—¿Qué clase de vampiro es este? —me pregunto, notando su aura alegre y pícara. Miro el cielo, mordiendo mi labio inferior—. Ay, esto me pasa por deberle algo a un vampiro. —Oye... —el vampiro empieza a hablar, pero el sonido de mi estómago lo interrumpe. Siento cómo mi rostro arde por completo; creo que estoy hecha un tomate. Miro hacia todos lados, menos hacia donde está él. Toso un poco para disimular que mi estómago está anunciando su protesta. —Ríete, escucho cómo estás a punto de reír —le digo al notar su intento por contenerse—. Vamos, hazlo —añado, avergonzada. Él estalla en una carcajada libre, y sin querer, una sonrisa se asoma en mi rostro. —Vamos a comer algo, ya son las dos —expone, mirando el reloj del auto—. Te tengo que felicitar; antes de la una de la tarde saliste de

