Capítulo 22 Cuando Estasio y Kali terminaron de apartar del camino los c*******s del león y de los funestos árabes y beduinos, el sol se había ocultado por poniente y la noche se aproximaba. Al joven n***o se le hacía la boca agua mirando los despojos del león, y frotándose el vientre y relamiéndose exclamaba: « Msury niama! Msury niama!» (¡Qué carne tan rica!). Repetía estas palabras sin cesar, para convencer a su nuevo amo de que le permitiera comérsela. Pero Estasio no quería de ningún modo pasar la noche en aquel lugar, tan cercano a los c*******s, y no accedió a sus ruegos; le mandó recoger los caballos, que se habían dispersado asustados por los disparos, y puso fin al asunto. El n***o cumplió la orden con una habilidad asombrosa, pues en lugar de perseguirlos por el camino trepó

