Capítulo 13: La propuesta.
31 de marzo del 2012
Dos malditas semanas, han pasado dos semanas y yo no he salido de esta habitación, me traen todo y no puedo ni salir. Hasta el doctor ha venido a quitarme el yeso. Ya estoy completamente curada, no tengo dolor ni molestia.
Pero estoy realmente furiosa, mi madre ha venido y también mi abuela, al que no he visto es a mi padre. Evita contestar mis llamadas y ni siquiera ha venido ante mi llamado, estoy harta pero hoy se acaba mi calvario.
Me acerco al balcón de mi habitación y veo que es lo suficientemente alto, amarró muchas sábanas y las ató a la columna que hay, cuando veo que llega al jardín sonrió victoriosa.
Algo que me gusta es que mi habitación está mirando al jardín, por lo que los guardias no están mucho por aquí. Miro la soga improvisada que he hecho y asiento decidida.
– Es ahora o nunca Krystal– me aliento yo misma.
Y se preguntaran a dónde iré, veré a mis amigas. Necesito tener contacto físico con alguien. Dos semanas en las que solo he cruzado unas cuantas palabras en dos semanas, me vuelven loca.
Comienzo a bajar poco a poco y me quejo por un poco de dolor en mi brazo. Soportar mi peso en mis brazos es algo que no visualizo, poco a poco bajo y veo el estudio de mi padre, él se encuentra con la vista fija en unas hojas y de espaldas por lo que no me ve.
Comienzo a bajar mas rapido, pero mi pie se enreda con la sábana y comienzo a saradearla. Intento bajar para deserrenderarlo pero se enreda mucho mas, escucho un grito y del susto me suelto.
– ¡Krystal!– estoy de cabeza y lo único que me sostiene es mi pie enredado, ahora menos quiero que se suelte. Miro de cabeza a mi padre quien me llamó en un grito.
– Hola– intento sonreírle, pero me mareo ya que me encuentro de cabeza. Lo veo correr hacia afuera.
– ¿Krystal qué haces ahí?– escucho la voz de mi mama, como puedo volteo y la veo con la abuela, Ana y dos guardias.
– Tomando el sol– digo algo sarcástica.
– ¿Qué haces ahí?– mi padre se pone a su costado, no se si esta molesto ya que estoy muy mareada.
– Solo…– ni se que decir, ya que me siento muy mareada y la sangre está en mi cabeza.
– ¡Bajenla de ahí!– escuchó lo que dice mi padre.
Poco a poco me bajan y me dejan en el piso, intentando levantarme pero estoy muy mareada.
– ¿Porque estabas colgada del pie, cariño?– me pregunta la abuela.
– ¡Tú vas a ir a mi oficina ahora!– dice mi padre, me apoyó del guardia porque si no lo hago me caería.
– Ahora si me haras caso– le digo, él se voltea ya que se iba a ir.
– ¿De qué hablas?– su rostro es de una persona molesta, pero aquí la molesta soy yo.
– He estado encerrada dos malditas semanas en mi habitación y ni siquiera te asomaste. Ahora te enojas porque decidí escaparme– le digo muy molesta, intento acercarme pero mis piernas se sienten de gelatina. Felizmente no caigo al suelo gracias al guardia que me sujeta del brazo.
– Estoy arreglando todo el problema que pasó– dice el muy enojado.
– Y porque quien es la culpa, te recuerdo que fuiste tu quien me obligó a montar.
– ¡Krystal!– dice mi madre, ella me mira como diciendo que me calle– Tu padre ya se siente culpable por el accidente.
– Pues no lo parece– le digo, miro el rostro de mi padre– me canse de seguir tus órdenes, nada de lo que haga será suficiente para ti.
– Krystal…– murmura la abuela.
– Nunca mas volvere a seguir una orden tuya y si me obligas será peor para ti– el me mira consternado, me encuentro muy furiosa. Me volteo dispuesta a ir a la cocina.
– ¡Krystal ven aquí ahora!– escucho que grita mi padre, me detengo pero no volteo. El no dice nada por lo que sigo avanzando y entró al palacio.
Tengo unas inmensas ganas de llorar, pero no de tristeza si no de frustración y enojo. Contengo las ganas de llorar y me dirijo a la cocina por un pote de helado que me haga apagar mi enojo.
Krystal
Ya casi a mitad de mi hamburguesa, me siento un tanto incómoda, no por que me llene sino por la intensa mirada de cole sobre mi, normalmente no suelo sentirme así casi nunca. Ni cuando doy conferencias con los parlamentarios ni nadie, pero que él esté en silencio toca mis nervios.
– ¿Vas a hablar o solo te quedarás mudo mirándome?– le pregunta, aunque me duela mucho decirlo, este chico es increíblemente atractivo.
Si no fuera un poco egocéntrico, ya le hubiera coqueteado. Hasta lo hubiera besado. No olviden que a mí me encantan los hombres, que no sean ni príncipes, ni nada que ver con la realeza.
– Solo estaba pensando algo que me dijo Matt – está un poco serio, pero sus ojos brillan demasiado.
Como un niño cuando por primera vez come un dulce. Su mirada atrapa.
– Y se puede saber que te dijo, para que estés así de pensativo.
– Me dijo que eras igual que Ally– yo asiento con la cabeza algo confundida.
Bueno eso no es ofensivo, ella es una mujer directa, y muy fuerte. No se vence por cualquiera, si tal vez me parezco un poco a ella en el carácter.
– Bueno si me parezco un poco a ella, por algo es mi amiga ¿no?– él sonríe de medio lado, yo sigo comiendo. Puede que esté un poco llena, pero estas papas se robaron mi corazón.
Este lugar se ha vuelto mi nuevo restaurante favorito. Si algun dia vienen mis chicas las traere aqui, si pudiera les llevaría un poco.
– Eso está bien, conozco muy poco a Ally. No te puedo decir que la conozco desde hace mucho, pero a veces coincidimos, y es divertido ver como rechaza a Matt.
– ¿Ellos se conocen desde hace mucho?– le pregunto ya que Ally no me dio mucha información sobre su antigua relación.
– Bueno no sabría decirte, conocí a Matt al ingresar a la universidad. coincidimos bastante y se volvió un buen amigo, a Connor lo conozco desde que usaba pañales, su mamá es mejor amiga de la mía, estudiaron juntos, así que prácticamente se volvió un buen consejero del amor. Aparte el es mi vecino así que siempre nos veíamos.
> A Williams lo conocí cuando teníamos diez años, es increíble lo directo y misterioso que puede ser, como dirían las chicas nos atrajo su lado misterioso.
Al final termina imitando la voz de una chica, yo comienzo a reír. Lo malo es que estaba tomando un poco de gaseosa y la gaseosa se dirigió por diferente conducto, lo que hace que un poco de gaseosa salga por mi nariz y que él ría muy fuerte.
Cabe resaltar que tiene una risa ronca, agarro una servilleta y me limpio. Si me viera mi padre me daría una reprimenda terrible y diría eso una señorita no lo hace.
Me da un poco de vergüenza y siento mis mejillas muy sonrojadas. Quisiera encontrar un árbol cerca y ahorcarme en él. Esta vergüenza no se lo deseo ni a mi enemigo.
– Ya deja de reírte fue vergonzoso, y fue tu culpa, tú me hiciste reír– lo culpo, el disminuye su risa pero tiene una sonrisa idiota en su risa con anuncia en dividir su rostro en dos.
– Está bien, si te hace sentir más tranquila, fue mi culpa– me pasa mas servilletas y limpio mi nariz y boca.
El me mira tan fijamente que tengo miedo que me desgaste, me hace sentir un poco raro y más que todo veo como sus pupilas se dilatan.
– ¿Por qué me miras así?– le pregunto carraspeando.
– Tengo una propuesta para ti.
– ¿Quién eres Christian Grey? ¿Por qué me vas a proponer algo indecente?– y si me encanta la trilogía, Addison me enseñó la película y ya después leí todos los libros, lo ame tanto que me obsesione con Christian.
Si tuviera la oportunidad de conocer al actor me volvería loca, él es tan sexi.
– No sabía que te iba el sado y el m********o, cuando tú quieras yo hago de Christian y tú de Anastasia– Para que menciona a Christian, ahora este no va a parar, siento mi rostro caliente, no puedo creer que me sonroje tanto con este chico.
La sonrisa engreída que me da, me da ganas de mandar a la jaula de los leones.
– ¿Y tú propuesta? – su cara se torna seria.
– Quiero que me conozcas y yo conocerte, nunca he dejado que ninguna chica me conozca. Pero quiero hacerlo contigo – sus palabras son tan sinceras, yo me quedo muda.
– ¿Por qué? – le pregunto realmente intrigada.
– Ciertamente no lo sé, pero algo me hace que sienta que debas conocerme. No soy lo que piensas, quizá soy mujeriego, pero quiero que conozcas a la verdadera persona que habita en mí.
> Quizás es apresurado y la única opción para aceptar esta cita fue, porque te dije que te dejaría en paz. Pero ahora que te estoy conociendo realmente no quiero que nos dejemos en solo una cita.
– Y por lo que estás proponiendo supongo que no me dejaras tranquila después de esta cita– pensé que se iba a molestar, pero solo ríe.
– Estas en lo cierto, que tal dos meses, ponme a prueba. Si no te gusta como soy, te dejaré en paz. Lo juro por mi familia, que es lo más sagrado que tengo.
Hasta alza su mano al lado de su corazón. Lo pienso, ¿realmente quiero conocerlo?
Nunca he querido una relación formal, porque mi padre solo acepta a sus prospectos. Y tampoco ha llegado el chico que me haga querer tener toda mi atención.
Me intriga un poco su forma de ser, siempre tan confiado, pero ahora no parece confiado, más parece preocupado.
Nunca he dejado que nadie me conozca excepto mis amigas, que son como mis hermanas, Anabana y mi Madre. Mi padre no me conoce tanto, ya que no tenemos tanta confianza.
El me mira esperando una respuesta. Ciertamente no tengo mucho que pensarlo, es lo que quiero y la vida solo es una. Que podría salir mal, solo nos estamos conociendo y luego de eso ya no nos volveremos a ver, yo regresaré al palacio y no me casaré con nadie por mucho tiempo.
– Está bien – él expulsa el aire que tenía contenido y sonríe– Pero tengo condiciones.
– En serio no te arrepentirás, aparte soy genial lo pasaras bien.
– Es tanta tu modestia– él se ríe, no me había dado cuenta que cuando sonríe se le forma un pequeño hoyuelo en su mejilla, pero solo uno.
– Lo se soy encantador– sonríe como un niño pequeño.
– Solo va a ver dos condiciones.
– Soy todo oído– para dar fe a sus palabras pone su oreja de lado.
– Seremos exclusivos, no vamos a estar con nadie más – él asiente, va a hablar pero continuó– No preguntas personales, solo las que esté dispuesta a ofrecer y no sexo– el frunce el ceño, estoy esperando a que pregunte el porqué, pero se retracta.
– Está bien – asiente con una sonrisa tensa, y yo igual.
Cuando terminamos o al menos el termina, me lleva a mi casa. Que de seguro debe de estar patas arriba.
Me he dado cuenta de algo que hace Cole, cuando está concentrado frunce el ceño. Y también que él no te pregunta sobre algo, solo si estás dispuesto a contarle, no es entrometido, realmente lo agradezco. Eso es algo que me gusta de una persona.
Un punto para Cole. El me deja en la puerta y me da un beso cerca a los labios.
– Mañana paso por ti a las nueve de la noche, nada formal.
– Y que te hace pensar que no tengo nada que hacer – arqueo una ceja, él se ríe
– No te hagas de rogar Julietta.
– Sabías que su historia de amor terminó en tragedia ¿no?– él se sorprende.
– No lo sabia, pero igual tu seguiras siendo mi Julietta– solo río por las ocurrencias que dice, me bajo de su carro.
Este silencio es inquietante. Me voy al cuarto de Ally y está profundamente dormida.
Me acerco a la cuna de Elijah y él también está dormido, Ally decidió que pongamos la cuna en su cuarto ya que esta pequeño y quiere vigilarlo.
Salgo de su cuarto y voy a la cocina, Sam está agarrando una caja de jugo. Decido darle un pequeño susto.
– ¡Bo!– se sobresalta votando el jugo que por suerte estaba cerrado si no hubiera hecho un desastre. Me comienzo a reír a carcajadas, pero disminuyo mi risa, ya que Ally y él bebe está durmiendo.
– Estás loca, casi me da un paro cardíaco.
– Lo siento, solo vi la oportunidad no la pude desaprovechar– le digo con una sonrisa.
– ¿Cómo te fue?– su mirada se vuelve la de guardaespaldas apunto de matar.
– Todo fue bien, ahora estoy un poco cansada, así que me voy a descansar, buenas noches –me voy a mi habitación antes de que él diga algo.
De Romeo:
¿Despierta?
Julietta:
Ya me voy a dormir.
De Romeo:
Descansa Julietta.
Nunca he recibido mensajes de otra persona que pregunte si dormire o algo así, se siente raro pero me gusta. Solo no quiero acostumbrarme a recibirlo siempre, ni siquiera mis padres me preguntan como estoy.