiempo que se había dado cuenta de aquel sentimiento peligroso que se albergaba en el peltasta para con la princesa, era evidente, si aquello si quiera se llegaba a saber no quería pensar que era lo que el rey de Macedonia haría con el muchacho.
La primera vez que Xanthe y Aspasia habían irrumpido en uno de sus entrenamientos los ojos de todos sus guerreros se posaron en las princesas, al parecer el único que se había dado cuenta de la mirada que Asch le dedicó a Xanthe había sido él y agradecía a los dioses por ello, le agradaba el muchacho pese a ser tan serio y cerrado pero lo que más le gustaba de él a parte de su valentía era la devoción que sentía por su pequeña Xanthe.
— ¡Hey! Aeschylus ¡muévete! –Le llamó como si nada dándole la espalda.
Pronto lo siguió tensándose para ir detrás de él hasta que ambos entraron al castillo y un grito encolerizado detuvo sus pasos.
— ¡¿Dónde has estado Xanthe?!
Ambos miraron el rostro de Xanthe quien lucía tranquilo y sin ningún remordimiento.
—En la ciudad con Aspasia.
— ¡Mientes! Aspasia ha estado aquí durante todo el tiempo.
—Xanthe, no quiero más escapadas, serás una sacerdotisa de la gran diosa Artemisa –volvió a hablar el hombre dejando perplejo a más de uno incluyendo a la princesa.
— ¡¿Qué?! ¡Estás loco!
Xanthe no pudo detener el chillido de angustia que salió por los labios entonces Píreo golpeó a la mejilla de la princesa encolerizado por su desobediencia.
Los puños de Aeschylus se cerraron con violencia y tuvo que respirar un par de veces tratando de calmar su ira, quería devolverle el golpe, es más quería matarlo por tocar el delicado rostro de ella, después de todo Xanthe era una mujer y no tendría cómo defenderse.
— ¡Levantaos ya! Llama a tu hermana y vuelve aquí.
La princesa aún yacía humillada en el suelo por el golpe, quería ayudarle, pero si siquiera osaba tocarle, perdería la cabeza por la imprudencia o en el peor de los casos la alejarían de él y ni siquiera tendría oportunidad para tenerla.
Se levantó con ojos chispeantes en enojo y envueltos en lágrimas.
Miró a todos los soldados por última vez entonces concentró su mirada en Methodius quien ahora estaba al lado de Asch y en el rubio.
— ¡Qué tanto miras a estos simples peltastas! ¡Te gustan estos perdedores!
El rey había tomado a su hija del cuello e hizo que los mirara con violencia.
En Aeschylus ardía por salir el hombre violento, quería desquitarse con aquel miserable rey. Siempre había sido protector de las mujeres, pero su impotencia era más fuerte tratándose de Xanthe.
—No, padre –respondió débilmente sin parecerse en nada a su retadora personalidad.
Sin más la soltó casi asqueado.
La princesa derramó una lágrima por semejante humillación y fue a por su hermana.
Su corazón se detuvo al verla marcharse de esa forma, las ganas que tenía de consolarla eran cegadoras sin embargo se contuvo de hacerlo.
En silencio juró que cuando tuviese más poder ser vengaría de la humillación hacia Xanthe, cuando Asch la tuviera para él Xanthe no sufriría nunca más.
Caminó con firmeza aceleró el paso sintiéndose miserable, con rabia quitó el resto de lágrimas de su cara entonces colocó una máscara de frialdad antes de entrar en la habitación de su rubia hermana.
—Aspasia —le llamó.
La princesa mayor y heredera al trono estaba dándole la espalda entonces volteó levemente a ver a Xanthe con cierto fastidio.
— ¿Qué quieres Xanthe?
—Padre te necesita.
Frunció el ceño cruzándose de brazos enviando miradas despectivas por todo el cuerpo de su hermana menor.
—Estoy ocupada.
Nuevamente se volteó a peinarse y a contemplarse en el espejo.
Era su hermana, si, pero por alguna razón le tenía celos, Aspasia siempre la hacia sentir que a su lado no era nada.
Desde que tenía memoria Aspasia fue la favorita de su padre, por ser la mayor le pertenecía la corona, sumándole que había recibido toda la belleza de su madre por ende era muchísimo más hermosa que muchas mortales, incluso que Xanthe.
No le tenía envidia, solo detestaba lo que ella aparentaba.
Era una víbora disfrazada de un cordero.
Siquiera ella asumía como era y no fingía ante nadie.
—A dicho que es importante, mucho más que peinar tu cabello —le reprochó cruzándose ahora ella de brazos.
Resoplando se levantó y paso junto al lado de Xanthe chocando su hombro con el de ella, la castaña le siguió ya mal humorada.
6Aun los guerreros no se retiraban, seguían allí y ahora todos dirigían la mirada a ambas princesas embabados por la presencia de la hermosa Aspasia de rubia cabellera.
— ¡Padre, junto con saber que me necesitabas vine tan rápido como pude! Xan no quería venir, pero la he obligado.
En los ojos de su padre se veía el amor puro por Aspasia mientras que cuando miraba a Xanthe había solo en él decepción. Lo que él no sabía era que Aspasia era una mentirosa con experiencia.
Miró en dirección de su hermana ¿A caso su padre no se daba cuenta de lo que hacía?, Aspasia veía con ojos de lujuria al peltasta con quien Xanthe había hablado hace poco, el rubio.
Otra de las razones de la aversión que sentía ella por su querida hermana era esa, era una hetera9 solo que su padre no estaba enterado.
—Ya que estamos todos juntos, os diré la maravillosa noticia que me regocija, mi querida Xanthe será una koris de la gran diosa Artemisa...
El pánico envolvió tanto a Xanthe como a Aeschylus.
—Pero padre....
Él levantó su brazo izquierdo y abrió su palma enfrente de su cara ordenándole callar.
—Aspasia, se casará con el buen hombre que la pretende.
—Padre –iba a quejarse también su hermana.
—Silencio.
Eso realmente le hizo mucha gracia a la castaña.
El buen hombre del que su padre hablaba era Pericles influyente político quien la tenía por amante lo que ante los ojos de padre era una aberración. Su hermana pintaba a Pericles como el hombre perfecto, y al fin su padre se daría cuenta de la farsa.
Claro que era un nombre inventado por Aspasia para esconder el verdadero nombre de su amante y esconder mejor su secreto pero ella no había contado con la órden de su padre en contraer nupcias.
No quería pensar qué pasaría si Pireo se enteraba quien era el verdadero pretendiente de su hija mayor.
—Mientras tanto vosotros, preparadse, porque están cerca, Miltiades os dirá ahora mismo los lugares donde estarán –dijo refiriéndose a los soldados-—. Espero no seáis unos inútiles, una oportunidad para convertiros en hoplitas o posiblemente trierarcas, moveros ya, ¡La guerra comenzó!
Todos comenzaron a retirarse y Asch la vio abrumada, su corazón estaba inquieto pero encontraría la forma de que Xanthe no se fuera con la diosa, por ningún motivo la perdería.
Y que se convirtiera en una Loris de Artemisa era perderla para siempre.
9Hetera o hetaira: Era el nombre que le daban a las cortesanas, es decir, una prostituta refinada.