-Creo que a Maol le gustaría oír la oferta de su hija – dijo Goadel. Brand aquietó a sus hombres con un gesto, confiando en que el prisionero sería lo bastante sensato como para guardar silencio esta vez porque no podía hacerse nada. Todavía. Vio el leve resplandor que alguien sostenía sobre el prisionero. Alina también podía verlo. Su rostro estaba muy pálido; sus ojos eran pozos gemelos de un dolor que Brand no había querido volver a ver en ellos. Se mantuvo cerca de ella mientras seguía paseándose de un lado a otro. Adivinaba lo que ella se sentía impelida a decir. Sabía que, con esas palabras, sus alternativas, ya muy escasas, quedarían reducidas a una sola. -Me iré contigo- le dijo Alina al hermano del hombre con el que había estado prometida-. Recuerda que es lo que querías. ¿No

