Capítulo 11 Desde aquel día transcurrieron muchos sin que descansaran más que lo preciso para que los camellos repusieran sus fuerzas y para abrevarlos en algún barranco, porque con el agua que tan abundantemente había caído estaban seguros de hallarla en las hondonadas durante muchos días. Ya no tenían necesidad de llegar hasta el río, y en cambio debían internarse en el desierto más y más, rápidamente, si querían burlar la persecución de que sin duda eran ya objeto. Después del temporal hacía un tiempo tan apacible que no empañaba el firmamento ni la más pequeña nubecilla, y el aire era tan puro y la atmósfera tan despejada que el lejano horizonte parecía estar al alcance de la mano. A estos días tan magníficos sucedían noches no menos serenas y brillantes, en las que el cielo, lucien

