Mila no sabía dónde se estaba metiendo. Isadora tenía la fama de ser espontánea, pero también impulsiva y arriesgada con todas las cosas que decidía hacer. Comprendía que cada una de las decisiones que había tomado esa tarde la llevaban hasta donde estaba en ese momento, pero se había estado divirtiendo como siempre hacía en la compañía de aquella mujer. Eso era algo que muy pocas personas habían logrado hacer y que probablemente nunca podrían. Todavía no había salido de la sorpresa que significaba estar en aquella tienda, una que no solo la hacía estremecer con algo de excitación si no que la hizo emocionarse como no se había emocionado desde que había dejado el hotel. Su corazón se aceleró mientras miraba los vestidos de látex en cada esquina, la lencería provocadora, los látigos, antif

