CAPÍTULO 1
Desde el punto de vista de Luciana
Estaba cansada. Demasiado cansada, pero no tenia de otra. El Restaurant de mi difunda madre tenía que ser administrada por alguien, y como mi padre era un bueno para nada. Aquí estaba yo, salvando una vez más lo que mi madre nos dejó como herencia a mi hermana y a mí.
Me repetí que este era mi última entrega, una más y podía ir a mi casa, darme un baño refrescante, servirme una copa de vino, y disfrutar lo que quedaba de la noche.
Con eso en mente, descendí de la moto de reparto, tome el recipiente de Lasagna que habían pedido. Era la primera vez que hacia un reparto aquí, aunque según mi padre el Señor Dante era cliente habitual y siempre pedía lo mismo.
Entre en la sección de recepción de mercadería, en la parte de atrás del gran Il Palazzo, el club nocturno más prestigioso.
Detrás del gran recibidor, había una mujer, demasiado estirada para mi gusto. Porque apenas me vio, hizo una mueca, por lo visto no le gustaba que otra mujer estuviera por ahí.
—Buenas… —saludé. —Pedido para Dante…
Ella me siguió observando. Tras un largo suspiro, dijo:
—Bien, déjalo ahí…
Yo la mire incrédula.
—Son 25.
Escuche un ¡diablos! Que salió de su boca, a pesar de que fue un simple susurro.
—Espera, lo llamaré.
Dijo mientras llamaba quien sabe a dónde.
—Hay un pedido para Dante. —dijo ella a la otra persona.
—Dile que suba. —escuche, aunque no se suponía que escuchara. Pero eso ahora no importaba, solo quería que este día termine de una vez por todas. Ya me estaba impacientando, se supone que solo lo tenía que entregar, cobrar he irme de una buena vez.
—¿Estás seguro de que puede subir?
Maldita sea, esto en verdad me molestaba, que le costaba al dichoso Dante bajar por su pedido.
Ya no escuche la respuesta de la otra persona.
La secretaria colgó, me miro y dijo:
—Sube por el ascensor, último piso.
—Muy amable. —nótese el sarcasmo en mis palabras.
Fui hasta el ascensor, y marque el último piso, cuando las puertas se abrieron. Salí lentamente, mire por todos lados, y me pregunte; ¿Por qué esto estaba tan poco iluminado?
Un escalofrió me recorrió la espalda.
“Tranquila Luciana, entregas cobras y te vas. Solo eso. No es como si fuera tu primera vez haciendo esto… aunque esperaba que no fuera la última” me dije tratando de tranquilizarme, o de darme más miedo.
Había un escritorio, estaba vacío.
“Porque diablos nadie está aquí, se supone que recién llamaron”
Respire profundo y empecé a avanzar, era una pasillo, cuando llegue al final tenía dos opciones. Derecha o izquierda. De un lado estaban los baños, del otro unas cuantas oficinas.
No sabía cuál de todas esas oficinas eran del tal Dante, y no quería esperar que la persona que autorizo que subiera regresará, asique opte por ir por la única oficina que aparentemente tenía la luz prendida.
Cuando toque la puerta, nadie respondió. Volví a tocar… pero nada.
Entonces hable en voz alta.
“Tengo un pedido para entregar.”
Pegue las orejas a la puerta, porque aunque nadie se dignaba a hablar, se podía escuchar un leve sonido. Parecía que estaba gruñendo. O eran ronquidos.
Decidí entrar. Abrí lentamente la puerta.
Mientras más abría mas notaba que no eran ronquidos y tampoco gruñidos, eran gemidos de puro placer.
Pegue el grito de mi vida.
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Desde el punto de vista de Cassian
Apenas escuche ese grito, levante la mirada. La chica que estaba entre mis piernas, dándome una buena mamada, también se sobresaltó, apunto de dejar lo que está haciendo.
Apreté más fuerte el agarré de su cabello. Y dije:
—Ni se te ocurra.
Vi que la mujer que había interrumpido en mi oficina se dio la vuelta, dándome la espalda.
Quien se creía para darme la espalda.
—¿Quién diablos eres, y por qué estás aquí? —le pregunte.
Ella extendió una bolsa, mientras seguía de espaldas a mí.
—Date vuelta, no me des la espalda, ¡maldita sea!
—Ni hablar, solo tengo que entregar este pedido. —respondió.
—Yo no he hecho ningún pedido. —dije
Estaba cerca, demasiado cerca, volví a fijarme en la mujer que me daba la espalda, recorrí su cuerpo, tampoco podía quejarme, tenía todo en su lugar. Ese uniforme de repartidora, le envolvía como una segunda piel, y ese trasero bien redondo, me imagine dándole unas nalgadas. Y eso hizo que mi lobo gruñera en mi cabeza, el muy cabrón me dio imágenes de lo que le podíamos hacer. Las mil maneras que podía disfrutar de ese cuerpo.
Tras un gemido, imaginando todo lo que le podía hacer me corrí, vi como la espalda se le ponía rígida, bien… ella había escuchado.
Tras fijarme que me había dejado limpio. Estire mis brazos, abrí uno de los cajones que tenía en el escritorio, y le tendí unos cuantos billetes de 100. Era mi pago por su buen trabajo.
—Ahora vete. —dije a la mujer entre mis piernas. Lo que no pensé es que la repartidora respondiera.
—Tengo un maldito pedido para Dante, no puedo irme sin cobrar.
Sonreí, he hice nota mental de decirle a Dante que dejara de pedir comida a domicilio.
—Ya te dije que yo no hice ningún pedido.
Dije mientras me levantaba y me acomodaba la ropa.
—Buen trabajo, pero ahora vete. —le dije mirando directamente a la putita.
Ella iba a protestar, pero levante la mano. Si sabía lo que le convenía no se iba a quejar.
Ella entendió, bien, por lo menos me mandan mujeres que saben lo que quiero y cuando lo quiero.
Vi cómo se levantó, y rozo a la repartidora, haciendo que se moviera.
La repartidora se quejó. Y la otro le dijo al oído.
—Maldita perra, me has hecho perder un buen polvo.
—Y tú me estás haciendo perder el tiempo.
Ambas habían susurrado, como no queriendo que yo las escuchara, pero lo que ninguna de las dos sabían era que yo las podía escuchar.
Me recosté mejor en mi silla, reclinándolo un poco.
—Ya estamos solo, voltéate de una vez. —mencione.
—No mientras que este segura de que estés en condiciones.
Esté en condiciones, maldita humana, quien se creía.
Solté un gruñido.
—Voltéate de una vez... —dije con mi voz de Alfa. Vi cómo se tensaba, hasta los humanos no se podían resistir al comando Alfa.
Vi como lentamente se volteaba… y ahora que por fin podía verle la cara, me di cuenta de lo hermosa que era. Ahora no sabía si la iba a follar de espalda o de frente. Pero de que iba a terminar en mi cama lo haría.