Capítulo 9

1751 Palabras
Brand se encogió de hombros, se músculos se dilataron y se contrajeron bajo la piel. -No creo que vaya a matarme. Además, no hay tiempo.Tengo muchas cosas que hacer. A Alina se le encogió el corazón. Brand no sabía, o no quería admitir, ni siquiera para sí mismo, que sufría amargamente.Que la carga que arrastraba era letal.Se limitaba a seguir adelante.Porque había muchas cosas que hacer. Alina buscó palabras. -Soy yo quien ha de pagar por lo que le ocurrió a tu hermano, no tú. La capa de músculos bajo su cuerpo parecía cambiar, reconstruirse hasta formar una masa cuyo poder resultaba temible. Brand se movió, se levantó de tal modo que Alina dejó de oír por un instante su aliento. Brand la arrastró consigo, clavó las manos  en sus brazos. Alina estaba sentada, aprisionada contra el muro sólido de su cuerpo. Atrapada. Pero eso no era lo peor. Podía verle los ojos. -¿Qué tienes tú que decir de Athelwulf, mi hermano? > Alina no podía sacar ni una palabra más de su boca seca. Había convocado a los demonios del pasado y allí estaban, en la furia abrasadora de los ojos de Brand, brillantes como fuego dorado, ardientes como el calor de sus manos. Un ardor febril. Y, porque sabía lo que había pasado, Alina pudo ver el dolor más allá de la furia. -Lo que digo es que lo que le pasó a tu hermano fue culpa mía, no tuya. Tú me rescataste porque creías que no quería casarme con Hun. Lo dispusiste todo.Le pagaste a Hun el precio de la novia. Sí, eso hiciste.Lo sé aunque no me lo dijeras. Tomó aliento. No sabía por el ardor febril de sus ojos si Brand la había oído. Si lo que había dicho había traspasado la fortaleza de su espíritu. -Pero Hun faltó a su palabra y decidió perseguirte de todos modos, a pesar del pago de honor.Lo sacrificaste todo para alejarme de Hun, y Hun hizo que el rey Osred te destruyera por ello. Sólo te quedó el exilio->-. Y Athelwulf... -Mi hermano decidió salvarnos el pellejo a los dos.-Tú no sabías qué haría.Que volvería apartar a Hun de tu rastro. No fue culpa tuya que Hun lo atrapara->-.Fue culpa de Hun . Y mía. Pero Brand no la estaba escuchando,Alina lo sabía. Lo que ella decía no significaba nada a la luz ardiente de sus ojos. Lo intentó de nuevo. -Nada de esto habría pasado si no te hubiera pedido cobijo. No tuviste más remedio que apartarme de Hun...-¿Más remedio? ¿Eso es lo que crees? -Sí-era la verdad. Sin embargo, ella podía sentir su respiración agitada, como sentía la suya propia. Los recuerdos la consumían, y con ellos el deseo, la fiera desesperación, el dolor, que latía dentro de ella, imposible de refrenar. Como si todavía existiera en medio del silencio de Wessex, entre ellos. Alina se esforzó por hablar, por seguir diciendo lo que debía. -Soy yo quien ha de pagar por lo que le ocurrió a tu hermano, no tú. No es una deuda que puedas salvar desdeñando tu vida.La culpa es mía. El poder de Brand, toda aquella intensidad, ferozmente refrenada, podía arrancarle el alma. -¿Por qué dices esas cosas? >. Deseó gritarlo con todas sus fuerzas, para que sus gritos partieran en dos el aire extranjero y meridional. Quería sacarlo a la luz para que no hubiera tinieblas entre ellos, pero no podía.Porque si Brand se enteraba de que había escapado por él, nunca la dejaría . Porque él siempre tomaba sobre sí las cargas de Alina. Ella tomó aire con esfuerzo. -Sé reconocer cuándo he cometido un error. Yo... -no podía sostenerle la mirada. Tuvo que obligarse a articular las palabras-. Fue un error lo que hice, escaparme contigo. Estar contigo. Los ojos de Brand ardían aún. Pero de un modo distinto.La observaba...de otra manera. Alina pensó que iba a hablar.La fuerza con que le apretaba los brazos cambió.Pero Alina no podría haberse apartado de él.No tenía fuerzas. Su respiración era agitada y áspera. Brand debía de pensar que estaba enferma.Loca.O ambas cosas. Alina logró pronunciar las últimas palabras. -Recapacité.Por eso volví a mi sitio.Con Hun. Vio que sus ojos quedaban completamente inertes.Sin vida.Negros.resultaba aterrador.Sus ojos no eran así-.Eran de oro.El oro nunca cambiaba. Era imperecedero. -Tomé un camino- dijo, sintiendo una opresión en el pecho. No podía respirar-. Ésa fue mi elección. Brand la soltó y las sombras no estaban sólo en torno a él. Estaban por todas partes. Alina estaba cayendo. Alina se despertó con la cabeza apoyada contra el pecho de Brand. No podía moverse porque el brazo de Brand, pesado en inamovible, reposaba sobre su cintura. Debía dejarle en paz, después de lo que le había dicho. Quería dejarle. Quería meterse en un n***o agujero y no volver a salir. Levantó la cabeza. Le pasaba algo a la luz. Era de un gris perla.Frío. No del tono cálido, dorado y denso del ocaso. -Brand... Él no se movió. Nada. Alina miró a su alrededor, sobresaltada, las formas caprichosas de los árboles.No eran como lo recordaba. No oía el riachuelo.Ignoraba dónde estaba. Era como intentar despertar de una pesadilla y no poder. Le daba vueltas la cabeza. Buscó instintivamente con el brazo la forma,ya familiar, de su cuerpo. Fresca. Casi...fría. Un grito,descarnado y desgarrador, se alojó en su garganta. Y entonces lo sintió: el leve soplo de su aliento en la mejilla. -Brand... Pero él no se movió. estaba profundamente dormido. No debía estar tan frío. Alina ciñó sobre él los mantos que les cubrían. Había un fuego allí cerca. Todavía ardía. Entonces lo recordó todo. El campamento.Los hombres de Brand. Estaban allí. Formas indistintas moviéndose a media luz. El alba. Brand debía de haberla llevado allí desde el riachuelo. Pero Alina no se acordaba.Llevaba todavía el hábito de monja, el pesado manto de Brand. Él le había quitado los zapatos.Sus dedos estaban enterrados entre las piernas de Brand. La solidez de su cuerpo la envolvía.Yacían entrelazados como amantes que e despertaran, en medio de sus hombres. -Está enfermo, ¿verdad? Aquella voz familiar, baja y sibilante, aquella voz de Craig Phádraig, estaba justo a su lado. -¡Cunan!-el sabueso.El aliento de su hermano le rozó la piel. Alina no pudo reprimir un gemido de sorpresa, y vio la pequeña recompensa de la mirada triunfó de su sonrisa. Se apartó e intentó alzarse entre la flexible reciedumbre del cuerpo de Brand y la tensa agresividad del de su hermano. Cancerbero. El rostro anguloso y la intensidad de ojos convenían al nombre. El esclavo incuestionable de su padre. En su persona, Cunan lograba combinara una entrañas a la gente cuando era necesario. Alina tragó saliva.tenía la boca tan seca que le parecía llena de virutas de madera. Se echó hacia atrás, se llevó una mano a la cara, intentando ocultar un escalofrío. Se sentía aterrada. Le ardían los ojos y le dolían los huesos por el duro suelo, por la agotadora cabalgada del día anterior. -Cunan,¿qué haces...? -¿Cómo de enfermo? Los ojos ávidos, afilados como cuchillos, le observaban no a ella, sino  a la figura dormida que reposaba a su lado, con una fijeza que daba escalofríos. Las palabras > murieron en sus labios. Cunan era su hermano; para ella, lo era tanto como Modan,  aunque no fuera legítimo.Peo era un esbirro de su padre. Su lealtad no abarcaba el compromiso vergonzoso e inapropiado de su hermana con un nortumbrio. Su antiguo compromiso. Alina movió la mano como si quisiera proteger la cara del nortumbrio dormido, al igual que la suya propia, de la mirada de Cunan. -Le he curado la herida. Sanará. Tiene un poco de fiebre, pero es natural. Se encogió de hombros para enfatizar el tono despreocupado de sus palabras. aquel movimiento hizo que el manto se deslizara sobre su hombro.La aguda mirada se desplazó. -No estoy seguro de que haya algo natural. Alina descubrió de pronto que había perdido la toca.Que tenía el pelo suelto sobre los hombros,que el manto arrugado dejaba al descubierto. Qué, a ojos de su hermano, había pasado la noche en brazos del hombre por el que había abandonado a su legítimo prometido. El hombre al que ella había deseado por encima de todas las cosas. Alina luchó por sofoca su vergüenza, el calor que se apoderó de su mente.Levantó la cabeza. Quizá no hubiera sido tan arriesgado a fin de cuentas quedarse allí, en medio del círculo que formaban los hombres de Brand. No podía haber pasado nada sin que ellos los supieran, sin que Cunan el Sabueso lo supiera. Aunque no se dieran cuenta de las muchas razones que su supuesto amante tenía para odiarla. Se limitó a mirar con fijeza a su hermano, con la práctica acumulada durante los diecinueve años y medio que había vivido en una corte más peligrosa para ellos que para un hermano ilegítimo. -Hay muchas cosas que no son como esperamos -dijo-.A veces tenemos que adaptarnos a ellas. -Pero no a costa del deber hacia el país que nos vio nacer. Si es que eso significa algo para ti. El deber. Desde su nacimiento le habían inculcado a machamartillo que el deber era l primero. Había intentado con todas sus fuerzas hacer lo correcto. Había aceptado el matrimonio que su tío y su padre acordaron. Porque forjaría una alianza que podía pacificar Nortumbria. Por primera vez en su vida le había dado una satisfacción a su padre. Luego había descubierto cómo era Hun. Un salvaje, un hombre rudo y grosero que alentaba a su rey a desposeer y matar a cualquiera que se pusiera en su camino. Hun era el vasallo útil que llevaba a cabo tales tareas por astucia y ambición, por la recompensa.Por el placer de la crueldad. Su padre y su tío debían de ser conscientes de que su salvajismo no tenía límites. Sabían exactamente lo que le estaban pidiendo. Sabían que, al final, no lo haría. Aquello había sido a un tiempo su decisión y su sino. Y luego había aparecido Brand, como una luz en medio de las tinieblas.
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