Capítulo 10 Se abalanzaron todos a un tiempo contra el pobre Estasio, y entre gritos, golpes y empellones le quitaron el arma, le arrojaron al suelo, le maniataron, le dieron de patadas y le molieron a palos, hasta que Idrys, temiendo que acabaran por matarle, les ordenó que le dejaran. Se retiraron en un grupo aparte y comenzaron a discutir con frases coléricas y voces alteradas, como quien acaba de librarse de un riesgo inminente. —¡Este muchacho es el mismo demonio! —decía Idrys, pálido de emoción. —Nos hubiera matado como conejos —añadía Gebhr. —¡Si no llega a ser por este perro! —dijo uno de los beduinos. —¡Alá lo ha enviado! —exclamaba el otro. —¡Y lo queríais matar! —añadió Kamis. —Desde hoy nadie lo tocará —ordenó Idrys. —Ni le faltarán agua ni huesos —dijo Gebhr. —¡Alá! ¡

