Ninguno se movió. Brand se hallaba pegado a ella, en el angosto espacio entre la cama y la pared. Alina sentía cada parte de su cuerpo: el vientre plano y tenso, la tentadora prominencia de los muslos apretados contra los suyos. No veía nada más allá de la ancha e inmovible barrera de su carne, la piel helada y teñida por la luz de la luna. Veía nada más allá de la ancha e inamovible barrera de su carne, la piel helada y teñida por la luz de la luna. Veía su blancura y sus sombras azuladas, tan cerca que podía distinguir cada vello n***o de los que salpicaban el centro de su pecho y geminaban alrededor de los pezones. Su respiración agitada pugnaba contra el muro cubierto de hielo de su pecho. -Por todos los santos, ¿por qué has hecho eso? >. -Podrías haberte hecho daño. Ella lev

