Desde el punto de vista de Cassian
—Dime. Lobito malcriado. Cuando dejaras de traer mujeres aquí, y vas a traer a tu pareja. —pregunto la Nonna.
Yo suspiré, esto era todos los días, la misma pregunta. Y yo ya estaba cansado de responder.
Sentí que me estiraba el cabello, a veces pensaba que se olvidaba que ya no tenía 5 años. Que ya era un Alfa.
—No me andes suspirando. Y si no te gusta que te pregunte dame una mejor respuesta esta vez.
—Nonna… —dije suavemente. —Sabes que esa mujer ni siquiera es mi pareja de elección.
Por qué Victoria no era mi pareja destinada, ni siquiera era mi pareja elegida. Era la persona que mi padre había elegido para mí.
Hace más de un año me había casado, tanto en el mundo humano como en la ley de hombres lobos. Pero no tuvimos siquiera la ceremonia de apareamiento, no hay marca, no hay vínculo, no hay nada.
Por eso apenas me case, me excuse con que tenía cosas urgentes que resolver. Y como mí ahora esposa, no entendía el inglés. Era un desperdicio traerla.
Mi padre me exigía un heredero, pero yo seguía sin ver a mi esposa, porque la última vez que la vi fue el día de nuestro matrimonio.
Yo lo seguía alargando, seguía diciendo que las cosas en NY no estaban bien, que quería mantenerla protegida, mi padre ya lo sospechaba, pero tampoco podía exigirme nada, ya que eso implicaría perder el territorio.
Con Victoria nos habíamos conocido desde niños, nuestros padres se conocían y eran amigos, y ella juraba que yo era su pareja destinada, pero cuando cumplió diez y ocho años, supimos que no éramos destinados, pero como ella había sido entrenada para este mundo, y no me refiero solo al mundo de hombres lobos, si no el bajo mundo, mi padre decidió que la eligiera como mi esposa. Era un buen plan, era una herramienta para agarrar más territorio, significaba alianza, no tuve de otra que aceptar.
Pero… nunca la marque, no porque no quisiera, no porque no la quisiera. Porque en verdad la quería, en verdad me preocupaba por ella. Pero si la marcaba, ella iba a sentir cada vez que me acostaba con otra mujer, y ese dolor no quería que nadie lo sintiera, había visto a mi madre pasar por eso. Y eso la mató…
Aun tenia esperanza de que ella encontrara a su pareja destinada, así la libraría de esta unión sin sentido. Por qué a mí no me interesaba encontrar a mi destinada, por que encontrarla también implicaría arrastrarla a mi mundo, y este mundo, este infierno solo podría ser mío, no pensaba lastimar a nadie más.
Por eso mi primera regla era nunca besar a mis amantes, ellas venían, me daban placer y se iban, jamás he besado a ninguna de ellas. Porque con el solo roce de los labios ya sabría si es mi compañera. Solo bastaba eso, y mi destinada estaría condenada.
El gruñido de mi estómago me saco de mis pensamientos, el olor de la comida me abrió el apetito.
Me levante de mi silla, y me dirigí directamente a mi mesa, ansioso por probar lo que mi Nonna me había traído.
Junte las manos y dije
—Gracias Diosa luna por esta comida.
No creía en ella, pero sabía que si no daba las gracias la Nonna no me dejaría comer y moría de hambre.
Pero antes de llevar un bocado a mi boca, sentí nuevamente otro estirón de orejas.
Esta mujer…
—Auch… —me queje. —¿Qué pasa Nonna?
—La próxima hazlo mejor Lobito. —me instruyo, como siempre, desde que tengo uso de razón, no creía en nada místico, solo creía en lo que podía ver. Y en mi mundo, La Diosa de la Luna no existía.
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Cuando estaba más concentrado en disfrutar de la deliciosa cena que me trajo mi Nonna, sentí que Dante intentaba enlazarme. Baje la barrera y escuche la molesta vos de mi Beta.
—“Más te vale que sea bueno”
—“Si Alfa. Se trata de Voss”
—“Seguro ya tiene fecha de pago”
—“En realidad…” —dijo Dante, eso quería decir que el maldito de Voss no podía pagar.
—“Habla de una vez Dante. Quiero terminar mi cena”
—“Tiene un trato, pero quiere verlo personalmente”
Maldito bastardo…
—“Infórmale que estaré ahí” —ordené, y cerré nuevamente el enlace, en verdad que quería disfrutar de mi cena.
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A la mañana siguiente estábamos con Dante y algunos hombres llegando hasta la casa de León Voss, me encantaba la sensación de sorpresa, Dante me había dicho que Voss quería reunirse conmigo en el club, pero a mí me gustaba ir hasta mi presa, no al revés. Perdía su sentido si la presa iba hasta la boca del lobo. Y literalmente Voss eso quería hacer.
Así que aquí estábamos, llegando sin avisar, sin tocar entramos, dos hombres quedaron junto a la puerta ahora destruida, y Dante y yo ingresamos.
El hedor a alcohol inundo mis fosas nasales, malditos humanos, si para ellos era asqueroso, para un lobo como yo, que tenía el olfato agudizado, era peor.
Pero sobre todo ese hedor pude sentir el leve olor de la pequeña gatita, aparentemente no solo repartía si no también hacia horas extras con el cerdo de León.
—¿Está todo bien Lobo…? —sin querer había dejado salir un gruñido, y mi aura de Alfa había hecho retroceder a todos mis hombre.
¿Qué diablos me pasaba?
Trate de controlarme, y a duras penas lo conseguí.
¿Qué tiene el aroma de esta mujer, que la hace especial?
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Cuando llegamos a la sala, encontramos a un León, durmiendo en el sofá, completamente inconsciente, con una simple chasquido de dedos, unos de mis hombre se dirigió a la cocina, éramos hombres lobos, saber dónde quedaban las cosas en una casa que por primera vez entrados era tan fácil que olfateando ya lo sabíamos.
Si el ruido de la puerta siento tirada, si el ruido que estaba haciendo mi hombre buscando lo que necesitaba, estaba seguro que un poco de agua helada lo iba a despertar.
—¿Quién en su sano juicio esta borracho a las nueve de la mañana? —Dijo mi lobo.
—Solo los humanos que saben perder mi tiempo —respondí yo.
Por fortuna para este hombre yo no cobraba con dinero, porque si de eso dependía, estoy seguro que no cobraría un centavo.
¿Quién diablos administra su restaurant?
Me acomode en el sofá individual, en frente de bello durmiente.
Quería que cuando se despertara, sea a mí a quien primero vea.
Mi hombre llego, con dos cubos repletos de agua y hielo, con un asentimiento de cabeza, vertió el contenido de las dos cubetas sobre la cabeza de León.
De un brinco se levantó. Mientras se quejaba del baño helado.
—Maldita seas Lu... —pero no termino la frase. Porque sus ojos por fin me enfocaron.
—Lobo… no te esperaba tan temprano…—Lo corte levantando la mano. No sabía si temblada de frio o por mi presencia, esperaba que sea por lo segundo.
— Eso no he notado apenas entre. —dije señalando la puerta rota.
—Si sabía que vendrías, te habría esperado…
—¿Y perderme la satisfacción de despertarte? —dije.
—Ya estoy aquí, no me hagas perder más mí tiempo León. ¿Qué propuesta me tienes? —pregunté, mientras me acomodaba mejor en el sofá.
—Eeee es es que… —el maldito estaba tartamudeando.
—Ya que no tienes nada para mí. —dije levantándome. —Mis hombres se encargaran de ti.
—Noo… —dijo cayendo de rodillas. —Por favor Lobo… —suplicó.
—No tienes nada bueno para pagar tu deuda conmigo, ya sabes las consecuencias León. —dije.
Se levantó de un salto, como si fuera que por fin uso su pequeño cerebro.
—Si tengo… si tengo. —dijo acercándose a un marco que estaba en una mesa cerca del sofá, lo tomó.
—Mi hija…
Aun no vi la foto, en realidad ni me importaba.
—Tiene dieciocho años, y es virgen… aun nadie la ha usado.
Mi lobo gruño en mi cabeza, ese maldito estaba ofreciendo a su hija como forma de pago.
—No hago ese tipo de tratos —dije mientras le quitaba el marco de las manos, y tiraba la foto al suelo, se escuchó un estruendo cuando toco el piso, haciendo añicos el vidrio.
Dante me enlazó.
“Nos servirá para Moretti, Alfa”
Diablos, tenía razón, y mi padre no me perdonaría perder un trato con otro mafioso con igual territorio que yo.
Por fin dirigí mi mirada a la foto, y ahí estaba mi gatita y otra jovencita. Se parecían mucho, asique el aroma de ella no era por hacer servicios extras, era por que vivía aquí.
—¿Ambas son hijas tuyas? —le pregunte al hombre que seguía temblando.
—Si Lobo. Pero la mayor ya está demasiado usada.
Ragnar gruño, yo apreté los puños, como se atrevía.
—“Tranquilo Alfa” —dijo mi beta.
—Bien… prepara a la virgen León. Dentro de una semana vendrán por ella. —dije
Salí de esa maldita casa, furioso, yo nunca pactaba con mujeres, yo era mafioso pero había un límite, mujeres y niños no eran tocados. Para eso estaba Moretti, y en este caso no tenia de otra.