Luego el sueño se difuminó, y el beso se hizo real. Alina pensó que sentiría miedo, y así fue, pero no del todo. Porque, aunque el beso era real, las caricias de Brand seguían siendo tiernas. Y eso no era posible. Pero era lo que ella sentía: su ternura, cuya magia la aturdía. La sangre comenzó a zumbar suave y gozosamente en sus venas. Pero el ansia dolorosa que se agitaba dentro de ella, la desesperación que había crecido en la oscuridad, en el fracaso, en el tiempo de la separación, tenía una fuerza incontrolable. La desgarraba por dentro. Despojado de voluntad, su cuerpo se agitó y sus manos se tensaron sobre aquel cuerpo aguerrido de carne y hueso, repleto de energía contenida. Acorazó su mente contra aquella idea. Para no pensar en la fortaleza de su espalda, en su cuello, en sus

