-No puedo moverlo. Pesa demasiado. >. -No pasa nada. Alina sintió el calor vivo de su presencia a su lado, se deleitó en la incomparable firmeza de su voz. La mano libre de Brand se extendió hacia la figura inmóvil de su padre, buscando las señales de la vida. -Está bien. Sólo es agotamiento. Ayer perdió sangre y… -Como tú. -Trae la almohada de la cama, y un paño, y una jofaina con agua, y algo de vino para cuando despierte. Alina hizo lo que le decía, a pesar del aturdimiento que se había apoderado de su cuerpo y su cerebro. Regresó con la suntuosa almohada rellena de plumas y se quedó mirando aquella figura inerte. Miró luego la cabeza agachada de Brand, el amplio y musculoso contorno de su espalda y de sus hombros, los movimientos seguros y confiados de sus manos mientras le

