- Clarita!!... no nos puedes hacer esto?... tenemos todas nuestras esperanzas en ti!!...- dijo la madre de Clara Luth.
Su padre sentado en el sillón solo observaba la escena como si fuera solo.un espectador.
- Mamá querida... es lo que mi corazón anhela desde que era una niña, además tú sabias que cuando cumpliera los dieciocho iría al convento...- dijo suavemente Clara.
Clara era un joven devota a su religión, desde pequeña sentía una conexión especial por lo sacro, siempre observaba la vida religiosa como su única alternativa, apesar de ser una mujer hermosa donde los pretendientes le sobraban ,ella ya tenía tomada su decisión que convertirse en monja del Sagrado Corazón y dedicar su vida a la iglesia.
- No vas a decir nada Roberto?... tu hija quiere arruinar su vida siendo monja!!...- reclamo Laura la madre de Clara.
El hombre se levantó de su sillón y caminó donde su hija con pies firme.
- Hija... quiero que lo pienses muy bien la decisión que vas a tomar, esto no es un juego... por eso te pido un año...
- Papáaa!!... reclamo Clara.
- Espera !!... deja que termine.. en ese año seras novicia en el convento de Santa Cruz, si al cabo de ese año todavía quieres
dedicar tu vida al Señor... no nos opondremos a tu decisión...- dijo sabiamente el padre de Clara.
Los ojos de la muchacha se llenaron de esperanza y júbilo.
- Acepto padre... seré novicia por un año , pero veras que no cambiaré de decisión...- dijo mientras le daba un beso a su padre.
La madre solo suspiro de fastidio y miró a su esposo.
- Que estas tramando Roberto Luth?...- preguntó la mujer.
El hombre negó con la cabeza.
- Nada....solo pienso que durante ese año todo puede cambiar...- dijo pensativo Roberto.
Al otro lado de la ciudad un joven hombre discutía con su madre.
- Madre!!... se que te debo obediencia ,pero esto es traspasar los límites!!...- alejaba el joven.
- Carlos... hijo... escucha... yo le hice una promesa a la virgen por tí... estabas mal... estabas a punto de morir!! por eso realice esa promesa a Nuestra Señora para que te salvará...- se lamentaba la mujer.
- Uf!! ... hubiera preferido morir...- se lamento Carlos.
- Carlos!!!... no digas esas cosas ni en broma!!...- le reclamo la mujer.
- Madre entiendo tu devoción a la Virgen, pero porque yo debo pagar esa deuda? además no soy muy religioso, apenas se lo necesario para convertirme en Sacerdote...- dijo frustrado Carlos.
- Por favor hijo... se que quieres ser médico, pero nadie te quita ese derecho, solo te pido que puedas estar en el Semenario un año y si después de ese año todavía no quieres ser Sacerdote, te prometo respetar tu decisión...- dijo la mujer ansiosa por la respuesta de su hijo.
Carlos la miró fijamente mientras tomaba una decisión.
- Esta bien madre... solo un año... y espero que respetes mi decisión...- dijo cansado el muchacho.
La madre se le llenaron los ojos de alegría y esperanza.
- Te lo prometo...
Dos meses después los dos jóvenes entraban a sus respectivas vidas religiosa, el convento Santa Clara quedaba al lado del Seminario San Roque, por lo que muchas veces las novicias y seminaristas compartían las misas de la semana.
Clara era la muchacha más feliz del mundo, entrar al convento aunque todo sea como novicia era un sueño hecho realidad, vivir la vida religiosa era lo más quería.
Por otro lado Carlos no estaba nada feliz, aunque le habían prometido pagar sus estudios de medicina, ya cursaba el cuarto año, era un joven inteligente por lo que a sus veintidós años lo habían hecho ser el alumno más destacado.
El joven se dio ánimos para no defraudar a su madre.
- Solo es un año... después me iré a África ayudar a los niños...- se decía a sí mismo Carlos.
Durante la primera semana fue difícil para los jóvenes, aunque Carlos estaba acostumbrado a madrugar, la vida religiosa era muy rígida con sus normas, que para algunos ya habían desertado del seminario y convento.
- Has sabido lo que ha pasado con Luisa? ...- preguntó Ines compañera de Clara.
- No?... donde esta?... no la he visto en la oración?...- preguntó con interés la muchacha.
- Se tuvo que ir... dicen que estaba embarazada de su ex novio...- dijo con tono chismoso Ines.
Clara abrió los ojos de espanto.
- Pero que escándalo!!... pero porque vino al convento sabiendo que podía estar embarazada?...- preguntó Clara confundida.
- Uf!! seguro quiso ocultar su estado por su padre... se ha dicho que es muy severo... pobre Luisa... ojalá no sea cierto y solo sea una apendicitis, como se esta diciendo...- dijo con un poco de malicia Ines.
Clara solo la miró con cautela.
- Ah!! hoy tendremos misas con los seminaristas y nos pidieron cantar, así que vamos a la capilla a ensayar...- le dijo Ines.
Las dos jóvenes se dirigiendo a la capilla.
Clara tenía una voz angelical , que dejó a todos con la boca abierta por su voz tan tuene y profunda.
- Que hermosa voz... hermana Clara...- dijo Sor Margarita.
Ines la miraba con envidia.
Los seminaristas estaban también ensayando su coro, Carlos tenía la facilidad de tocar el órgano de la iglesia como todo un experto.
- Bien!! por fin tenemos un digno oponente para nuestro piano!!...- dijo el Padre Alex.
- Bien jóvenes!! estamos listos para ir a la Iglesia principal con las novicias del convento Santa Clara, les recuerdo que son seminaristas!! el contacto con ellas queda solo con un saludo... ahora vamos!!...- ordenó el Padre.
Cuando llegaron los seminaristas, las novicias ya estaban sentadas para escuchar la misa.
Clara estaba sentada en primera fila , con lo que no vio entrar a los seminaristas, solo escucho los murmullos de sus compañeras.
Carlos era un joven alto, pelo color miel ,pero que llamaba más la atención era sus ojos cafés claros que al sol se veían verde.
El muchacho se sentó indiferente, miró a las novicias que lo miraban con curiosidad.
El padre Alex se acercó a él.
- Hermano Carlos... puede usted tocar el órgano de la Iglesia?... el padre Sebastian se enfermo por lo que no puede tocar.
Carlos asintió con la cabeza, se levantó y camino por el pasillo de la iglesia, rodeado por las miradas curiosas de las novicias.
Clara estaba absorta en el himno que tenia que cantar que no se percató en la presencia de Carlos.
El joven se sentó en la silla para tocar, puso sus manos en el teclado, produciendo un sonido chillón que hizo reír a los presentes.
Clara levantó la mirada y lo vio sentado como un dios, Carlos al sentir una mirada, busco con sus ojos quien era, hasta que sus bellos ojos se clavaron en Clara...