- De que esta hablando, hermano Carlos?...- preguntó incrédulo el sacerdote.
- Padre Alex... usted ha sido mi maestro pero también mi amigo... debo confesar que mi corazón siente sentimientos por una novicia...- dijo afligido el joven.
El Padre Alex abrió los ojos de sorpresa e inquietud.
- Pero cómo?... quien es? ella siente lo mismo que usted?...- preguntó confundido el cura.
- Padre... usted sabe que yo no seré sacerdote, estoy aquí por una promesa de mi madre ,pero al terminar el año ,yo haré mi vida lejos de aquí... sin embargo conocí a la mujer más especial y hermosa que he visto en mi vida, Padre yo he tenido relaciones amorosa con mujeres, amores fugaces, nada especial... pero ella es diferente... sé que es entregada a Dios, su vida es la vida religiosa, y no quiero que su vocación se vea afectado por mi imprudencia, por eso necesito irme...- dijo con tristeza Carlos.
El Padre Alex lo miró fijamente sin saber que decirle.
- Hermano Carlos...muchos dicen que soy un cura raro por mis decisiones, sobre todo por los nuevos sacerdotes, necesito que ellos sean sinceros con su vocación y cuando veo que no pueden ,les aconsejo irse...pero usted mi querido amigo...ha inspirado a muchos de aquí, se que solo lo tendremos un año y es una lastima... por eso quiero que lo medite muy bien, pídale a Dios y a la Virgen que le muestre el camino...- le aconsejo el sacerdote.
- Padre... no quiero que mi presencia la incomode...y también a mi me hace mal verla y no poder acercarme a ella...- dijo con seriedad Carlos.
- Mmmm...entiendo, pero si ella se incomoda con su presencia, debe ser que ella debe sentir lo mismo que usted... ahora ... me puede decir quien es esa damisela? quizás yo podría ayudarles aclarar sus ideas...- dijo con sinceridad el sacerdote.
Carlos dudo por un momento decir quien era, no quería perjudicarla, pero al final su nombre lo tenía en sus labios.
- Clara... Clara Luth...- susurró el muchacho.
El Padre Alex abrió los ojos de sorpresa.
- La.hermana Clara... entiendo ahora su sentimientos...bien no se preocupe, yo los ayudaré a resolver este asunto... ahora como penitencia hará tres Padre Nuestro en la mañana y dos Aves Maria ,en la noche leerá la vida de San Antonio... puede ir a descansar...- dijo preocupado el cura.
Carlos se dirigió a sus celda para cumplir su penitencia .
Mientras el Padre Alex quedó meditando la situación.
- Mmm... tendré que hacer algo antes que esto crezca y los dos salgan perjudicados..- pensaba mientras una idea se le cruzaba en su mente.
Durante los próximos días Carlos evito a Clara lo más que pudo, lo mismo ella ,pero los dos de alguna forma estaban siendo atormentados por sus sentimientos.
El Padre Alex al estar observando la situación, decidió actuar.
Se dirigió a la ala izquierda donde se encontraban el convento.
- Sor Margarita!! que bueno que la encuentro!! necesito hablar una palabra con usted...- dijo misterioso el sacerdote.
La monja lo miró sorprendida por qué siempre se habían llevado mal ,por la forma en que ambos enseñaban a sus discípulos.
- En que puedo ayudarle... Padre Alex?...- dijo con un tono tosco que hizo que el cura se arrepintiera de haber ido hablar con ella.
Padre Alex suspiro profundamente y la miró fijamente.
- Bueno... cómo sabe el próximo viernes nos visitará el Cardenal, estamos preparando con los seminaristas algunas canciones, pero sería especial que una voz femenina nos acompañará... entonces estaba pensando en la novicia la hermana Clara...- dijo decidido el Padre.
Sor Margarita lo miró con sorpresa ante tal petición.
- Padre Alex ... nosotras también estamos ocupadas por la visita del Cardenal, nos corresponde la comida, hemos estado preparando postres, galletas y comida de todo tipo... entonces no sé si le pueda prestar a nuestra novicia más diligente.. - dijo la monja un poco molesta.
El padre Alex trajo saliba ante el rechazo de la monja.
- Entiendo... bueno no quería molestarla... me retiró...- dijo con tono de frustración y haciéndose el ofendido.
Sor Margarita suspiro profundamente cerrando sus ojos.
- Espere... hablaré con la hermana... a que hora serán los ensayos ?...- preguntó cansada Sor Margarita.
El sacerdote sonrió como si hubiera ganado una batalla.
- Estamos ensayando después de misa, solo será una hora, yo mismo estaré cerca de ella y no permitiré ningún comportamiento inadecuado...- dijo con seriedad el Padre Alex.
- Esta bien... ella estará ahí...- dijo cansada Sor Margarita.
Clara se encontraba realizando labores de pastelería cuando vio llegar a Sor Margarita, la noto preocupada.
La chica se acercó a ella con cautela.
- Ocurre algo ... Sor Margarita?...- preguntó preocupada Clara.
- Uf!! que bueno que la veo hermana Clara, me visitó el Padre Alex para pedirme un favor, con respecto a usted...- dijo preocupada la monja.
Clara abrió sus hermosos ojos.
- Que ocurre?..-preguntó preocupada la muchacha.
Sor Margarita comenzó a explicarle lo que él Padre quería de ella, mientras le decía lo sucedido, Clara sentía un frío en su espalda, no podía negarse porque había hecho voto de obediencia.
- Esta bien Madre... iré...- dijo con tono de preocupación.
Esa tarde después de la misa , Carlos estaba en la final del fondo entre dos compañeros, no quería ser visto por Clara, mientras ella estaba en primera fila con su amiga nueva Luisa, al terminar la misa , el padre pidió que Carlos y Clara se quedarán para ensayar algunos himnos.
Los dos se pusieron nerviosos ante tal petición.
Luisa miró con preocupación a Clara que le susurro al oído.
- Quieres que me quede contigo?...-. preguntó con tono protector.
Clara negó con la cabeza.
- Esta bien... no puedo esconderme de él para siempre...- dijo con resignación.
Luisa la miró con ternura y la abrazó mientras la persinaba la frente.
Carlos se quedó inmóvil en su asiento, no se le movía ningún músculo.
Los seminaristas y novicias comenzaron a retirarse de la capilla, hasta que sólo quedaron los tres.
El Padre Alex indicó a Carlos que se acercará, él lo miró con confusión y lentamente comenzó a moverse, era como sus pies no quisieran dar ningún paso.
Se acercó al púlpito y se paró al lado de Clara, los dos se miraron fugazmente.
- Bien... ahora los dos siganme ...- ordenó el cura.
Los dos jóvenes obedecieron y lo siguieron a su oficina, entraron y el Sacerdote los invito a sentarse.
- Bien... gracias por estar aquí!! ... dijo sonriente el Padre Alex.