Capítulo IV – Un día para nosotros Desperté antes que ellos. El reloj marcaba las siete y media, pero el sol aún no había terminado de colarse por las cortinas. Me quedé un momento mirando el techo, escuchando el silencio de la casa. Era extraño, casi incómodo, después de tantas semanas llenas de visitas, risas y conversaciones. Estela había decidido pasar el fin de semana con su hermana en Toledo. No fue una discusión, pero noté que todos necesitábamos una pausa. Los niños, especialmente Lucas, parecían aliviados cuando lo supieron. Yo también, aunque me costara admitirlo. A veces, el amor necesita distancia para respirar. Fui a la cocina y puse la cafetera. El olor del café llenó el aire justo cuando Iván entró arrastrando su manta, con el pelo despeinado y los ojos medio cerrados. —

