-¿No puedes dormir? Los andrajos la rozaron. A la luz de las estrellas, parecían los atavíos de un fantasma. -Duda, preferiría que no hicieras eso. -Y yo preferiría que te durmieras. Así podría dormir yo. -¿Y por qué no te duermes? ¿O es que tienes que seguirme a todas partes por si acaso huyo al reino de los pictos en la oscuridad? -Sí. Con Duda no había nada que hacer. Su franqueza, propia de los anglos del norte, era sutil como un hachazo. O como el golpe de una lanza. Alina procuró no pensar en los dos hábiles cazadores que cercaban a Cunan. O en lo que Cunan era capaz de hacer, jugando a mortíferos juegos con el futuro de sus reinos. Y con el suyo. Ella no había sabido calcular la amplitud de los planes de su hermano, Brand sí, desde el principio. Había visto muchas más cosas q

