Alina advirtió de pronto que el claro estaba lleno de hombres: Duda, Eadric, los demás, un hombre que no conocía y que lucía una resplandeciente cota de malla y un pesado tahalí de piel con un dibujo que semejaba un jabalí rojo. La casa de Cenred. La mirada de Brand se paseó sobre los hombres del rey luego volvió a posarse en Cunan. -Díselo. Dile a este desgraciado qué mensaje traes. -Señor, el mensaje era para vos, el pariente del rey. -Sí, y si este malnacido no lo oye de tus labios, lo oirá de los míos. Levántate. Aquellas palabras tenían más fuerza que el golpe que Alina había esperado. Cunan fue obligado a ponerse en pie. Las grandes manos de Brand lo soltaron. Temblaban ligeramente. No por el miedo que se agitaba en los ojos de Cunan, sino por la fuerza que contenían. -Vamos,

