Catalina permaneció en la mesa del desayuno un par de minutos más después de que Laura se marchara. Removía distraída su taza de té, observando cómo el líquido formaba pequeños remolinos. Sus dedos temblaban apenas. Su pecho seguía revuelto desde el encuentro con Evan en el pasillo, desde la forma en que la había mirado, como si intentara descifrarla… o protegerla de algo que ella aún no comprendía. Respiró hondo. —Tranquila… —murmuró con su voz suave, casi inaudible. Aún no se acostumbraba a escucharse hablar. A veces su voz le parecía demasiado pequeña para existir en un mundo tan ruidoso. Pero estaba aprendiendo a usarla, a apropiarse de ella. Laura la animaba, Lady Buck la estimulaba y Javier… bueno, él la escuchaba con una paciencia infinita. Pero Evan… Evan la desarmaba. Catalina

