Alexander Muy pocas veces en mi vida he sentido miedo. Y cada vez que lo hice, la protagonista era la misma mujer que me tiene rendido a sus pies desde hace más de veinte años. Pero esta vez no hay nostalgia ni romance. Esta vez, el miedo es real y absoluto, porque le pertenece a mi hija. Nunca sentí temor por mis hijas. Jamás. He hecho todo lo posible para que nada les suceda. Excepto ahora. Esta vez fallé. Astrid está peleando por su vida y yo no puedo hacer nada para cambiar eso. ¿Cómo pasó? Ella no es descuidada. Le enseñé a mirar cada calle, cada esquina, a anticiparse al peligro, a mirar dos veces sobre su hombro. Así que no me entra en la cabeza que la hayan atropellado por distraída. Hay algo más detrás de esto. Y no voy a parar hasta descubrir quién fue. Nadie toca a mí princ

