El día se va apagando conforme vamos en camino hacia la delegación, voy en el asiento trasero de una patrulla, con las manos esposadas, con la cabeza pegada al frio cristal de la ventana y las luces rojas y azules iluminando mi rostro, Federico va alado mío, sonriendo de lado, intento mantener los ojos cerrados para no verlo, estoy convencida de que hice lo correcto, de que entregarme es lo correcto, mi hijo no puede pagar por algo que yo hice, con todo este problema, no me puse a pensar en mi Julio u Octavio como se llama ahora, Anabel no ha hablado con él, ni Octavio tampoco, han decidido esperarme, darme mi espacio para poder decirle a mi hijo el porque no vive conmigo y sus hermanos, aunque creo que es mejor que no lo sepa, que no se relacione conmigo, sería la segunda vez que una madr

