Capítulo cinco
Nunca pensé que tendría que pasar por algo como esto. Déjenme aclararles de que hablo:
A) Conocer a un guapísimo idiota.
B) Ser seducida por ese idiota.
C) Que el idiota sea Jaxon McEwan.
D) Ir a su departamento.
E) Envidiar su departamento.
F) Comportarme como una borracha
G) Haber sido “toqueteada” por el idiota.
H) No recuerdar nada
I) Olvidar darle de comer a mi gato por una fiesta.
Y todo eso en una misma noche.
Bueno, noche y amanecer porque, básicamente, ya amanecía cuando me desperté en la madrugada.
Suspire.
—¿Qué piensas? —pregunto Jaxon sin quitar su vista del camino.
—En una mentira —irónicamente, estaba mintiendo.
Me miro de reojo.
—¿Mentira?
Voltee la cabeza para mirarlo.
Su rostro de perfil era hermosísimo. Tenia una nariz refinada, las cejas delineadas, su piel de porcelana con las mejillas rosadas me provocaba unos fuertes impulsos de apretar sus mofletes, pasar mis dedos por su sedosa piel y su mandíbula pronunciada pero finísima, con una barba incipiente seguramente eran motivo de envidia en algunos hombres.
Era tan hermoso que dolía mirarlo. Y que fantástico parentesco con mi amor de infancia, el cual había arruinado mi relación con Nora.
«No vayas por ahí.», me recrimine. Sacudi la cabeza para aclarar mis pensamientos.
—Es que... No sabría que decirles a mis padres —dije, un poco avergonzada por la admisión.
—La verdad —dijo con firmeza.
Lancé unas risitas nerviosas.
—Oh, claro, ¿qué te parece algo como esto?: «Mamá, papá, tengo que decirles algo., No fui a la biblioteca como les hice creer, quise ser adolescente por un momento y me fui a una fiesta de famosos con Jennet que al segundo de llegar desapareció y me dejó a mi suerte... Ah, por cierto; Conocí a Jaxon MacEwan. y luego casi tuvimos un buen sexo, no se preocupen, no recuerdo nada» —sugerí con sarcasmo—. Claro que les diré eso. Seguramente mi madre tendrá un paro cardíaco, a mi padre le de un TIC nervioso en el brazo y te lance uno que otro golpe —añadí con humor.
Cuando estoy en momentos de presión recurro al sarcasmo. Es mi mejor mecanismo de defensa. Y creo que siempre lo sera.
Apretó fuertemente el volante y sus nudillos se tornaron blancos.
—Bueno, no, claro que no —espetó, furioso—. Tendrás que decirles que conociste a un chico en la biblioteca y cuando saliste muy tarde de allí el bus ya no pasaba, por lo que me ofrecí a llevarte pero las calles estaban cerradas porque habían cerrado las calles debido a una amenaza de bomba —ordenó con total naturalidad y verosidad que hasta yo podría habérmelo creído de no saber la verdad.
—Yo...creó que funciona —dije rápidamente, para que no notara lo sorprendida que me había dejado.
Sonrió. Y esa sonrisa me dejo sin aliento.
«No sólo su sonrisa te deja sin aliento, ¿te haz fijado en como se le marcan las piernas cuando...?, Sí, claro que si», susurró la Lily morbosa.
Me ruborice ante aquel pensamiento.
—¿Estás bien?, te has puesto roja —pregunto con curiosidad mientras doblaba en una esquina.
Su pregunta me saco de mis pensamientos.
—Si, solo que no acostumbro a mentir —volví a mentir.
«Como ahora», susurró la Lily cuerda.
Suspire.
Con semejante hombre al lado, me esperaba una zarpa de mentiras por recorrer para esconder mis pensamientos y ciertas cosas
[...]
Miedo.
Angustia.
Nervios.
Hambre.
Todo esto sentía mientras Jaxon estacionaba su Lexus enfrente de mi casa.
Y por si lo preguntan no, no es un departamento; es una casa de verdad... Un hogar.
En el famoso vecindario de Maspeth.
El techo pintado de rojo, el segundo piso de magenta, era mi cuarto, y al lado del mio estaban los cuartos de mis hermanos. El jardín decorado con tulipanes y un pequeño pino. El garaje estaba abierto y podía ver el Land Rover de mi padre.
—Supongo que no estas del todo segura de qué decirle a tus padres —soltó Jaxon de repente.
No era una pregunta, era una afirmación. Pero aún así me encare a él para responderle.
—-No, desde luego que no. Ni siquiera creo que pueda recordar mi nombre cuando cruze un pie en mi casa —respondí.
Se quito el cinturón de seguridad y me miro con simpatía.
—Lily, sólo diles lo que te dije. Intenta actuar como comúnmente actuarias tu —dijo tranquilamente.
—Si, pero comúnmente no hago esto.
Esbozo una sonrisa. Maldito hombre y sus puñeteras sonrisas.
—Si, supongo que no. Digo, teniendo en cuenta que eres virgen —dijo. «¿Cómo lo supo?»
«Intuición masculina, tal vez» , murmuro la Lily razonable.
Me ruborize desde la raíz del cabello hasta el cuello. Sentía cómo mi cara ardía mientras forzaba a salir las palabras de mi boca, que repentinamente estaba seca.
—Yo... No me refería a eso —dije en un murmullo áspero.
Alzó una perfecta ceja suya. ¿Es qué todo en él es perfecto?
Me pregunto a que sabrá su sudor. ¡Ascoooo!, soy un completo asco. Sólo me faltaría ser una coprófaga. «Malditos pensamientos incoherentes.»
—¿Estás bien? —pregunto Jaxon —. Te haz puesto pálida.
Parpadee y aclare mis pensamientos súper morbosos y desinhibidos.
—Si... Necesitó hacer esto de una vez por todas.
«Antes de que tus pensamientos se dirigían hacia estupideces» , susurro la Lily morbosa.
Estúpido síndrome de personalidad múltiple. Ni siquiera sé si lo tenga o no, y me estoy planteando eso y... Otra vez me desvíe del tema.
—¿Quieres que vaya contigo? —pregunta Jaxon, esta vez preocupado.
—-¿Lo harías? —pregunté yo a mi vez, esperanzada.
—Todo sea por la lunática con la que casi me metí esta noche —respondío tratando de sonar molesto.
Solté una risita, que más bien sonó como una ardilla paranoica., No es que haya escuchado una alguna vez, claro.
—Te arrepentirás de esta noche cuando cruces esa puerta y el pelotón oficial de mi papá esten enfilados en la sala —dije, divertida.
—Bueno... Espero y por lo menos haga mella de mi título como Corredor Premiun.
—Oh, tampoco nos olvidemos de mis hermanos los boxeadores, el policía y el cazador —dije tratando de inyectarle miedo.
—¡Basta! —espetó—. Voy a ir allí a hablar como una persona civilizada con tu terrorifica familia. Y a salvar tu trasero —dijo con firmeza.
Si no estuviéramos en su supremo Lexus, podría haberme entrado una mosca en la boca.
—De acuerdo. Te recordaré como el estúpido Princeso que quería salvar el día —dije muy seria.
¿Lo malo?, que no se hacer caras serias.
—¿Quieres qué te ayude o no? —pregunto.
Suspire.
Cerca de este chico yo y los suspiros somos uno solo.
—Esta bien —respondí, resignada.
Antes de que pudiera reaccionar, Jaxon salio del auto y apeó el coche para llegar a mi puerta. La abrió y me tendió una mano.
—Señorita Sarcástica en situaciones de vida o muerte —dijo con un toque de humor.
Tome su mano y salí del coche.
—Entonces, a la batalla —añadió.
«Ni te imaginas», murmuró la Lily Pacifista.
***