Alina observaba la polvareda que se alzaba al sol de verano. Dos años y el círculo estaba casi completo. A su espalda se hallaba la gente de Lindwood y frente a ella permanecía Brand como un escudo contra el peligro. Siempre. Los jinetes se detuvieron y su jefe se apeó, ligero y poderoso como el lobo que le daba nombre. -Wulf- Brand no se movió. Ella no podía moverse. El hombre que se parecía tanto y tan poco a su marido paseo la mirada por lo que habia sido su hogar. Sus ojos eran muy distintos a los de Brand, grises y densos como pizarra. -Habéis reconstruido la capilla. -Sí. ¿Quieres ver que más hay? Algo que puedes llevarte al ignorante reino de Wessex. Libros. -¿Libros, tú? – los ojos grises brillaron. No eran duros en absoluto. Eran como los de Brand, rebosantes
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