Capítulo 9 Era un barranco ancho y sembrado de guijarros entre los que se arrastraban abundantes espinos. Lo flanqueaba por el mediodía una alta roca escalonada, en cuyos tramos se abrían cavidades a modo de cuevas, y al divisarla el guía desde lejos, a la luz de los relámpagos, tuvieron aviso de la proximidad de la hondonada. En una de esas cavidades, especie de caverna baja de techo y muy honda, se alojaron los fugitivos. Kamis se puso a recoger manojos de zarzas para encender fuego, mientras Idrys y Gebhr, ayudados por los beduinos, desalbardaron los camellos. En cuanto terminaron, se guarecieron en la gruta, a tiempo que las gotas de agua se iban convirtiendo en gruesos hilos, los cuales pronto engrosaron tanto que parecían arroyos que se precipitaban sobre el barranco desde nubes

