—¡Despierta! Unos gritos sonaban fuera de mi puerta, la cual era golpeada por mi madre, tratando de despertarme. Gruñi y me oculte debajo de las sábanas, porque no había manera en el mundo de que yo me moviera de mi hermosa cama. —¡Dexter! ¡Ven y despierta a tu hermana! —grito aun más fuerte, y escuche sus pasos bajar por las escaleras, y segundos después alguien introdujo una llave en la cerradura de mi habitación y ésta se abrió. —Largo —murmure a quien quiera que estuviera allí. Oí sus pasos acercarse a la cama, y después la voz inconfundible de mi gemelo: —Vamos, Liliandy, es hora de levantarse; todos estamos despiertos —dijo con voz cariñosa. «Claro, como nadie te estaba grabando mientras dormías, con baba en las mejillas, no estás ni la mitad de frustrado que yo», pensé

