La Universidad Federico II tiene un olor particular. Una mezcla de libros viejos, café barato de máquina y desesperación estudiantil antes de los parciales. Normalmente, me gusta. Me hace sentir normal. Me hace sentir que mi mayor problema es aprobar Derecho Romano y no... bueno, lo que sea que me está pasando. Pero hoy no. Llevaba tres horas en la biblioteca intentando leer el mismo párrafo sobre la Lex Aquilia, pero las letras se negaban a colaborar. Mi cabeza estaba en otro sitio. Concretamente, en un Audi n***o y en un mensaje de texto que había recibido la noche anterior. —Tía, tienes una cara de mierda —susurró Clara, dándome un codazo. Se sentó a mi lado con un café humeante en la mano—. ¿Has dormido algo? Clara es mi mejor amiga. Es ruidosa, caótica y su mayor preocupación actu

